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Cambiar la cocina de gas por una de inducción puede aliviar el asma tanto como algunos medicamentos

Las llamas salen de los fogones de una cocina de gas natural.
Las llamas salen de los quemadores de una cocina de gas natural. Derechos de autor  AP Photo/Steven Senne
Derechos de autor AP Photo/Steven Senne
Por Marta Iraola Iribarren
Publicado última actualización
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Cambiar una cocina de gas por una eléctrica puede mejorar los síntomas del asma tanto como algunos tratamientos habituales, según un estudio. No sustituye a la medicación, pero sí reduce la exposición a contaminantes del aire interior que agravan la enfermedad.

Pasar de las cocinas de gas natural a las eléctricas podría ser tan eficaz como los medicamentos habituales para las personas con asma, según un nuevo estudio.

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Cocinar con cocinas de gas natural es una fuente importante de contaminación del aire interior, en particular dióxido de nitrógeno (NO2), y puede contribuir a las crisis de asma. Quemar gas al cocinar también genera otros óxidos de nitrógeno, que se liberan en el ambiente y pueden provocar brotes de asma.

Según investigadores de la Universidad Case Western Reserve, en Estados Unidos, el paso de cocinas de gas a eléctricas redujo la contaminación interior, los niveles de dióxido de nitrógeno en las viviendas bajaron un 70%, lo que se tradujo en una mejora de los síntomas de asma entre los participantes.

"Los resultados fueron llamativos, las mejoras en los síntomas de asma tras cambiar de cocina fueron similares, o incluso superiores, a las que se han descrito en los ensayos clínicos de los medicamentos para el asma más utilizados", escribió Ashwini Sehgal, coautor del estudio, en el medio 'The Conversation'.

Tras el cambio de cocina, los participantes comunicaron menos problemas respiratorios, menos limitaciones en sus actividades diarias y una menor necesidad de utilizar inhaladores de 'rescate'.

Los investigadores también constataron que las visitas a urgencias y las hospitalizaciones por asma entre los participantes disminuyeron un 70%, y que los días de trabajo o de escuela perdidos a causa del asma se redujeron aproximadamente un 80%.

"Elegimos cocinas eléctricas de inducción porque se calientan y se enfrían con rapidez y porque son más seguras y más fáciles de limpiar que las cocinas eléctricas de resistencia", explicó Sehgal.

Añadió que cambiar de cocina no es una cura para el asma y puede no beneficiar a todas las personas.

"Las personas con asma deben seguir trabajando con sus médicos, tomar la medicación prescrita y reducir la exposición a otros desencadenantes del asma, como el humo del tabaco, los ácaros del polvo, el polen y las infecciones respiratorias víricas".

Los autores señalaron además que el coste de sustituir las cocinas de gas por eléctricas puede no ser asumible para todo el mundo y probablemente actúe como una barrera para las comunidades con bajos ingresos.

"Pero, dado el posible ahorro derivado de la reducción de las visitas a urgencias y las hospitalizaciones, podría tener sentido que los gobiernos o las aseguradoras sanitarias subvencionen el coste de sustituir las cocinas de gas por eléctricas en pacientes con asma mal controlada", apuntó Sehgal.

El estudio contó con 85 participantes con asma mal controlada. En un principio, el proyecto recibió financiación para tres años por parte de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, a través de su programa 'Community Change Grants', en diciembre de 2024. Sin embargo, la Administración Trump dio por terminado el proyecto de manera anticipada y dejó a los investigadores sin posibilidad de incorporar nuevos participantes a partir de mayo de 2025.

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