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El impacto silencioso del cambio climático en la salud mental: ¿qué es la ecoansiedad?

El cambio climático también puede afectar a la salud mental: ¿qué es la ansiedad ecológica?
El cambio climático también puede afectar a la salud mental: ¿qué es la ansiedad ecológica? Derechos de autor  AP Photo
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Por Ema Gil Pires
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La ecoansiedad es "un término que engloba el conjunto de respuestas emocionales de la población ante la anticipación y vivencia de fenómenos asociados al cambio climático", explica a 'Euronews la psicóloga' Teresa Pereira. ¿Cómo se manifiestan (y afrontan) estos sentimientos negativos?

En todo el mundo se multiplican las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos, alimentados por el cambio climático. Desde el aumento de la temperatura media mundial hasta las sequías y los incendios forestales intensos -sin olvidar las tormentas, cada vez más frecuentes, con fuertes lluvias y vientos que pueden causar estragos-, todos estos fenómenos tienen efectos negativos cada vez más evidentes en la vida cotidiana de las personas.

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En las últimas semanas, Portugal se ha visto muy afectado por un "tren de tormentas" que ha causado grandes daños en todo el país, especialmente en la región Centro. Según datos divulgados por la Comunidad Intermunicipal (CIM) de la Región de Leiria, se estima que solo los diez municipios que la componen han sufrido pérdidas que podrían superar los mil millones de euros.

Pero el impacto sobre la población no sólo se mide por los destrozos causados por sucesos de esta naturaleza y, en consecuencia, por los costes inherentes a todo el proceso de reconstrucción, recuperación y restablecimiento de infraestructuras y bienes materiales de todo tipo. A menudo también influye en la salud mental de las personas.

En declaraciones a 'Euronews', Teresa Pereira, psicóloga doctora en Psicología Aplicada e investigadora en las áreas de psicología y cambio climático, explica que existe "un término que engloba el conjunto de respuestas emocionales de la población ante la anticipación y también, en esencia, la vivencia de los fenómenos asociados al cambio climático".

Se trata de la ecoansiedad,un concepto que "fue mencionado por primera vez por un filósofo medioambiental llamado Glenn Albrecht en 2007" y que, exactamente diez años después, en 2017, fue definido "oficialmente" por la Asociación Americana de Psicología "como un miedo crónico a la degradación medioambiental".

Según ha explicado la psicóloga Teresa Pereira, se trata de un término que "puede caracterizarse por la variabilidad emocional", que acaba manifestándose, por ejemplo, a través de síntomas de "ansiedad, preocupación, miedo, ira o culpa". Pero también a través de otros síntomas más "fisiológicos" o "cambios en las rutinas de la vida cotidiana de los individuos", como cambios "en los patrones de sueño, pérdida de apetito, búsqueda constante de información sobre el cambio climático" o una "disminución del rendimiento académico" en el caso de los más jóvenes.

Pero, ¿qué puede desencadenar la ecoansiedad?

Los "efectos de la degradación ambiental sobre la salud mental", explica Teresa Pereira, deben considerarse "a tres niveles". Uno de ellos tiene que ver con las consecuencias "directas" de los fenómenos climáticos, es decir, "cuando las personas viven directamente" estas situaciones "y, en este caso, pueden aparecer síntomas como la ansiedad, la depresión y, eventualmente, el trastorno de estrés postraumático".

Pero el impacto también lo pueden sentir las personas que se ven afectadas por las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos sólo a un "nivel más indirecto", ya que "no experimentan ni presencian directamente" estos acontecimientos.

Sin embargo, el impacto de estos fenómenos meteorológicos en las "infraestructuras que utilizan" -como los servicios públicos-, así como en sus "medios de subsistencia" -un ejemplo son los agricultores que han visto sus cosechas devastadas como consecuencia de las recientes tormentas en Portugal-, puede tener efectos negativos en la salud mental.

Por último, también hay que tener en cuenta que, según la doctora en Psicología Aplicada, "a través de los medios de comunicación o de la información que reciben de otras personas", los ciudadanos acaban conociendo más sobre estos fenómenos y sus impactos. "Normalmente, la ansiedad ecológica se sitúa más en este tercer nivel".

Es decir, "el hecho de tener esta información de que el cambio climático es un fenómeno cada vez más presente en nuestra vida cotidiana acaba generando la experiencia de la ecoansiedad en las personas, aunque no hayan sido testigos directos de un suceso extremo".

En un momento en el que cada vez aparecen más "informaciones e imágenes" en los medios de comunicación portugueses sobre las consecuencias del cambio climático en la vida de las personas, es por tanto "natural que esta preocupación se haga más presente y que el fenómeno se haga más real".

Esto se debe a que, hoy en día, no sólo se trata de situaciones que "ocurren en otros países, en otros lugares geográficos, o con personas distintas de nosotros mismos, de nuestras familias" o, en otras palabras, de la comunidad portuguesa, lo que les confiere un carácter de mayor "proximidad".

La ansiedad ecológica es una respuesta "normal"

A pesar de la variedad de síntomas y de las diferentes formas en que puede manifestarse la ecoansiedad, "es muy importante que la población en general sea consciente" de que se trata de "un fenómeno esperado que revela una respuesta adaptativa", especialmente en el caso de quienes han vivido en primera persona las consecuencias de fenómenos meteorológicos extremos, como es el caso de los ciudadanos directamente afectados por las últimas tormentas. Es decir, "es normal que las personas, ante un fenómeno de tal magnitud que afecta a sus vidas, muestren estas respuestas emocionales", explica la psicóloga Teresa Pereira.

En este sentido, es importante señalar que la ecoansiedad "no es una patología". Aún así, en los casos en los que este tipo de comportamiento interfiere "de forma más significativa en la vida diaria" de las personas -o incluso provoca una cierta "parálisis"- "puede ser necesario buscar la ayuda de profesionales de la salud mental" para que puedan recibir apoyo especializado.

Pero en muchos casos, la "validación y el apoyo de la comunidad, la familia, los profesores y los compañeros", combinados con otras estrategias, pueden ser aún más esenciales. Por ello, también pidió que se promuevan medidas que ayuden a la "población general a ser más empática" cuando se trata de este tema, para favorecer una mayor "validación" de estas emociones. Y la clave, en este sentido, pasa también por "promover la alfabetización sobre este fenómeno" que "desgraciadamente es cada vez más frecuente en nuestro país", dice la experta.

Esta promoción implica también a los centros educativos. "Hoy en día, en los currículos escolares, generalmente tenemos un enfoque un poco más centrado en las dimensiones cognitivas de saber qué es el cambio climático. Pero también es importante aportar una dimensión afectiva, entender cómo nos sentimos afectados y cómo podemos implicarnos más activamente" para responder a ellos, argumentó el psicólogo.

Por eso, sobre todo con los jóvenes, es importante no adoptar "una actitud alarmista", aunque ésta sea una premisa aplicable a la población en general. Es más aconsejable adoptar "un enfoque lo más positivo y realista posible" y mostrar "disposición a debatir el tema" de forma "razonada y centrada en las soluciones" que ya se están desarrollando para intentar paliar las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos.

¿Qué puede ayudar a combatir la ansiedad ecológica?

Según Teresa Pereira en declaraciones a 'Euronews', basándose en las investigaciones científicas existentes sobre el tema, la ecoansiedad también puede motivar a los individuos a adoptar "comportamientos de protección del medio ambiente, es decir, comportamientos pro-ambientales". Y una de las**"tres estrategias comunes más eficaces para hacer frente a la ecoansiedad"**, basada en algunos estudios aún preliminares que se han desarrollado en los últimos años, está precisamente relacionada con este tipo de iniciativas.

Según la psicóloga, "algunos investigadores afirman que la acción, la implicación en acciones para proteger el medio ambiente, es el mayor antídoto contra la ecoansiedad", ya que crea "una sensación de utilidad", pero también de "control y esperanza".

Otra posible forma de intentar hacer frente a esta respuesta emocional puede ser "la implicación en grupos, en asociaciones con un enfoque más medioambiental, [contactando] con otras personas que manifiesten ecoansiedad", con el fin de adquirir "un mayor apoyo social".

Por último, cabe destacar que ya existen "muchos estudios que asocian el contacto con la naturaleza, con los espacios verdes y azules, con mayores niveles de bienestar", por lo que también podría ser una estrategia válida para combatir "algunos síntomas de ansiedad y depresión que pueden estar asociados a esta, en esencia, anticipación de los efectos del cambio climático".

Cartografía de la ecoansiedad

En los últimos años, la investigación académica se ha centrado cada vez más en cómo afecta la ecoansiedad a las poblaciones. La bibliografía, subraya la doctora en Psicología Aplicada, se basa en variables y metodologías diferentes, lo que a menudo dificulta las comparaciones fiables. Sin embargo, sí ofrecen algunos indicadores que permiten evaluar cómo se está imponiendo esta realidad en distintas partes del mundo.

Un estudio europeo, publicado en el 'European Journal of Public Health' en 2023, basado en datos extraídos de la 10ª ronda de la Encuesta Social Europea (recogida entre 2020 y 2022), evaluó el nivel de preocupación de "52.219 participantes mayores de 15 años de 25 países" por el cambio climático. La investigación concluyó que existen "diferencias significativas en los niveles de ecoansiedad entre los países europeos", con Alemania (55,3%) y España (55,2%) con los niveles más altos, y Eslovaquia (22,6%) y Estonia (24,7%) en la parte inferior de la tabla.

Otro análisis de 2021, publicado en 'The Lancet Planetary Health', encuestó a 10.000 niños y jóvenes de entre 16 y 25 años de diez países -Australia, Brasil, Estados Unidos de América, Filipinas, Finlandia, Francia, India, Nigeria, Portugal y Reino Unido- para recoger "datos sobre las opiniones y sentimientos de los participantes acerca del cambio climático".

El estudio concluyó que los "países que expresaron mayor preocupación e impacto en su funcionamiento tendían a ser más pobres, estar situados en el Sur Global [economías emergentes] y verse más directamente afectados por el cambio climático". Sin embargo, en el Norte Global, que engloba a los llamados países más desarrollados, "Portugal (que ha experimentado un aumento dramático de los incendios forestales desde 2017) mostró el mayor nivel de preocupación".

Aun así, una investigación más reciente, publicada en la revista 'Social Responsibility Journal', dedujo, basándose en una muestra total de 3.300 individuos de 18 años o más, que "la prevalencia de la ansiedad relacionada con el cambio climático es baja entre los adultos en Portugal".

En otras palabras, la psicóloga Teresa Pereira resumió que "lo que la investigación ha demostrado es que las personas con mayor conciencia ecológica, es decir, las personas más preocupadas por el medio ambiente y más sensibles a estas cuestiones climáticas, son las que muestran una mayor prevalencia de ecoansiedad". Por ello, los jóvenes destacan en este nivel, ya que están "atravesando un periodo de desarrollo que les expondrá con el tiempo a los efectos del cambio climático", por lo que "es natural que su preocupación e implicación sean también más significativas".

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