Según las actas de los interrogatorios, los presuntos ladrones fueron reclutados solo dos o tres días antes del golpe y cobraron entre 15.000€ y 25.000€ por un botín de 88 millones de euros.
Dos hombres acusados de perpetrar uno de los robos de arte más audaces de la historia reciente han declarado a los investigadores que solo conocieron el plan unos días antes de ejecutarlo y que uno de ellos no sabía que estaba a punto de asaltar el museo más visitado del mundo.
Según 'Le Monde', que tuvo acceso a las actas de los interrogatorios realizados en junio, los sospechosos Abdoulaye N. y Ghelamallah A. ofrecieron hasta ahora su relato más detallado de la operación que vació la Galerie d'Apollon del Louvre, donde el 19 de octubre de 2025 fueron sustraídas ocho piezas de joyería de la Corona francesa.
El diario señala que la pareja, Abdoulaye N. y Ghelamallah A., explicó a los jueces instructores que habían sido reclutados por un organizador no identificado apenas unos días antes del golpe y que se les prometieron entre 15.000€ y 25.000€ por su participación.
El cliente les mostró previamente imágenes de vídeo de la galería y les ordenó romper las vitrinas y llevarse tantas joyas como pudieran. La misión, como la describió Abdoulaye N., era clara: "Romper los cristales y recuperar las joyas del interior de las vitrinas".
"Sabía que iba a robar en el Louvre", admitió Abdoulaye N. Ghelamallah A., por su parte, afirmó que pensaba que iban a atacar "una joyería donde fabrican joyas en París" y no el museo más visitado del mundo.
Los ladrones accedieron a la galería del Louvre hacia las 9:30 hora local utilizando una plataforma elevadora que simulaba trabajos de mantenimiento y después abrieron las vitrinas con herramientas eléctricas.
"Cuando entramos, no había nadie, estaba oscuro, solo las luces de las vitrinas estaban encendidas", recordó Abdoulaye N. "A lo lejos podía ver al personal de seguridad moverse, detrás de una puerta o algo".
En ocho minutos huyeron en motocicletas con un botín valorado en unos 88 millones de euros, entre tiaras, collares, pendientes y broches que habían lucido reinas y emperatrices francesas. Durante la fuga, la corona de la emperatriz Eugenia cayó al suelo y fue recuperada más tarde cerca del museo.
El resto de las joyas, según relatan, fue entregado poco después al supuesto organizador, que según los informes se mostró poco satisfecho con el botín. "Pensaba que podíamos haber cogido más", declaró Abdoulaye N.
Ninguno de los dos ha revelado a los investigadores quién es ese organizador, ambos alegan miedo a represalias. "No son unos angelitos", dijo Ghelamallah A. a los investigadores. "A mí no me amenazaron, pero recibí llamadas desde fuera [mientras estaba detenido]. Me dijeron que me callara".