Aunque esté muy lejos de la civilización, el deshielo de la Antártida tendrá consecuencias «desastrosas» en todo el planeta, advierten los científicos.
Los científicos han subrayado hasta qué punto hay mucho en juego mientras el cambio climático provocado por el ser humano sigue calentando rápidamente la Antártida.
Un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Environmental Science traza los escenarios más optimistas y más pesimistas de calentamiento global para la península Antártica, la parte más septentrional del continente.
Los investigadores advierten de que el futuro del continente "depende de las decisiones que tomemos hoy" y sostienen que reducir las emisiones podría evitar los efectos más "importantes y perjudiciales" de la crisis climática.
"Aunque la Antártida esté lejos, los cambios que se producen allí afectarán al resto del mundo a través de las variaciones en el nivel del mar, las conexiones oceánicas y atmosféricas y los cambios en la circulación", explica la profesora Bethan Davies, de la Universidad de Newcastle, autora principal del estudio.
"Lo que ocurre en la Antártida no se queda en la Antártida".
¿Cuál es el 'peor escenario posible' para la Antártida?
Los científicos utilizaron escenarios en los que las futuras emisiones se mantienen bajas (aumento de la temperatura de 1,8ºC respecto a los niveles preindustriales de aquí a 2100), medias-altas (3,6ºC) y muy altas (4,4ºC).
Analizaron ocho aspectos distintos del entorno de la península afectados por el aumento de las temperaturas, desde los ecosistemas marinos y terrestres hasta el hielo terrestre y marino, las plataformas de hielo, el océano Austral, la atmósfera y fenómenos extremos como las olas de calor.
En los escenarios de mayores emisiones, los investigadores concluyen que el océano Austral se calentará más deprisa. Unas aguas más cálidas erosionarán el hielo tanto en tierra como en el mar, aumentarán el riesgo de colapso de las plataformas de hielo y acelerarán la subida del nivel del mar.
El aumento del nivel del mar se ha relacionado desde hace tiempo con un incremento de las inundaciones costeras y una erosión más rápida del litoral. Por cada centímetro de subida del mar, en torno a seis millones de personas en el planeta quedan expuestas a inundaciones costeras.
En el escenario de emisiones más altas, la extensión del hielo marino podría reducirse un 20 %. Esto tendría enormes repercusiones para las especies que dependen de él, como el kril, presa fundamental de ballenas y pingüinos.
Un mayor calentamiento del océano también podría someter a estrés a los ecosistemas y favorecer fenómenos meteorológicos extremos. En los últimos años se ha vinculado la aparición de varios episodios de tiempo extremo a la quema de combustibles fósiles, entre ellos las mortales inundaciones de Valencia de 2024 y las tormentas de monzón del año pasado en Asia.
Los investigadores admiten que es difícil prever cómo se combinarán estos cambios ambientales y qué efecto conjunto tendrán sobre los animales, pero es probable que muchas especies intenten desplazarse hacia el sur para escapar de las temperaturas más altas.
"Los depredadores de sangre caliente quizá puedan adaptarse al cambio de temperatura, pero si sus presas no lo logran, morirán de hambre", advierte el informe.
El cambio climático también pone en riesgo la propia investigación en la Antártida. Los daños a las infraestructuras provocados por la subida del nivel del mar, los fenómenos extremos y el deshielo dificultarán que los científicos recopilen los datos que necesitan para prever los efectos futuros del aumento de las temperaturas.
En los últimos años la investigación en la Antártida se ha intensificado, hasta el punto de que algunos científicos incluso han planteado construir un muro de 150 metros para intentar evitar que el 'glaciar del Juicio Final' provoque inundaciones.
¿Puede la reducción de emisiones salvar la Antártida?
"En estos momentos vamos camino de un futuro de emisiones de nivel medio a medio alto", señala Davies.
"Un escenario de menores emisiones supondría que, aunque las tendencias actuales de pérdida de hielo y de fenómenos extremos continuarían, serían mucho más suaves que en un escenario de emisiones altas".
Davies añade que el volumen de hielo marino invernal se reduciría "solo ligeramente" respecto al actual, lo que limitaría el aumento del nivel del mar a unos pocos milímetros. La mayoría de los glaciares seguirían siendo reconocibles y se mantendrían las plataformas de hielo que los sostienen.
"Lo que más me preocupa del escenario de mayores emisiones es lo permanentes que podrían ser los cambios", afirma Davies.
"Sería muy difícil que los glaciares volvieran a crecer y que regresara la fauna que hace especial a la Antártida. Si no cambiamos ahora, serán nuestros bisnietos quienes tengan que vivir con las consecuencias".