Ante una consulta de 'Euronews', el FC Barcelona evitó respaldar a Lamine Yamal tras las acusaciones del ministro de Defensa israelí de "incitar al odio contra Israel" por ondear una bandera palestina y se limitó a señalar que no tenía "ningún comentario" al respecto.
El FC Barcelona ha evitado pronunciarse sobre las acusaciones del ministro de Defensa israelí contra su jugador Lamine Yamal, al que reprocha haber "incitado al odio" tras ondear una bandera palestina durante un desfile de celebración.
El ministro, Israel Katz, aseguró que el gesto del futbolista, realizado durante los festejos por el título de Liga, supone "incitación al odio contra Israel y el pueblo judío". Además, cuestionó su actitud al señalar que quienes respaldan acciones como la de Yamal deberían plantearse si son "humanitarias" o "morales".
Katz añadió que el jugador decidió realizar ese gesto "mientras soldados israelíes combatían contra la organización terrorista Hamás", en referencia a los ataques del 7 de octubre. Katz hizo a continuación un llamamiento al Barcelona, el club de Yamal desde los 7 años, para que "deje claro que no hay lugar para la incitación ni el apoyo al terrorismo".
'Euronews' también se puso en contacto con el expresidente del Barcelona Joan Gaspart y con la Real Federación Española de Fútbol, que rige el fútbol en España y supervisa a la selección nacional, de la que Lamine Yamal es miembro.
Gaspart, que dirigió el club entre 2000 y 2003 tras haber sido vicepresidente durante 22 años, declaró que el ministro israelí de Defensa puede decir "lo que quiera" y que él "respeta su opinión". Cuando se le preguntó qué opinaba de que el FC Barcelona se negara a comentar las acusaciones contra Yamal, respondió: "Si el club ha dicho eso, no tengo nada más que añadir".
También sugirió que la mayoría de los 150.000 socios del club, que son copropietarios y eligen a sus dirigentes, estaría de acuerdo con la decisión del Barcelona de no comentar el asunto. "Pregúntenles", dijo.
Sobre Yamal ondeando una bandera palestina, argumentó que "el Barcelona debe centrarse en el fútbol", pero que cada uno puede "defender sus ideas a nivel personal". Sin embargo, añadió que "cuando estás en el Barcelona, tienes que intentar guardarte tus opiniones personales. Nunca expresé mi opinión personal cuando era presidente".
Sobre la reacción del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a los comentarios de Katz sobre Yamal, en los que Sánchez defendía al jugador, Gaspart dijo que no quería hacer comentarios: "No es seguidor del Barcelona, así que no voy a valorar lo que ha dicho".
Pero sí tuvo un mensaje para el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, que el martes dijo que la presunta corrupción del Barcelona era "el mayor escándalo de la historia del fútbol". Gaspart señaló: "Fue ridículo. Después de perder la Liga, culpó a todo el mundo menos a sí mismo".
El organismo rector del fútbol español también declinó hacer comentarios sobre el asunto, argumentando que Lamine Yamal solo es considerado jugador de la selección española cuando está concentrado con ella, y no con el Barcelona.
Yamal, considerado uno de los mejores jugadores de la selección española, fue incluido esta semana en la lista preliminar de convocados para la Copa Mundial de la FIFA 2026. También se espera que figure en la lista definitiva, a pesar de una lesión que le ha mantenido apartado del equipo del Barcelona en las últimas semanas.
Elogios y críticas
Yamal, de 18 años, hijo de madre guineano-ecuatoriana y padre marroquí, ya se ha pronunciado anteriormente sobre cuestiones sociales.
El jugador, de religión musulmana, condenó anteriormente como "ignorantes" y "racistas" a los aficionados españoles que entonaron cánticos de odio contra los musulmanes durante un partido amistoso con Egipto. No ha expresado públicamente su apoyo a Hamás ni a los atentados terroristas del 7 de octubre.
Su reciente gesto de ondear una bandera palestina ha suscitado tanto elogios como críticas. En Gaza, artistas locales han pintado en una pared un mural que representa a la estrella del Barcelona ondeando la bandera palestina.
En España, destacados políticos como el nacionalista catalán Gabriel Rufián han mostrado públicamente su apoyo. "Quizá algunos han pasado de la indiferencia a condenar el genocidio de Gaza simplemente porque ondeaba esa bandera", argumentó. Otros, como Elías Bendodo, del principal partido de la oposición en España, el Partido Popular, dijeron que "no se debe mezclar el deporte con otras cuestiones".
El entrenador de Yamal en el Barcelona adoptó un tono similar cuando se le preguntó. "Normalmente no me gustan estas cosas", dijo Hansi Flick durante una rueda de prensa el martes. "Pero ya es mayor, así que debería tomar sus propias decisiones". En declaraciones a 'Euronews', Joan Gaspart elogió a Flick: "Estoy totalmente de acuerdo con él. Lamine es joven y un gran jugador y debería escucharle".
Sin embargo, algunos medios de comunicación catalanes han criticado los comentarios de Flick. En 'Catalunya Ràdio', los comentaristas afirmaron que el técnico alemán no debería condicionar la libertad de expresión de Yamal. En internet, muchos aficionados también se manifestaron en contra de Hansi Flick, argumentando que sus opiniones sobre las acciones de Yamal están influidas por su agente, Pini Zahavi, ciudadano israelí. Por el momento no hay pruebas que respalden esa afirmación.
La disputa ha reavivado el debate sobre el papel de la expresión política en el deporte, especialmente cuando falta menos de un mes para la Copa del Mundo, organizada conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México.
Para el Barcelona, no es la primera vez que fútbol y política se cruzan. En 2017, días antes del referéndum independentista catalán, considerado ilegal, el club publicó un comunicado oficial en el que afirmaba que "siempre ha defendido el país (Cataluña), la democracia, la libertad de expresión y el derecho a la autodeterminación".
¿Estará (de nuevo) la política presente en la Copa Mundial de la FIFA?
En medio de las crecientes tensiones geopolíticas y de la guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel, la política ya ha desempeñado un papel en los debates en torno a la próxima Copa Mundial de la FIFA 2026. Por ejemplo, cuando Estados Unidos se disponía a coorganizar el torneo junto con Canadá y México, Irán afirmó en un momento dado que no participaría, antes de retractarse más tarde.
En un momento dado, un funcionario del Gobierno estadounidense llegó a sugerir a la FIFA que permitiera a Italia jugar en la Copa Mundial en lugar de Irán. Italia no se había clasificado tras perder la repesca contra Bosnia y Herzegovina. La última vez que su selección jugó en un Mundial fue en 2014.
Las normas de la FIFA otorgan al organismo rector del fútbol mundial "discreción exclusiva" para decidir qué sucede si un equipo es retirado o excluido de una competición. El artículo 6 de su reglamento de la Copa Mundial también permite a la organización sustituir un equipo por otro.
Sin embargo, poco después de que surgieran informaciones de que el enviado especial de Trump, Paolo Zampolli, había solicitado a la FIFA sustituir a Irán por Italia, se informó de que no se había presentado tal propuesta.
La situación actual recuerda a la del Mundial de Qatar 2022, en el que la política también ocupó un lugar destacado. Ese año, la FIFA prohibió a varios capitanes de equipo llevar brazaletes de apoyo a la inclusión del colectivo LGBTQ+ como parte de la campaña OneLove lanzada por la Real Asociación Neerlandesa de Fútbol.
La FIFA advirtió de que los jugadores que llevaran el brazalete corrían el riesgo de recibir una tarjeta amarilla, y la iniciativa se abandonó finalmente durante el torneo. El reglamento de la FIFA establece que las equipaciones de los equipos no deben contener "lemas políticos, religiosos o personales". El código de los estadios del torneo también prohibía pancartas, banderas y octavillas de "carácter político, ofensivo y/o discriminatorio".
La aplicación de estas normas durante el torneo de Qatar suscitó un intenso debate sobre su coherencia, ya que algunos argumentaron que las distintas formas de expresión política recibían un trato desigual.