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Recurso al océano en busca de soluciones para tratar enfermedades del ser humano

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Recurso al océano en busca de soluciones para tratar enfermedades del ser humano
Derechos de autor  Photo: Denis Loctier/Euronews
Por Denis Loctier
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El océano es la cuna de la vida en nuestro planeta. Los seres humanos conocen los beneficios del mar, para la salud, desde hace siglos. Hoy en día, los científicos profundizan, buscando en el océano curas para las enfermedades más complicadas.

En el Algarve, famoso por su impresionante costa, una empresa biotecnológica portuguesa, Sea4Us, trata de desarrollar un analgésico no opiáceo; un remedio seguro y eficaz para el dolor crónico.

"La necesidad es urgente. Uno de cada cinco de nosotros ha sufrido algún tipo de dolor crónico. Mi sueño, ahora, es encontrar algo que pueda ayudar, partiendo del mar", declara el neurofisiólogo y biólogo marino, cofundador de Sea4Us, Pedro Lima.

Cofundada en 2013 por Lima, Sea4Us trabaja en proyectos apoyados por la UE, recogiendo y estudiando organismos marinos, como esponjas y otros invertebrados. Los científicos pasan su tiempo entre los laboratorios y las profundidades del mar, realizando inmersiones periódicas para obtener nuevas muestras.

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¿Qué le hace pensar que los invertebrados marinos pueden contener las moléculas que usted busca?, pregunta el periodista de Euronews y autor del reportaje, Denis Loctier.

"Muchos invertebrados marinos están atrapados en las rocas, no pueden moverse. Así que, desarrollaron un veneno que tiene compuestos que bloquean la señal neuroactiva relacionada con el dolor", responde Pedro Lima.

Los organismos marinos simples pueden utilizarse para una gran variedad de aplicaciones, además de la atención sanitaria y los productos farmacéuticos. La biotecnología 'azul' es un sector en rápido crecimiento. En Europa, se calcula que este mercado crecerá hasta alcanzar unos 10 000 millones de euros a finales de esta década. Es todo un mundo de potencial inexplorado, que aún está por descubrir.

A unos 20 metros de profundidad, encontramos una gran variedad de fauna marina que cubre los acantilados rocosos. Los científicos buscan patrones que indiquen venenos defensivos que las esponjas producen para protegerse de sus 'vecinos'.

"¿Quién come qué? ¿Qué evita quién? ¿Cuál es el 'vecino' más próximo? Todo eso es la relación entre especies que nos da pistas sobre qué elegir", añade Lima.

Junto a Pedro Lima, Denis Loctier bucea dentro de una cueva oscura.

"Hay menos luz, por lo que la competencia se hace más específica. Las esponjas no necesitan competir con especies de crecimiento rápido como las algas. Luchan entre ellas. Y a nosotros nos interesa esa lucha", explica el neurofisiólogo y biólogo marino.

"Es curioso porque, en realidad, soy claustrofóbico. Así que, si estoy atrapado en un ascensor, tengo problemas. Pero, bajo el agua, no hay problema. Tengo problemas cuando estoy demasiado tiempo fuera del agua. ¡Ese es el problema!", concluye el cofundador de Sea4Us.

Bajo el agua, Michał Babiarz, científico del Departamento de I+D en Sea4Us, encuentra un trozo de cuerda tirado en el fondo del mar y lo recoge. Una captura inesperada. Una fuente de contaminación por plástico y una posible evidencia de pesca ilegal en esta zona protegida.

"Es bastante frecuente, en realidad, alrededor de los lugares donde vamos a bucear. Encontramos trampas para pulpos, redes de pesca, bolsas de plástico, latas de metal... Mientras nos preocupemos por el océano y tratemos de evitar el vertido de plásticos u otras basuras, podremos recibir algo del océano, de la naturaleza para utilizarlo para nuestra salud", relata Michał Babiarz.

Los científicos recogen solamente la mínima cantidad necesaria de muestras, cuidando la preservación de las poblaciones.

"El impacto es casi nulo. Tomamos muestras muy pequeñas. La idea aquí es inspirarse en la naturaleza. Y, luego, podemos recrearla, elevarla a escala industrial. Por lo que, no necesitamos volver al mar para contar con la biomasa. La biomasa es solamente inspiración", asegura Pedro Lima.

En Lisboa, las muestras recogidas son estudiadas por el laboratorio de fisiología de Sea4Us, en la Universidad NOVA.

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El proceso puede llevar varios meses, e incluso varios años, de trabajo. Las esponjas y sus organismos simbióticos producen cientos de compuestos individuales. Los científicos los prueban en busca de su bioactividad contra el dolor, acotando gradualmente su búsqueda.

"Representa todo el sistema: tiene bacterias, tiene un microbioma propio. Así que, solamente, procedemos a la extracción. Probamos y, si está bien, seguimos separando todo lo que podemos, hasta que terminamos con un compuesto que es el responsable de la actividad", declara Silvia Lino, biotecnóloga marina de Sea4Us.

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La empresa biotecnológica portuguesa asegura que ha encontrado dos moléculas que reducen la actividad del dolor en las neuronas de los ganglios espinales. Planean proporcionárselas a la industria farmacéutica para la siguiente fase de desarrollo de un medicamento.

"Nuestros resultados han demostrado que nuestros compuestos reducen el nivel de dolor. También mitigan el riesgo de desarrollar adicción. Creemos que combinando estos dos resultados, nuestro compuesto pasará por todos los estudios clínicos hasta llegar al mercado", afirma André Bastos, electrofisiólogo y cofundador de Sea4Us.

El océano podría contener curas para algunas de las peores amenazas para la salud pública, desde brotes virales hasta la resistencia a los antibióticos y cánceres. La investigación marina y la salud de los océanos son algunas de las prioridades de Horizonte Europa, el programa de la UE que financia proyectos científicos en todos los Estados miembros.

En Oporto, los investigadores del Centro Interdisciplinario de Investigación Marina y Medioambiental (CIIMAR) estudian diversas formas de vida marina, grandes y pequeñas.

"Recogemos cianobacterias: son organismos muy antiguos y pueden crecer, básicamente, en todas partes. Producen esas moléculas, esas sustancias químicas que podrían tener aplicaciones realmente interesantes en el futuro", señala Teresa Martins, bioquímica del CIIMAR.

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Las cianobacterias son conocidas por su potente toxicidad pero, para los científicos, esta puede ser la otra cara de la moneda de las propiedades medicinales.

"En principio, cualquier enfermedad podría curarse siempre que encontremos una molécula que pueda tratarla. Y, por eso, nos fijamos en las cianobacterias, porque producen una variedad tan amplia de compuestos que es posible que podamos encontrar una molécula interesante para desarrollar un medicamento", declara Pedro Leão, investigador de productos naturales de cianobacterias en el CIIMAR.

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Los científicos del Centro Interdisciplinario de Investigación Marina y Medioambiental realizan muestreos en varios países, aislando y cultivando nuevas especies de cianobacterias. Su biblioteca de más de 1 000 cepas está abierta a los investigadores de Europa y de todo el mundo. Los estudios demuestran que algunos de los compuestos tóxicos pueden dirigirse, con precisión, a las células cancerosas, lo que puede abrir el camino a nuevas terapias. Los experimentos con larvas de peces muestran resultados alentadores que podrían ayudar en la lucha contra la diabetes y la obesidad.

"Todavía queda un largo camino para resolver los problemas del cáncer y la obesidad pero estamos en la primera línea de investigación para tratar de dar con una solución que se pueda desarrollar para hacer frente a estas enfermedades", afirma Ralph Urbatzka, investigador en biotecnología marina del CIIMAR.

Las biotecnologías marinas pueden suponer un cambio radical en la vida de los seres humanos pero, solamente, si encontramos la forma de utilizar este potencial curativo sin dañar la salud del propio mar.

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"Tenemos que aprender de la naturaleza. No tenemos que inventar nuevas moléculas. Solamente tenemos que buscar las que ya existen y que son producidas por estos organismos y luego, eventualmente, transformarlas ligeramente para que se adapten a nuestras necesidades. Por eso creo que, en un futuro próximo, tendremos muchas más moléculas procedentes del océano que resolverán muchas de nuestras enfermedades actuales. La vida comenzó en el océano. Y creo que, nuestra vida, también puede ser salvada por el océano", concluye Vítor Manuel Oliveira Vasconcelos, director del CIIMAR.