Un estudio en 'Nature Geoscience' revela que el desequilibrio energético de la Tierra se disparó tras 3 años de La Niña. La NOAA actualiza sus índices para comparar temperaturas con el resto de los trópicos, lo que reducirá los episodios catalogados como El Niño.
El ciclo natural de El Niño, que altera el tiempo en todo el planeta, está a la vez alimentando y viéndose moldeado por un mundo que se calienta, según los meteorólogos.
Un nuevo estudio calcula que un reciente giro inusual en el ciclo de calentamiento y enfriamiento que incluye a El Niño y su contraparte La Niña puede ayudar a explicar el misterio científico de por qué la temperatura de la Tierra, que ya venía aumentando, se disparó a un nuevo nivel en los últimos tres años.
Por otra parte, los científicos se han visto obligados a actualizar la forma en que catalogan los episodios de El Niño y La Niña debido a los cambios rápidos del tiempo provocados por el calentamiento global.
El aumento de la temperatura de las aguas en todo el mundo ha llevado este mes a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) a modificar cómo calcula cuándo el patrón climático ha pasado a un nuevo ciclo.
Es probable que esto implique que más episodios se consideren La Niña y menos cumplan los criterios de un El Niño en un planeta con aguas tropicales cada vez más cálidas.
La temperatura media mensual de la Tierra registró un salto notable al alza respecto a la tendencia ascendente a largo plazo vinculada al cambio climático de origen humano a comienzos de 2023, y ese incremento continuó hasta 2025.
Los científicos barajan varias teorías sobre lo que está ocurriendo, desde una aceleración del calentamiento por gases de efecto invernadero y la reducción de la contaminación por partículas procedente de los barcos hasta la erupción de un volcán submarino o un aumento de la actividad solar.
En un nuevo estudio publicado este mes en la revista 'Nature Geoscience', investigadores japoneses analizan cómo aumentó en 2022 la diferencia entre la energía que llega al planeta y la que sale de él, lo que se conoce como desequilibrio energético de la Tierra.
Un mayor desequilibrio, es decir, más calor atrapado, conduce después a temperaturas más altas, explican los científicos. Los autores calculan que alrededor de tres cuartas partes del cambio en ese desequilibrio energético pueden atribuirse a la combinación del cambio climático de larga duración causado por el ser humano y el paso de un ciclo de enfriamiento de La Niña de tres años a uno cálido de El Niño.
Qué son El Niño y La Niña
El Niño es un calentamiento natural y cíclico de zonas del Pacífico ecuatorial que después altera los patrones meteorológicos de todo el mundo, mientras que La Niña se caracteriza por unas aguas más frías de lo normal.
Ambos modifican los patrones de precipitaciones y temperaturas, pero de formas distintas. Los episodios de El Niño tienden a aumentar las temperaturas globales y los de La Niña atenúan la subida a largo plazo.
Los episodios de La Niña tienden a causar más daños en Estados Unidos debido al aumento de la actividad de huracanes y de la sequía, según han mostrado varios estudios.
Por qué los ciclos climáticos pasan de cálidos a fríos
Entre 2020 y 2023, la Tierra registró una inusual caída triple de La Niña sin un episodio de El Niño intercalado. Durante La Niña, el agua cálida se mantiene a mayor profundidad, lo que deja una superficie más fría. Y eso reduce la cantidad de energía que se escapa al espacio, explica la coautora del estudio Yu Kosaka, climatóloga de la Universidad de Tokio.
La experta lo compara con lo que ocurre cuando una persona tiene fiebre. "Si la temperatura de nuestro cuerpo es alta, tiende a expulsar su energía, y la Tierra se comporta igual. A medida que las temperaturas aumentan, el sistema trata de emitir más energía hacia fuera. Y con una La Niña que dura tres años ocurre lo contrario", señala Kosaka.
Así que más energía, que se traduce en calor, queda atrapada en la Tierra, añade. Lo habitual es que los episodios de La Niña supongan una acumulación adicional de desequilibrio energético de uno o dos años, pero esta vez duró más, de modo que la diferencia fue más evidente e incluyó temperaturas más altas, explica Kosaka.
"Cuando se pasa de una fase de La Niña a otra de El Niño es como si se levantara la tapa", liberando ese calor, explica el ex meteorólogo de la NOAA Tom Di Liberto, que ahora trabaja en la organización 'Climate Central'.
Alrededor del 23% del desequilibrio energético que impulsa las temperaturas más altas recientes procede de este patrón inusualmente prolongado de La Niña, mientras que algo más de la mitad se debe a los gases emitidos por la quema de carbón, petróleo y gas, según los autores del estudio. El resto se explicaría por otros factores.
La científica Jennifer Francis, del Woodwell Climate Research Center, que no ha participado en la investigación, considera que el trabajo es coherente y ayuda a explicar un aumento del desequilibrio energético que algunos expertos atribuían a un calentamiento acelerado.
Cómo está cambiando la forma de catalogar El Niño y La Niña
Durante 75 años, cuando los meteorólogos definían los episodios de El Niño y La Niña se basaban en la diferencia de temperatura en tres regiones del Pacífico tropical respecto a lo considerado normal. Se hablaba de El Niño cuando el agua estaba 0,5ºC más cálida de lo normal y de La Niña cuando estaba más fría en la misma medida.
El problema en un mundo que se calienta es que lo que se considera normal no deja de cambiar.Hasta ahora, la NOAA utilizaba como referencia la media de 30 años. Actualizaba esa media cada década, que es la frecuencia con la que revisa la mayoría de indicadores climáticos y meteorológicos.
Pero el agua se calentó tanto en relación con los episodios de El Niño y La Niña que la agencia pasó a actualizar su definición de normalidad cada cinco años, y ni siquiera así era suficiente, señala Nat Johnson, meteorólogo del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA.
Por ello, la NOAA ha puesto en marcha desde este mes un índice de El Niño de carácter relativo. Este nuevo índice compara las temperaturas con las del resto de los trópicos del planeta. En los últimos tiempos, la diferencia entre el método antiguo y el nuevo ha llegado a ser de hasta medio grado Celsius, y "eso basta para tener un impacto", afirma Johnson.
Porque lo que realmente importa en El Niño y La Niña es cómo interactúan las aguas con la atmósfera. Y en los últimos años esas interacciones ya no encajaban con la antigua forma de catalogarlos, pero sí se corresponden con el nuevo método, apunta Johnson.
Esto probablemente se traduzca en algunos episodios más de La Niña y menos de El Niño que con el sistema anterior, añade.
Se acerca otro episodio de El Niño
El pronóstico de la NOAA apunta a que se desarrollará un episodio de El Niño a finales de este año, hacia finales del verano o en otoño. Si llega con suficiente antelación podría suavizar la actividad de huracanes en el Atlántico, pero también implicaría temperaturas globales más altas en 2027.
"Cuando se desarrolle El Niño es probable que marquemos un nuevo récord de temperatura global", afirma Francis, del centro Woodwell, en un correo electrónico. "Lo 'normal' quedó atrás hace décadas. Y con tanto calor acumulado en el sistema, todo el mundo debería prepararse para el tiempo extremo que va a alimentar".