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El sol y la luna, la ambiciosa muestra estival de Saatchi mira al cielo

La Saatchi Gallery mira al cielo en una ambiciosa nueva exposición sobre el Sol y la Luna
La Saatchi Gallery mira al cielo en una ambiciosa exposición sobre el Sol y la Luna Derechos de autor  Courtesy Saatchi Gallery London / David Owens Photography
Derechos de autor Courtesy Saatchi Gallery London / David Owens Photography
Por Theo Farrant
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Desde un gigantesco Sol luminoso y montajes inmersivos imposibles de fotografiar hasta antiguas gafas árticas para la nieve y tejidos inspirados en las misiones Apolo, la exposición recorre siglos de imaginación humana.

Desde el momento en que los primeros seres humanos miraron hacia arriba e intentaron comprender el cielo, el sol y la luna han estado en el centro de todo, la fe, la medición del tiempo, la agricultura, la mitología y el arte.

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Este verano, la nueva gran exposición de la Saatchi Gallery, The Sun and The Moon, asume un reto ambicioso, reunir todo ese abanico de fascinación humana en nueve salas repartidas en dos plantas y mostrarlo a través de la mirada de más de 170 artistas.

Es la segunda entrega de la serie de la Saatchi que examina cómo el mundo natural nutre la práctica creativa, tras la enormemente popular muestra del año pasado FLOWERS - Flora in Contemporary Art and Culture.

"Es un recorrido de 24 horas a través de la mirada de artistas y creadores", explica la comisaria Katherine Benson a Euronews Culture durante la presentación a la prensa de la exposición. "Estas constantes celestes han formado parte de nuestras vidas a lo largo de toda la historia de la humanidad y queríamos explorar todas las formas en que han inspirado a los artistas".

Un día en nueve salas

La extensa exposición está ingeniosamente estructurada como un ciclo completo de 24 horas, que lleva al visitante desde el amanecer hasta el mediodía, el atardecer y la noche cerrada, con cada sala reflejando un momento distinto del día y las historias asociadas a él.

Se abre con obras de Patrick Caulfield, Barbara Hepworth y Sinta Tantra antes de adentrarse en Dawn, que recorre cómo las culturas antiguas entendían el sol y la luna como fuerzas cósmicas.

Entre las piezas destaca un busto celta de Sol Invictus del siglo I a. C., una réplica del Disco celeste de Nebra y un gran tejido de la India del siglo XVII que representa al sol, expuestos junto a obras contemporáneas como vestuario de la Royal Opera.

Otras salas exploran el papel del sol en la medición del tiempo y la agricultura, los rituales de la cultura veraniega y la carga emocional del ocaso.

Un visitante observa desde lo alto
Un visitante observa desde lo alto Courtesy Saatchi Gallery London / David Owens Photography

En el ecuador del recorrido se encuentra la sobrecogedora Helios, una gigantesca esfera iluminada de seis metros del artista británico Luke Jerram. Está construida a partir de 400.000 fotografías del sol facilitadas por el astrofotógrafo Stuart Green, junto con observaciones de la NASA.

Se invita a los visitantes a recostarse en tumbonas bajo la instalación y mirar hacia arriba mientras la obra se ilumina lentamente sobre sus cabezas, acompañada por una banda sonora ambiental compuesta expresamente por Duncan Speakman y Sarah Anderson que reverbera por todo el espacio. Es un lugar perfecto para contemplar el universo o, si ya ha sido suficiente arte por hoy, un sitio inmejorable para echarse una siesta.

"Espero que la obra despierte asombro y admiración", afirma Jerram, "y que anime a los visitantes a reflexionar sobre la importancia del sol en nuestras vidas, por la luz, el calor, la energía que proporciona a nuestro planeta y sobre cómo nuestra estrella más cercana ha inspirado la cultura y la religión a lo largo de la historia".

Las mujeres detrás de la llegada a la Luna

La segunda mitad de la exposición se centra en la Luna, empezando por sus fases y su observación a lo largo de la historia, hasta llegar a Walking on the Moon, una sala dedicada al legado cultural de las misiones Apollo y a las historias menos conocidas que las rodean.

Su pieza central es Moon Landing, una extraordinaria colaboración entre la artista textil Margot Selby y la compositora Helen Caddick. La obra rinde homenaje a las mujeres navajo que tejieron los circuitos integrados y a las trabajadoras de la planta de Raytheon que cablearon los núcleos de memoria del Apollo 11, contribuciones que durante décadas apenas se reconocieron.

Courtesy Saatchi Gallery London / David Owens Photography

La partitura de Caddick se construye a partir de la propia lógica del tejido. "Margot me contó que utiliza código binario en sus tejidos, algo que me resultó fascinante", explica. "Así que la escribí para dos arpas, dos violonchelos y dos violines; funcionan como un código binario. Muy a menudo, cuando el primer arpa descansa, la segunda está tocando". La pieza se articula en seis secciones, desde el silencioso acomodo de la tejedora ante el telar hasta la cacofonía del aterrizaje de la nave espacial.

El propio textil, tejido por Selby y seis miembros de su estudio durante cuatro meses, contiene más de 30.000 hilos individuales y responde directamente a la música, sección por sección.

"La elección de los colores es instintiva", cuenta Selby a Euronews Culture, "pero los ritmos y los patrones responden directamente a la música".

Un enlace para escuchar o descargar la preciosa composición de Caddick está disponible aquí (fuente en inglés).

Nuevas voces

En otra parte, el artista británico zambiano de técnicas mixtas Kay Gasei, ganador del Soho House Art Prize en 2021, ofrece una reflexión más íntima sobre la Luna con su obra Moonlight Series Number Four: Boy by the Pool.

Mitad retrato familiar y mitad relato mitológico, el cuadro, uno de una serie de cuatro, se nutre de recuerdos de aventuras infantiles después del anochecer.

"Tiene que ver con la picardía, con jugar de noche", explica Gasei. "De niño me escapé más de una vez. Estuve desaparecido durante unas horas, pero yo sabía perfectamente dónde estaba".

El artista Kay Gasei junto a
El artista Kay Gasei junto a Credit: Euronews Culture

La muestra también amplía la conversación más allá de los relatos occidentales conocidos. La diseñadora y artista sakha Aina Petrova presenta su proyecto URSUUNA, interpretaciones contemporáneas de las tradicionales gafas de nieve árticas, una de las formas de protección ocular más antiguas que existen.

Concebidas para evitar la ceguera por nieve durante los largos inviernos del Ártico, estas piezas se convierten en símbolos tanto de supervivencia como de identidad cultural.

Antes se tallaban en madera y hueso; Petrova las reimagina ahora en plata y latón. Sus obras se exponen junto a una pareja original de estas gafas, con unos mil años de antigüedad.

"Quería conectar con mis raíces y con mis antepasados", explica Petrova. "Es lo que soy".

Y si coincide con ella en la exposición, solo tiene que pedirlo, estará encantada de dejarle probarse un par (y sí, se ve sorprendentemente bien a través de ellas).

"Me encantaría que la gente saliera con ganas de saber más sobre la República de Sajá y su cultura. Más visibilidad para los pueblos indígenas de todo el mundo, eso me parece importante", añade.

Instalaciones imposibles de fotografiar

Las últimas salas, Midnight y The Darkest Hours, se adentran de lleno en los territorios del folclore, los sueños y la percepción.

En ellas, obras de artistas consagrados como Paula Rego y Joan Miró desembocan en dos impactantes instalaciones inmersivas del colectivo artístico internacional teamLab. Ambas forman parte de su serie 'Cognitive Sculpture'.

"Es bastante difícil explicarlo con palabras. La mejor manera es estar dentro del espacio", señala Takashi Kudo, director global de marca de teamLab.

"Cuando uno entra en esta instalación hay muchas formas luminosas, casi anónimas, como esferas. Pero no 'existen' en el sentido tradicional. Están hechas de luz y entorno. Incluso si intenta tocarlas, no puede; no hay un objeto físico, pero podemos percibirlas como si existieran", explica.

Instalación
Instalación Courtesy Saatchi Gallery London / David Owens Photography

En su instalación Massless Suns and Dark Suns, unas esferas brillantes parecen flotar en el espacio expositivo. Pero no pueden fotografiarse y no se perciben de forma inmediata y estable, solo se revelan después de pasar un tiempo observándolas.

Como explica Takashi, "existen, aunque no se puedan fotografiar. Solo se puede hablar de ellas con otras personas que han estado allí". Es lo que teamLab denomina 'cognitive sculpture', un arte que no se forma a partir de la materia, sino de la interacción entre la luz y el espacio.

Es un final muy apropiado para una brillante exposición sobre el cielo, algo que hay que vivir en persona para creerlo.

"Espero que el público salga con una sensación de conexión", afirma Benson, del equipo curatorial.

"Todos intentamos encontrar nuestro lugar en el mundo y en el universo. Ojalá ver cómo la gente se ha inspirado a lo largo de la historia en el Sol y la Luna haga que el público se sienta un poco más conectado, con el mundo y con quienes le rodean".

The Sun and The Moon: Art Inspired by the Celestial puede verse en la Saatchi Gallery de Londres hasta el 8 de septiembre de 2026.

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