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Los drones cambian cada tres meses y Europa compra sistemas que ya están obsoletos

Alemania apoya a Ucrania con drones
Alemania envía drones a Ucrania Derechos de autor  AP Photo
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Por Evi Kiorri
Publicado última actualización
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La guerra de Ucrania demuestra que la tecnología de los drones evoluciona más rápido de lo que los gobiernos pueden adquirirla. ¿Podrán los sistemas de Defensa adaptarse a ese ritmo?

Antes de la invasión rusa, ninguna fuerza armada europea disponía de más de 2.000 drones. Ahora, ambos Ejércitos consumen hasta 7 millones de aparatos al año. Los drones han pasado de ser artilugios de nicho a convertirse en la columna vertebral de la guerra moderna, y Europa corre para no quedarse atrás.

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Las cifras por sí solas reflejan una transformación extraordinaria. Ucrania ha duplicado su producción de drones, de 2,2 millones en 2024 a 4,5 millones en 2025. Pero el volumen es solo la mitad de la batalla. La verdadera carrera es tecnológica, los componentes internos de estas máquinas quedan obsoletos casi en cuanto salen de la línea de montaje.

"Los drones evolucionan tecnológicamente cada tres a seis meses", explica Nikolaus Lang, managing director y socio sénior en BCG y líder global del BCG Henderson Institute. "De modo que también es complicado comprar millones de drones que dentro de 12 meses estarán obsoletos". Esto crea una paradoja en las compras que ningún Ministerio de Defensa ha logrado resolver del todo: para cuando se firma un contrato, el sistema que contempla puede estar ya desfasado.

Países como Finlandia están comprobando con qué rapidez el software, las comunicaciones, la navegación y las tecnologías contra interferencias pueden quedar obsoletas desde el punto de vista estratégico. El campo de batalla ucraniano se ha convertido en el banco de pruebas más brutal del mundo, y los equipos ucranianos han reducido sus ciclos de diseño y despliegue de meses a semanas, lo que permite que la experiencia directa del frente alimente en tiempo real las mejoras de ingeniería en las sucesivas generaciones de drones.

Esto ha alimentado un juego del gato y el ratón en la adaptación: en 2024 los drones de fibra óptica eran casi una rareza y, sin embargo, en 2025 la producción rusa de un solo modelo alcanzó al menos 6.000 unidades al mes. El ritmo es vertiginoso y la maquinaria tradicional de compras de Europa no está pensada para funcionar así.

La brecha de explotación

Ahí reside la vulnerabilidad central de Europa. El continente lidera la investigación, produce artículos de primer nivel mundial en inteligencia artificial, tecnología cuántica y telecomunicaciones. Pero las publicaciones académicas no ganan guerras. Los laboratorios europeos no están convirtiendo sus avances en sistemas operativos sobre el terreno.

"Europa está en el mundo de la exploración y Estados Unidos en el de la explotación", afirma Lang. Washington ha invertido en la última década en torno a 70.000 millones de dólares en capital riesgo para Defensa. Europa ha invertido aproximadamente 7.000 millones, una décima parte. Esa brecha de capital se traduce directamente en una brecha de capacidades. El Pentágono presentó en junio de 2025 varios prototipos de drones fabricados en Estados Unidos, construidos con componentes disponibles en el mercado y desarrollados en una media de solo 18 meses, un proceso que normalmente lleva seis años.

Estados Unidos se beneficia además de un mercado de adquisiciones único y unificado, por valor de más de 900.000 millones de dólares anuales. Los presupuestos de Defensa europeos suman en torno a 450.000 millones, pero se reparten entre decenas de sistemas nacionales de compras. "Los 900.000 millones son un solo mercado. Los 450.000 millones son todos los mercados de la UE juntos", subraya Lang.

En la actualidad, el 80% de las adquisiciones europeas sigue realizándose a escala nacional y el 90% de la I+D en Defensa se financia también a ese nivel. El resultado es duplicación, fragmentación e incapacidad para alcanzar la escala necesaria que permita convertir la investigación en capacidades reales.

La soberanía complica aún más las cosas. Muchos drones europeos utilizan componentes chinos, una dependencia que preocupa a los aliados de la OTAN y que suscita dudas sobre la seguridad de las cadenas de suministro.

Un camino de entre cinco y diez años

Los analistas coinciden en que Europa podría construir un ecosistema tecnológico de Defensa soberano, pero no con rapidez. Lang, coautor junto al general Lavigne, calcula que llevará "probablemente cinco, pero más bien diez años". La OTAN ya está creando centros de innovación en drones y programas conjuntos para normalizar tácticas de enjambres, inteligencia artificial y comunicaciones resilientes.

El objetivo es reducir la distancia entre la investigación europea y su lenta aplicación. Para ello hacen falta más recursos para las empresas emergentes, procedimientos de compra más ágiles y asumir que, en la guerra con drones, lo perfecto puede ser enemigo de lo oportuno.

"Ucrania está innovando a ritmo de guerra", advierte Lang. "Europa sigue a ritmo de paz". Cambiar ese ritmo, antes de que la próxima crisis obligue a hacerlo a la fuerza, es el reto de Defensa decisivo de esta década.

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