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El impulso de la Defensa europea tensiona las normas de exportación de armas

Salón de seguridad y defensa Eurosatory, en Villepinte, a las afueras de París
Salón de seguridad y defensa Eurosatory, en Villepinte, a las afueras de París Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Evi Kiorri
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Mientras los líderes mundiales se reúnen en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el impulso del sector de la Defensa centra la atención. El sistema de exportación de armas es un punto delicado, pues pese a las estrictas normas de la UE se sigue desviando armamento a destinos de alto riesgo.

La Unión Europea trabaja para reforzar su industria armamentística, aumentar el gasto en Defensa y mejorar las compras conjuntas. La UE se prepara para un menor compromiso militar de Estados Unidos y trata de limitar el papel de las empresas estadounidenses en los contratos.

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Bruselas impulsa una producción más rápida y una cooperación más estrecha. Sin embargo, incluso con normas estrictas, los resquicios legales y las ambigüedades siguen permitiendo que las armas lleguen a destinos de alto riesgo.

El impulso en Defensa está transformando el sistema

La UE se ha comprometido a apoyar a Ucrania, reforzar su propia industria de Defensa y comprar más material de origen europeo mediante nuevos planes como EDIS y el Defence Readiness Omnibus 2025.

Estas estrategias buscan simplificar la producción conjunta, reducir los retrasos en la concesión de licencias y acelerar la entrega de munición, vehículos y sistemas avanzados. De aquí a 2030, la UE aspira a que al menos la mitad de sus adquisiciones de Defensa procedan de proveedores europeos y a elevar el comercio interno de material de Defensa hasta el 35% del mercado.

Las normas europeas sobre exportación de armas no están unificadas. Cada país toma sus propias decisiones de concesión de licencias en virtud del artículo 346 del Tratado de Funcionamiento de la UE.

La Posición Común 2008/944/PESC de la UE establece ocho criterios, entre ellos el respeto de los derechos humanos y el riesgo de conflicto. COARM, el grupo de la UE sobre exportación de armas, comparte información y notificaciones de denegación, pero no puede anular las decisiones nacionales.

Lagunas y criterios desiguales

La falta de un control central ha abierto la puerta a numerosas lagunas. Las armas pueden circular con facilidad dentro de la UE bajo normas más laxas y después enviarse a otros países con exigencias de licencia menos estrictas.

"Creo que ahí es donde vemos la erosión de las normas europeas que se crearon hace ya veinte o treinta años. Ahora, debido a las presiones geopolíticas, esas normas están en el punto de mira", señala Frank Slijper, responsable de proyectos de la organización pacifista neerlandesa PAX.

Los precedentes demuestran hasta qué punto pueden sortearse las normas. Desde 2015, armas europeas enviadas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se han utilizado de forma generalizada en la guerra de Yemen. "No es ningún secreto que el petróleo es uno de los grandes motores del comercio de armas. Permite a los Estados europeos asegurarse el acceso al petróleo, por un lado, y suministrar armas a esos mismos países exportadores de petróleo, por otro", subraya Slijper.

Los controles posteriores a la entrega, concebidos para evitar el uso indebido de armamento, tienen un efecto limitado. "Incluso cuando las armas acaban en destinos prohibidos o no deseados, si hay consecuencias son relativamente menores, duran poco tiempo y no tienen un impacto significativo en las relaciones generales de exportación de armas entre esos dos países", explica Slijper.

Grupos que fomentan el desarme y la no proliferación de armas de destrucción masiva

COARM, el grupo de la UE sobre exportación de armas convencionales puede emitir notificaciones de denegación y seguir el rastro de las exportaciones, pero, en ausencia de una autoridad vinculante a escala de la UE, los gobiernos nacionales suelen anteponer los intereses industriales y estratégicos a las normas en materia de derechos humanos.

La guerra de Ucrania ha agravado el problema. Para cumplir los objetivos de la OTAN y apoyar a Kiev, la UE y sus Estados miembros han incrementado la producción y las transferencias, en ocasiones interpretando de forma más laxa las normas de la Posición Común.

"Todo lo relacionado con el control de las exportaciones de armas está sometido a una gran presión, porque la Unión Europea quiere potenciar su propia industria armamentística y unas normas demasiado estrictas se perciben como un obstáculo al progreso", afirma Slijper.

El dilema del mercado interior

Uno de los objetivos principales del Defence Readiness Omnibus es facilitar la transferencia de armamento dentro de la UE, pero esto podría abrir una vía de escape legal. Si un equipo se fabrica en varios países, solo el país donde se ensambla está obligado a verificarlo, no los países que suministran las piezas. Esto podría permitir que determinadas armas esquiven controles nacionales más estrictos a medida que se desplazan por Europa.

La industria armamentística ejerce además una influencia considerable. "Es evidente que la industria de armamento tiene interés en crecer y obtener beneficios, pero al mismo tiempo son los políticos europeos quienes respaldan ese crecimiento de la industria europea de armas. Las voces de ese sector suenan mucho más fuerte que las de la sociedad civil y, en efecto, las preocupaciones sobre los derechos humanos quedan relegadas, por desgracia", observa Slijper.

Llamamientos a la reforma

Los expertos consideran que la UE podría abordar estos problemas mediante varias reformas. Podría pasar de unas directrices voluntarias a normas vinculantes, de modo que grupos como COARM puedan hacer cumplir criterios comunes de concesión de licencias o bloquear exportaciones de alto riesgo. También podría reforzar los controles sobre las transferencias dentro de la UE para impedir que el material se mueva amparado en normas más débiles y eluda controles nacionales más estrictos.

La UE podría asimismo reforzar el seguimiento posterior a la entrega mediante sanciones más severas y, en su caso, mecanismos de aplicación a escala europea. Publicar datos detallados sobre exportaciones, usuarios finales y licencias denegadas también haría que el proceso fuera más transparente y sujeto a rendición de cuentas.

Slijper plantea una fórmula sencilla para gestionar estas presiones industriales y estratégicas. "Si cuesta desarrollar la capacidad industrial para Europa, al menos asegúrense de no exportar fuera de la Unión Europea. Necesitamos toda la capacidad industrial para que Europa reponga las armas que hemos suministrado a Ucrania, pero también para ser mucho más independiente de Estados Unidos".

En la práctica, las lagunas son evidentes. Los grandes Estados miembros pueden aplicar la Posición Común con menos rigor, las transferencias dentro de la UE pueden esquivar los controles nacionales y el seguimiento posterior a la entrega es débil.

El Grupo COARM tampoco tiene capacidad para hacer cumplir las normas. Mientras tanto, las preocupaciones de la sociedad civil sobre los derechos humanos suelen quedar relegadas ante la presión de los lobbies industriales y los intereses estratégicos.

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