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El secreto de las pitones para controlar el apetito podría revolucionar la pérdida de peso

El metabolismo de las pitones puede inspirar nuevas terapias para adelgazar
El metabolismo de las pitones podría inspirar terapias para adelgazar Derechos de autor  Canva
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Por Alexandra Leistner
Publicado Ultima actualización
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Científicos descubren en las pitones una molécula que regula el apetito y podría inspirar nuevos tratamientos para adelgazar sin los efectos secundarios de fármacos como Ozempic.

El extraordinario metabolismo de las pitones podría abrir nuevas vías para una pérdida de peso saludable e incluso para combatir la pérdida de masa muscular asociada a la edad.

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En menos de una década, los nuevos fármacos para adelgazar han transformado el mercado y han ayudado a millones de personas, aunque a menudo provocan efectos secundarios como náuseas o malestar digestivo. ¿Y si se pudiera lograr un control similar del apetito sin estos inconvenientes?

Científicos de Estados Unidos han identificado en la sangre de las pitones una molécula hasta ahora desconocida que indica al cerebro cuándo hemos comido suficiente.

Estas serpientes constrictoras, que pueden alcanzar hasta siete metros, son capaces de ingerir de una vez presas muy grandes, por ejemplo un antílope entero, y después pasar meses o incluso años sin volver a alimentarse. La investigación no pretende imitar la dieta de las serpientes, sino entender cómo las pitones pueden alternar ayunos prolongados y grandes banquetes sin sufrir daños duraderos en el corazón o en los músculos, algo que despertó el interés de los investigadores.

¿Es pTOS el nuevo GLP-1?

La molécula, denominada para-tiramina-O-sulfato (pTOS), fue identificada por la profesora Leslie Leinwand y su equipo de la Universidad de Colorado en Boulder mientras estudiaban el sistema digestivo de estas serpientes no venenosas de África, Asia y Australia. Los resultados, obtenidos en colaboración con investigadores de Stanford Medicine y de la Universidad de Baylor, se han publicado en 'Nature Metabolism'.

Los investigadores observaron que, justo después de comer, el corazón de una pitón aumenta un 25% de tamaño y su metabolismo se acelera hasta 4.000 veces para ayudar a digerir la presa, algo que se acompaña de un aumento espectacular de pTOS en la sangre, de más de 1.000 veces. En humanos, los niveles de pTOS también suben tras las comidas, aunque de forma mucho más moderada, aproximadamente entre dos y cinco veces.

Este pico de pTOS forma parte del proceso digestivo, el organismo utiliza un aminoácido llamado tirosina que las bacterias intestinales transforman en un compuesto denominado tiramina. El hígado convierte después la tiramina en pTOS, que viaja al cerebro y envía una señal de saciedad, con lo que reduce el apetito.

La molécula había pasado desapercibida en los laboratorios porque los animales de experimentación más habituales, como ratones y ratas, no la producen de forma natural tras alimentarse.

La hormona GLP-1, diana de fármacos como Ozempic y Wegovy, ayuda al organismo a sentirse saciado al ralentizar la digestión y regular la glucosa en sangre. Entre sus efectos secundarios más frecuentes figuran las náuseas, el malestar digestivo y, en ocasiones, los vómitos.

Pérdida de peso en ratones sin daños metabólicos

En los estudios con animales, los ratones a los que se administró pTOS comieron menos y, con un tratamiento prolongado, redujeron su peso corporal y la cantidad de alimento ingerido. Estos efectos se observaron sin cambios relevantes en la actividad, el gasto energético o la glucosa en sangre, lo que sugiere que pTOS podría ser prometedora para la investigación sobre la obesidad.

Este descubrimiento revela un nuevo mecanismo biológico que ayuda al organismo a sentirse saciado después de comer. Podría dar lugar a futuros tratamientos que reduzcan el hambre de forma natural y faciliten el control del peso. Al mismo tiempo pone de relieve el papel clave de las bacterias intestinales en la regulación del metabolismo y en el envío de señales al cerebro.

Por ahora, pTOS solo se ha probado en ratones y sus efectos en humanos aún no se han estudiado. Además, su efecto supresor del apetito podría ser reducido o inexistente en personas con prediabetes o diabetes de tipo 2, lo que sugiere que la "señal de saciedad" natural del organismo podría no funcionar con la misma eficacia en estas condiciones.

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