Científicos han dado la voz de alarma por los llamados químicos eternos, sustancias tóxicas persistentes, tras analizar 127 ballenas y delfines.
Los mamíferos marinos no son "inmunes a la carga" de los llamados químicos eternos tóxicos, aunque habiten bajo la superficie del océano.
Una nueva investigación publicada en 'Science of the Total Environment' ha encendido las alarmas sobre la salud a largo plazo de las especies marinas, tras encontrar delfines y ballenas de aguas profundas con niveles "sin precedentes" de contaminación por sustancias perfluoroalquiladas (PFAS).
Son compuestos de fabricación humana presentes en tejidos antimanchas, utensilios antiadherentes y envases alimentarios, se les conoce como 'químicos eternos' porque tardan miles de años en degradarse de forma natural.
No hay dónde esconderse de los PFAS
Aunque muchos suponen que vivir en aguas profundas protege de PFAS, los científicos comprobaron que el hábitat es en realidad un mal indicador de los niveles de concentración.
Ocurre tras analizar tejidos de 127 animales de 16 especies de ballenas con dientes y delfines en aguas de Nueva Zelanda. Entre ellos había delfines mulares y cachalotes de inmersión profunda.
Para ocho de las 16 especies, entre ellas el delfín de Héctor endémico de Nueva Zelanda y tres especies de ballenas picudas, fue la primera evaluación de PFAS a escala mundial.
La doctora Katharina Peters, ecóloga marina y responsable de investigación en el Marine Vertebrate Ecology Lab de la Universidad de Wollongong (UOW), explica que estos animales fueron seleccionados porque las ballenas y los delfines se consideran a menudo "especies indicadoras" que reflejan su ecosistema.
"Esperábamos que las especies que se alimentan principalmente en aguas profundas, como los cachalotes, tuvieran menor contaminación por PFAS que las costeras, como los delfines de Héctor, que están más cerca de las fuentes de polución", añade Peters.
"Nuestros análisis demuestran que no es así. Realmente no parece haber ningún lugar donde esconderse de los PFAS".
Una amenaza para la diversidad marina
Se desconoce hasta qué punto la contaminación por PFAS puede dañar la fauna, pero los investigadores advierten de que puede alterar sus sistemas inmunitarios y reproductivos.
En 2022, los investigadores detectaron trastornos autoinmunes similares al lupus en aligátores que habitan aguas contaminadas en Carolina del Norte.
En humanos, los PFAS contaminan ya el organismo de casi todos los europeos, incluidos niños y mujeres embarazadas, y se han relacionado con numerosos problemas como cáncer, infertilidad, enfermedades tiroideas y supresión del sistema inmunitario.
"Incluso las especies oceánicas y de inmersión profunda están expuestas a niveles similares de PFAS, lo que pone de relieve cómo una contaminación tan extendida, agravada por factores de estrés derivados del clima, supone una amenaza creciente para la biodiversidad marina", añade el coautor del estudio, el doctor Frédérik Saltré, investigador de la Universidad Tecnológica de Sídney (UTS) y del Museo Australiano.
El estudio concluye que hacen falta más investigaciones para comprender las consecuencias para individuos y poblaciones expuestos a los PFAS.