De la depresión a la esquizofrenia, la única unidad de terapia con animales en un hospital francés defiende que cuatro patas llegan donde la medicina no basta.
Cuando la vida se complica, acariciar un burro puede ser una buena terapia, al menos esa es una de las recomendaciones en el complejo hospitalario de Ville-Evrard, al este de París.
En un rincón de sus jardines, entre antiguas dependencias agrícolas del siglo XIX y una zona arbolada, cinco burros asumen buena parte del trabajo en salud mental entre bocado y bocado de heno.
La unidad de terapia con burros del hospital, única en Francia, funciona desde 2016, cuando la enfermera de psiquiatría Ermelinda Hadey y su marido, François, pusieron en marcha el programa convencidos de que estos animales, conocidos por su carácter tranquilo y sociable, podían conectar con los pacientes de una forma a la que los tratamientos convencionales no siempre llegan.
'Medicina animal'
Este viernes, los pacientes condujeron a los burros — Nono, Pitou, Oscar, Manolo y Malraux — por los jardines, les limpiaron las pezuñas y, al final de la sesión, los abrazaron. Con el tiempo, cada paciente se empareja con un mismo compañero, la familiaridad, al fin y al cabo, funciona en ambos sentidos.
Para Nathalie, de 60 años, la experiencia es clara. "Cuando tomas una medicación que te ayuda a relajarte… es exactamente lo mismo", explica. "Yo lo llamaría medicina animal. Aporta alivio. Dejas de pensar en todo lo demás".
Para proteger su intimidad, los pacientes son identificados solo por su nombre de pila.
La enfermera Audrey Seffar cita la evolución de Nathalie como ejemplo de lo que pueden desbloquear los animales. Al principio se negaba a bajar del carro que se facilita a los pacientes con dificultades físicas.
"Pero, poco a poco y con ánimo, lo hizo", explica Seffar. "El animal actúa como mediador. Es tan excepcional que hoy ha podido bajar del carro y colocarse al lado de su burro".
Otro paciente, Jérôme, de 52 años, asegura que el programa le ayuda a reducir la sensación de soledad.
"Hablar con gente, participar en actividades que normalmente no haría, me ayuda en mi vida diaria", cuenta. "Te permite romper con la rutina del tratamiento y la medicación. Quedarme en casa no me sienta bien".
'Esponjas emocionales'
Algunos de los burros llegaron a Ville-Evrard tras haber sufrido abandono o maltrato, fueron adoptados a través de refugios antes de que François Hadey los formara para trabajar en terapia. Describe su idoneidad para el puesto con algo parecido al respeto profesional.
"Un burro es muy inteligente. Entiende las cosas muy deprisa, pero hay que explicárselas despacio", señala. "Son animales tranquilos y serenos, que en general están muy cerca de las personas. Una vez que participan en estas interacciones, conectan muy bien con los pacientes. Son esponjas emocionales".
El programa obtuvo en 2022 el reconocimiento oficial como unidad asistencial, un aval administrativo que permitió contratar a tres enfermeras a tiempo completo, con voluntarios de una asociación sin ánimo de lucro que ayudan en el cuidado de los animales.
Desde entonces se ha ampliado e incluye cobayas, gallinas, palomas, cabras, tortugas y conejos, y los animales más pequeños se llevan directamente a las habitaciones de hospital para los pacientes que no pueden salir al exterior.
Las sesiones son gratuitas para los pacientes y están financiadas por el sistema público de salud francés. Se conciben como intervenciones terapéuticas para personas con ansiedad, depresión, autismo, esquizofrenia y otros trastornos, y el personal observa mejoras en la regulación emocional, la comunicación y la autoestima.
Ermelinda Hadey describe el trabajo como una especie de lógica del espejo, cuidar de un animal, sostiene, crea las condiciones para que los pacientes puedan cuidarse a sí mismos.
"Trabajamos la alimentación del animal, lo que nos permite abordar los propios hábitos alimentarios del paciente. Trabajamos la higiene del animal y, por efecto espejo, trabajamos también la higiene del paciente", explica.
Muchos pacientes toman antipsicóticos o sedantes que pueden anular por completo la motivación. Ahí es exactamente donde, según ella, los burros demuestran su utilidad.
"No sustituye a un médico ni a una prescripción, pero puede ayudar a los pacientes a recuperar la confianza y la autoestima", afirma Hadey.
La petición de reconocimiento
A pesar de su aparente éxito, la terapia con animales sigue en los márgenes de la práctica psiquiátrica formal, y el equipo de Ville-Evrard quiere que eso cambie.
"Para lograrlo necesitamos investigación. Tenemos numerosos testimonios de pacientes... Los cuidadores que les acompañan también ven los beneficios cada día. Pero los médicos tienen tantas otras responsabilidades que no necesariamente lo presencian en primera persona", apunta Hadey.
La estudiante de enfermería Alicia Fabi, de 18 años, asegura que los pacientes vuelven de las sesiones visiblemente distintos. "Cada vez que regresamos de la actividad, dicen que se sienten bien, tranquilos y relajados, y que han disfrutado de la salida. Eso es muy positivo", señala.
A medida que la sesión del viernes llegaba a su fin y los pacientes charlaban a la luz de la tarde, una enfermera lanzó la que podría ser la máxima oficiosa de la unidad, "Los burros son mis mejores colegas".