La crisis del vino en Francia se agrava por el repunte del oídio y el mildiú, pero un fungicida de origen vegetal emerge como una posible solución.
Los productores de vino ven abrirse una pequeña esperanza tras perder uno de los principales salvavidas del sector. El año pasado, Francia revocó la autorización de 19 fungicidas a base de cobre, de los que los agricultores dependían en gran medida para proteger la cosecha del mildiú y los mohos.
Los productos ya no pueden comprarse ni venderse desde el 15 de enero y, a partir de esa fecha, los agricultores solo tendrán un año para agotar las existencias.
La agencia francesa de seguridad alimentaria, Anses, afirma que su decisión se basó en los posibles riesgos para la salud de los trabajadores de los viñedos, pese a los argumentos del sector de que nunca se emplearon niveles tóxicos. La UE ha prorrogado la autorización del uso del cobre hasta mediados de 2029.
La decisión de Anses supone una seria amenaza para los niveles de producción de vino en Francia, pone en riesgo un sector que ya ha tenido que recurrir a arrancar sus viñas de forma permanente.
En 2024, el país registró una de las cosechas más pequeñas del siglo, con un descenso del rendimiento total del 18% respecto a 2023. El Departamento de Estadística y Previsiones del Ministerio de Agricultura y Alimentación confirmó que el mildiú velloso afectaba a la mayoría de las zonas vitícolas y había provocado pérdidas económicas importantes.
¿Es el cambio climático el responsable?
El calentamiento agravado por el clima ha generado un problema de agua para los productores de vino en Francia, que soportaron temperaturas máximas de 43ºC durante varias olas de calor el verano pasado. Esto llevó a muchas regiones a la sequía y las obligó a depender del riego.
A medida que se agotan los acuíferos, este proceso se vuelve aún más costoso, especialmente para los grandes productores.
El aumento de las temperaturas, combinado con cambios en los patrones de lluvia y mayor humedad, también está creando las condiciones perfectas para la propagación de enfermedades. En concreto, el mildiú velloso necesita lluvia para crecer, propagarse e infectar las plantas.
Sin embargo, aunque prefiere la humedad, el oídio no necesita agua y puede prosperar en condiciones más secas.
Esto significa que la ventana de presión de enfermedades en muchas zonas vitícolas de Europa se ha ampliado. Los expertos señalan que los episodios de infección son más frecuentes y menos previsibles, lo que exige una vigilancia más intensiva y a menudo un mayor uso de pesticidas.
Por eso, Sean Smith, consejero delegado de Eden Research, una empresa tecnológica con sede en el Reino Unido, ha ideado una alternativa "viable y sostenible" a los pesticidas con cobre. Y acaba de recibir la aprobación en el mercado francés.
Cómo Mevalone puede ser la solución a la crisis
La propuesta de Eden es un biofungicida único basado en principios activos de origen vegetal llamado Mevalone.
"Estos principios activos los producen de forma natural las plantas como parte de su 'sistema inmunitario', y Eden utiliza versiones puras de estas moléculas para formular productos dirigidos a muchas de las mismas enfermedades que se trataban con fungicidas de cobre", explica Smith a 'Euronews Green'.
"Las moléculas de origen vegetal tienden a tener una menor huella de carbono porque, como la madera, su producción implica el consumo de CO2 por parte de las plantas que las generan mientras crecen".
Los fungicidas a base de cobre presentan una de las huellas de carbono de la cuna a la granja por hectárea más elevadas del sector, en comparación con la mayoría de los fungicidas sintéticos modernos. Esto se debe principalmente a que requieren dosis mucho mayores y un mayor número de aplicaciones.
La clave de una agricultura sostenible
Smith asegura que Mevalone también ayudará a impulsar la agricultura regenerativa y las prácticas agrícolas sostenibles bajo la presión del cambio climático.
"La agricultura regenerativa se basa en insumos de cultivo mínimamente perjudiciales, como fertilizantes y pesticidas", explica. "Se ha demostrado que los productos de Eden se degradan con rapidez en el medio ambiente. En consecuencia, su persistencia en el entorno es muy limitada".
Los pesticidas muy persistentes, a veces clasificados como sustancias eternas (PFAS), han demostrado perjudicar la salud del suelo y ejercer presión sobre el ecosistema.
Tras obtener la aprobación regulatoria en Francia, Mevalone está llamado a ser una de las pocas opciones viables para que los viticultores protejan sus cosechas. Podría ser clave en la lucha contra el mildiú, que solo empeorará con el cambio climático.