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El mar Báltico no logra recuperarse y no solo por el cambio climático

El mar Báltico aparece congelado junto a la playa de Sierksdorf, en el norte de Alemania, el domingo ocho de febrero de 2026.
El mar Báltico está helado a lo largo de la playa de Sierksdorf, en el norte de Alemania, el domingo ocho de febrero de 2026. Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
Derechos de autor Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
Por Liam Gilliver
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El mar Báltico no muestra ninguna mejora en la calidad de sus aguas, pese a décadas de esfuerzos de conservación.

Desde hace décadas, el mar Báltico está sometido a una enorme presión, ya que la actividad humana lo ha transformado en una de las mayores "zonas muertas" del mundo.

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Debido a una triple combinación letal de cambio climático, algas que consumen oxígeno y ciclos internos de materia, el mar Báltico lucha por respirar y décadas de medidas de protección no parecen estar ayudando.

Un nuevo informe del Instituto Leibniz de Investigación Marina del mar Báltico en Warnemünde (IOW) reclama ahora una gestión del agua más estricta y advierte de que el mar Báltico no puede recuperarse siguiendo un "simple principio de causa y efecto".

¿Por qué se está asfixiando el mar Báltico?

Desde hace más de medio siglo, el mar Báltico sufre un proceso de eutrofización.

Este fenómeno se produce cuando el entorno se enriquece en exceso con nutrientes como nitrógeno y fósforo, lo que provoca proliferaciones de algas, agotamiento del oxígeno y la asfixia de la vida acuática. Cuando ese exceso de algas se descompone y genera grandes cantidades de dióxido de carbono, el pH del agua de mar desciende y aumenta el riesgo de acidificación.

Estos nutrientes proceden en gran medida de actividades humanas como los fertilizantes y el estiércol de la agricultura, las aguas residuales no tratadas o mal tratadas y los desechos industriales, en particular de la industria alimentaria y la fabricación química.

El nitrógeno de los combustibles fósiles también puede acabar en nuestras aguas mediante un proceso denominado deposición atmosférica.

La eutrofización suele dar lugar a las llamadas "zonas muertas", áreas en las que hay tan poco oxígeno que bajo la superficie apenas existe vida o no existe en absoluto.

Gracias a la legislación de la UE y de los Estados, iniciativas de protección como el Plan de Acción para el mar Báltico de la Comisión de Helsinki para la Protección del mar Báltico (HELCOM) han permitido reducir de forma notable la contaminación por nutrientes de origen humano.

Según el IOW, desde la década de 1980 las cargas de fósforo en los ríos han caído en torno a un 50 %, mientras que las de nitrógeno también se han reducido aproximadamente un 30 %.

En 1995, las cargas totales de fósforo que llegaban al Báltico central superaban las 20.000 toneladas anuales, pero en 2017 habían bajado a unas 12.400 toneladas.

Pese a décadas de avances, los científicos advierten de que, hasta la fecha, no se ha producido ninguna "mejora significativa" en la calidad del agua de la superficie del mar Báltico.

¿Por qué no han servido los esfuerzos de conservación en el mar Báltico?

El mar Báltico es un entorno salobre y muy estratificado. En términos sencillos, es más salado que el agua dulce, pero menos que las aguas marinas típicas. Además está formado por capas, con agua superficial menos salada sobre otra más densa y salada.

En conjunto, esto dificulta que el oxígeno de la atmósfera llegue a las capas profundas.

"La descomposición de la materia orgánica provoca con frecuencia un agotamiento del oxígeno en profundidad, que solo se puede reoxigenar temporalmente mediante raras entradas de agua salada procedentes del mar del Norte", señala el informe (fuente en inglés).

Ese fenómeno poco frecuente podría estar a punto de producirse, a comienzos de febrero, 275.000 millones de toneladas de agua fueron expulsadas del mar Báltico, lo que hizo descender su nivel 67 cm. El fenómeno estuvo impulsado por fuertes vientos, un área de altas presiones y la ausencia de frentes atmosféricos significativos.

"Los fuertes vientos del este, que soplan de forma persistente desde principios de enero, han empujado masas de agua a través de los estrechos daneses hacia el mar del Norte, lo que ha provocado una caída de los niveles en toda la cuenca", se lee en una publicación del Instituto de Oceanología de la Academia Polaca de Ciencias.

"Mientras continúe esta configuración meteorológica, el agua se mantiene 'empujada hacia abajo' en el extremo sudoriental de las cuencas y los niveles siguen bajando localmente".

Cuando esta situación termine, se espera que desencadene una entrada de agua salada y rica en oxígeno procedente del mar del Norte, lo que podría ayudar a reactivar las zonas muertas agotadas de oxígeno. Pero es probable que esa mejora no dure.

¿Es culpa del cambio climático?

Aunque la eutrofización del mar Báltico está causada por la contaminación por nutrientes, el cambio climático empeora sin duda la situación.

Las temperaturas superficiales en la cuenca central de Gotland han aumentado una media de casi 2ºC desde 1960. Según las simulaciones del nuevo estudio del IOW, también se observa una tendencia al calentamiento en las capas de agua más profundas.

"Dado que el agua más cálida absorbe menos oxígeno que el agua fría, las entradas de agua en verano tienen menos capacidad para oxigenar las cuencas profundas del mar Báltico que las entradas en invierno", añade el informe.

En aguas más cálidas el oxígeno se consume con mayor rapidez y aumenta la probabilidad de que se formen zonas muertas.

"El pasado tiene efectos duraderos"

Centrarse únicamente en la reducción de la contaminación por nutrientes en el mar Báltico deja de lado los efectos a largo plazo del ciclo del fósforo, que desempeña un papel importante en la eutrofización continua de sus aguas.

El informe del IOW señala que, en condiciones anóxicas, es decir, con falta de oxígeno, el fosfato se libera del sedimento y se acumula en el agua. Esto se debe sobre todo a la ausencia de compuestos de hierro oxidados, que en otras circunstancias retendrían los nutrientes en el sedimento.

Aunque muchos confían en que las entradas de agua del mar del Norte puedan ayudar a eliminar fosfato del agua, los investigadores comprobaron que en el invierno de 2014 solo se eliminó en torno a un 30 % del fosfato del agua y aproximadamente un cinco % quedó enterrado de forma permanente en el sedimento.

"La retroalimentación entre el agotamiento del oxígeno y la liberación de fosfato en las cuencas profundas del mar Báltico también altera el fitoplancton del agua superficial", indica el informe.

En verano, las proliferaciones de algas verdeazuladas se incorporan con más dificultad a la cadena trófica. Como consecuencia, cuando mueren, grandes cantidades de materia orgánica se hunden hasta el fondo del mar Báltico.

"Esto transporta compuestos de fósforo al sedimento, donde siguen acumulándose y, mediante el proceso de descomposición, favorecen de nuevo el agotamiento del oxígeno".

Por eso la disminución de la contaminación por nutrientes no ha ido acompañada de una reducción de las concentraciones de nutrientes en el mar. En la práctica, el mar Báltico arrastra una importante "deuda de nutrientes" heredada de décadas pasadas de actividad humana.

¿Podrá recuperarse alguna vez el mar Báltico?

Los investigadores destacan cuatro grandes estrategias de gestión para ayudar al mar Báltico a volver a respirar. Entre ellas figura seguir reduciendo de manera constante la contaminación por nutrientes y potenciar o restaurar filtros costeros naturales como lagunas, fiordos y estuarios, que pueden retener nutrientes y fijarlos de forma permanente.

"Se deben ampliar las medidas basadas en la naturaleza, como la promoción de praderas marinas o el cultivo deliberado de microalgas para eliminar activamente los nutrientes del agua", añade el informe. "Los arrecifes y los bancos de mejillones también contribuyen a este objetivo".

El informe reclama además que se refuercen los "sistemas de observación a largo plazo y de medición modernos", ya que los nuevos sensores ayudarán a detectar mejor los avances y los retrocesos desde las primeras fases.

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