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Moverse en un mundo diseñado para hombres

People commute in a metro in Paris
People commute in a metro in Paris Derechos de autor MARTIN BUREAU/AFP
Derechos de autor MARTIN BUREAU/AFP
Por Gregoire Lory
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La forma en la que viajamos en nuestro día a día está fuertemente influenciada por nuestro género, algo que también afecta a las políticas medioambientales.

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El transporte es el causante una cuarta parte de las emisiones de CO2 en la Unión Europea. Pero también es fuente de muchas desigualdades. Por ejemplo, el género determina la forma de viajar de las personas. Las mujeres caminan más y utilizan el transporte público con más frecuencia. En cambio, es más probable que los hombres se desplacen en vehículo privado. Además, la función de los viajes también varía según el género.

"El transporte está organizado casi por completo en torno a las personas que van y vienen del trabajo y este es básicamente un patrón bastante masculino, mientras que, en general, las mujeres suelen tener un patrón de viaje más complicado ya que puede que tengan que recoger algo para la familia, llevar a los niños, cuidar de los padres ... este tipo de cosas. Ellas se beneficiarían potencialmente, por ejemplo, de un sistema más flexible que tenga más capacidad de extenderse y también quizás un sistema de venta de billetes diferente que te permita viajar de forma más flexible", explica Thorfinn Stainforth del Institute for European Environmental Policy.

Según varios estudios, alrededor del 80% de los empleados de las empresas de transporte son hombres.Esta altísima representación configura las políticas de viaje, pero también los vehículos y las estaciones que no siempre están adaptados para personas con niños o con la compra. La discriminación también tiene una faceta económica ya que un transporte más limpio solo es accesible para aquellos con más dinero.

"Si centramos nuestra política de movilidad sostenible solo en coches eléctricos y subsidiamos que la gente compre vehículos híbridos o eléctricos, no es de raro que esto beneficie principalmente a hombres y a personas con ingresos altos. Una integración de la política de igualdad y sostenibilidad significaría que ponemos la inversión donde beneficia a la mayoría de las personas y donde nos aseguramos que nuestros conceptos de movilidad tengan en cuenta cómo los hombres y las mujeres se mueven de manera diferente, cómo podemos beneficiar a las personas que viven en las zonas menos prósperas de la ciudad, cómo podemos asegurarnos de que las personas con las discapacidades se beneficien por igual", detalla Patrizia Heidegger del European Environmental Bureau.

Pero estas desigualdades van más allá del sector del transporte. La Oficina Europea de Medio Ambiente habla de discriminación medioambiental. "Muchas comunidades romaníes se ven obligadas a vivir en barrios segregados, asentamientos segregados donde también están expuestas a niveles más altos de degradación ambiental, contaminación química, contaminación del aire y falta de servicios ambientales. Por ejemplo, no se les proporciona agua limpia o servicios de recogida de residuos ", insiste Heidegger.

El Pacto Verde Europeo es una oportunidad para eliminar esta discriminación. Pero la sociedad civil lamenta que el proyecto no integre de forma suficiente la igualdad en la implementación de una sociedad más sostenible.

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