Aunque el sur del Líbano sigue marcado por una guerra que dejó heridas profundas, la muestra 'Háblame, sur' opta por escuchar a la gente a través de sus relatos y recuerdos.
Desde su apertura el 10 de mayo en el museo Beit Beirut, en el barrio de Sodeco de la capital libanesa, la exposición 'Háblame, sur' ha despertado el interés del público con fotografías familiares, testimonios y relatos personales que muestran el sur de Líbano a través de sus habitantes, más allá de la imagen de destrucción asociada a la guerra. Su objetivo es preservar la memoria de una región que teme quedar atrapada en el olvido.
A pesar de su buena acogida, la exposición no fue fruto de meses de preparación, sino de una iniciativa surgida con urgencia en un momento excepcional. La decisión de ponerla en marcha se tomó solo tres semanas antes de su apertura, mientras la última guerra seguía golpeando el sur de Líbano. El equipo tuvo entonces que enfrentarse a una pregunta clave: si era el momento adecuado para mostrar la memoria de una región cuyas heridas seguían abiertas.
Apenas seis semanas después de su apertura, la exposición ha dejado una profunda huella entre sus visitantes. La afluencia ha superado las expectativas de sus responsables y ha evidenciado el interés por acercarse al sur de Líbano y a sus historias desde una perspectiva diferente. Antes de cerrar esta primera etapa por las vacaciones de verano, a comienzos de agosto, y reencontrarse con el público en septiembre, es momento de analizar el impacto de esta experiencia inicial: ¿ha cumplido la muestra los objetivos de quienes la impulsaron?
La exposición ha recibido más de 7.200 visitantes
La directora ejecutiva de la iniciativa 'Háblame, sur', Delphine Abi Rached, explica a 'Euronews' que el proyecto fue la única respuesta que quienes trabajan en el ámbito cultural sintieron que podían ofrecer ante lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, la preocupación estuvo presente desde el inicio, especialmente por la posible reacción de los habitantes del sur y el temor a que su experiencia y sus pérdidas quedaran reducidas al espacio de una sala.
Según Abi Rached, ocurrió lo contrario: la exposición ha recibido ya a más de 7.200 visitantes sin registrar ninguna reacción negativa, mientras el público ha dejado más de 130 cartas, 90 dibujos y cientos de historias que se han incorporado a la propia muestra.
Al preguntar si no es un poco prematuro organizar una exposición sobre el sur de Líbano, Abi Rached admite que el equipo también tuvo dudas al principio, pero sostiene que "las palabras a menudo se quedan cortas para describir lo que está pasando, y más aún para comprenderlo". Añade: "Nos encontramos suspendidos entre el pasado, el futuro y el presente; el futuro parece como si ya estuviera escrito, mientras la historia sigue incompleta y continúa desplegándose ante nosotros".
"¿Qué se puede hacer en momentos como estos?", plantea Abi Rached. "Quizá podamos abrir un espacio, crear un lugar para estar juntos en esta coyuntura. No hay un momento perfecto. ¿Cómo podríamos no hablar del sur? También existe una necesidad y un deseo, por parte de sus habitantes, de compartir sus experiencias en circunstancias tan excepcionales".
Para quienes lo han vivido y quienes no lo conocen
Desde el inicio, los responsables de la exposición quisieron que la iniciativa no se dirigiera solo a los habitantes del sur, sino también al resto de libaneses, cuya imagen de la región suele estar limitada por la cobertura informativa. Abi Rached señala que la guerra se ha vivido de formas muy distintas en el país y que, aunque el sur ha estado presente en el debate público, pocas veces se ha escuchado realmente a sus habitantes.
Añade que las fotografías de los álbumes familiares llegados desde las aldeas del sur podrían pertenecer a cualquier familia libanesa. La idea, subraya, no es marcar una separación entre nosotros y ellos, sino encontrar los vínculos comunes que unen a una sociedad diversa. Hablar del sur, concluye, es hablar de todo Líbano, no solo de una región.
Abi Rached considera que los archivos, los recuerdos y la documentación artística permiten reconocer las historias individuales y preservar las raíces, la identidad y la memoria colectiva. Explica que el proyecto reúne la belleza del sur de Líbano, el vínculo de sus habitantes con la tierra, las historias transmitidas entre generaciones y las tradiciones que sostienen la vida cotidiana, pero también los traumas y las pérdidas acumuladas durante décadas.
Defiende que la preservación de la memoria debe extenderse a todo el territorio libanés, ya que comprender la historia y el presente del país pasa necesariamente por ese proceso, como ya demostraron los archivos anteriores a la guerra.
Más de 130 cartas
La visita a la exposición no termina al recorrer la sala: se han habilitado espacios para escribir cartas y compartir recuerdos, convirtiendo al público en parte activa de la construcción del relato.
La comisaria de la muestra, Nur Nasr, explica que más de 130 cartas forman ya parte de la exposición, muchas dirigidas a pueblos del sur de Líbano, hogares desaparecidos o seres queridos fallecidos. Para ella, estas aportaciones reflejan la esencia de 'Háblame, sur': no ser una muestra cerrada, sino un proyecto vivo que crece con las memorias de quienes la visitan.
Nasr añade en una entrevista con 'Euronews' que leer estas cartas ha sido uno de los momentos más conmovedores para el equipo, en ellas se repiten de forma llamativa los sentimientos de pérdida y nostalgia, algunos visitantes escriben que el primer lugar al que desean volver es a las tumbas de sus seres queridos, mientras otros recuperan recuerdos de los abuelos, de las noches de verano y de la sencilla vida cotidiana que conocieron en el sur.
Según Nasr, estas cartas revelan que la relación de las personas con el sur no se limita al lugar físico, sino que se extiende a la familia, la memoria, el sentimiento de pertenencia y la identidad. Por eso, los organizadores han cuidado especialmente la creación de espacios que inviten a recordar y a compartir, ya sea mediante cuadernos de preguntas abiertas o a través del propio diseño de la exposición.
Nasr afirma que lo que más ha impactado al equipo ha sido la generosidad con la que el público ha compartido sus historias y recuerdos. Confía en que cada visitante salga de la exposición con la conciencia de que el sur de Líbano es mucho más amplio y complejo que la imagen simplificada que ofrecen las noticias, y que se lleve consigo una historia, un recuerdo o incluso una pregunta nueva. Lo más importante, añade, es que sienta que la historia de cada persona merece ser escuchada, porque compartir la memoria la convierte en una responsabilidad colectiva que acerca a unos y otros.
"Me invadió una profunda necesidad de llorar"
Jana, una visitante de 22 años, cuenta que siempre había oído hablar de la liberación del sur, en 2000, y del centro de detención de Khiam, pero que, al ver las grabaciones y escuchar los testimonios de quienes vivieron aquellos momentos, sintió como si los hubiera experimentado ella misma dentro de la exposición. Confiesa que la invadió una profunda necesidad de llorar.
Considera que lo que distingue la exposición es que no se limita a mostrar el dolor, sino que lo coloca junto al deseo y la esperanza, por un lado escuchó historias de personas que perdieron sus casas o vivieron el desplazamiento, y por otro contempló imágenes de los pueblos y de la vida diaria anterior a la destrucción, lo que la hizo sentir que el sur no es solo un escenario de guerra, sino un lugar lleno de vida y recuerdos.
Añade que, durante todo el periodo de guerra, nunca tuvo la sensación de comprender de verdad lo que vivían los habitantes del sur, porque las redes sociales difundían relatos contradictorios y mostraban las divisiones políticas, mientras que la exposición le ofreció la posibilidad de escuchar directamente a las personas, a través de sus voces y sus imágenes, sin intentar convencerla de una postura concreta. Señala que la combinación de sonido e imagen hizo la experiencia mucho más intensa y que, desde entonces, le impresiona especialmente la determinación de la gente del sur por aferrarse a su tierra y el vínculo profundo que mantiene con ella.
Nawal, de 47 años, que también recorrió la exposición, revivió durante su visita un recuerdo de hace 26 años, cuando regresó con su familia a su pueblo tras la liberación. Cuenta que aquellos momentos fueron de los más felices de su vida y que la muestra la devolvió a ellos con todas las emociones, la alegría y la nostalgia que los acompañaban.
La exposición crece y será diferente en septiembre
En las últimas semanas, muchas personas han llevado fotografías y álbumes familiares para incorporarlos a la exposición, explica Abi Rached. Entre ellos hay cerca de cien imágenes aportadas por una mujer del distrito de Bint Jbeil, además de decenas de fotos procedentes de Nabatieh Fawqa y del Castillo Beaufort ocupado, que se mostrarán cuando la exposición reabra en septiembre.
Abi Rached considera que la importancia de este proyecto no radica en reunir archivos por sí mismos, sino en reconocer lo que han vivido las personas y proteger sus historias del olvido. Para ella, el archivo no es solo una forma de volver al pasado o de conmemorar, sino una afirmación de la existencia, una manera de preservar las raíces y la identidad y de negarse a que estas experiencias desaparezcan de la memoria colectiva.
Queda una última pregunta antes de que la exposición cierre sus puertas durante las vacaciones de verano, ¿volverá en septiembre con la misma forma? Abi Rached responde: "Desde su apertura, la exposición cambia de manera constante con cada dibujo, fotografía y recuerdo nuevo que dejan los visitantes. Su esencia, sin embargo, seguirá siendo la misma, porque seis semanas no han bastado para una muestra de este tipo".