La Unión Europea mantiene sobre la mesa la posibilidad de un veto a los servicios marítimos para petroleros rusos. Sin embargo, el cierre del estrecho de Ormuz, el silencio de sus aliados del G7 y la oposición de Grecia y Malta han hecho prácticamente imposible poner en práctica la medida.
Los funcionarios en Bruselas se muestran cada vez más pesimistas sobre las posibilidades de hacer cumplir una prohibición total de los servicios marítimos a los petroleros rusos, ya que factores internos y externos juegan en contra de la ambiciosa propuesta. "No va a ocurrir", comentó sin rodeos un alto diplomático.
El veto se aprobó a finales de abril como parte del vigésimo paquete de sanciones para asfixiar la economía de guerra de Moscú. Está concebido para imposibilitar todos los servicios relacionados con el transporte marítimo, incluidos los bancarios, de transporte, de abanderamiento y de seguros, para los buques cisterna que transporten petróleo ruso.
Lo más significativo es que esta medida de gran alcance quedó en suspenso sine die. El motivo oficial de la pausa era buscar un acuerdo a nivel del G7 siguiendo el ejemplo del tope al precio, que se adoptó junto con los aliados.
"Era la mejor manera de enviar la señal de que estábamos preparados", afirmó otro diplomático. "Fue una decisión deliberada".
Sin embargo, otros miembros del G7 han mostrado poco o ningún entusiasmo por seguir ese camino. Estados Unidos ha tomado la dirección contraria al conceder tres exenciones consecutivas a las sanciones sobre el petróleo ruso para hacer frente a la agitación desatada en el estrecho de Ormuz. Los últimos movimientos del Reino Unido también han levantado suspicacias en Bruselas.
Aunque la UE se ha negado en redondo a aliviar las sanciones, ha pospuesto una propuesta largamente esperada para eliminar gradualmente las importaciones de petróleo ruso. Los líderes del G7 se reunirán en Evian, Francia, a mediados de junio. Se espera la asistencia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien ha pedido sanciones más duras contra Rusia.
En público, la Comisión Europea, los países bálticos y los nórdicos siguen presionando para que se aplique la prohibición de servicios y se incrementen los costes materiales para el sector energético ruso.
Pero funcionarios y diplomáticos admiten que la agitación en los mercados energéticos, unida a los persistentes altos precios del petróleo, es un poderoso disuasivo para activar esta medida inédita, que se presentó pocas semanas antes de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques contra Irán.
"Los acontecimientos en el Golfo han cambiado claramente el cálculo sobre cualquier cosa relacionada con la energía", declaró David O'Sullivan, enviado de la UE para las sanciones, a 'Euronews' en una entrevista.
"Por el momento, todas las economías occidentales tienen dificultades para acceder a la energía a precios razonables y hay escasez de oferta en el ámbito, por ejemplo, de los productos refinados, como el diésel, el combustible de aviación y otros", añadió. "Por lo tanto, creo que, en este momento, no hay voluntad de adoptar medidas adicionales que puedan agravar esa situación".
Dos votos resultan decisivos
Además, Bruselas aún no ha conseguido el respaldo de dos Estados miembros con intereses directamente en juego, Grecia y Malta. El primero alberga una poderosa industria naviera, mientras que el segundo controla el mayor registrode buques de Europa.
Ambos países mediterráneos sostienen que la prohibición total de los servicios marítimos, si se impone sin coordinación en el G7, provocaría pérdidas económicas, reforzaría la 'flota fantasma' rusa y favorecería a los competidores chinos e indios.
Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Malta advirtió de que una acción unilateral por parte europea podría crear "lagunas" en el régimen de sanciones.
"El principal riesgo es la fragmentación. Si los socios de la coalición no actúan de forma cohesionada, los operadores pueden limitarse a cambiar de jurisdicción dentro de un mismo ecosistema, lo que reduce la eficacia de las sanciones. Por eso la coordinación es esencial", explicó el portavoz a 'Euronews'. "Las sanciones deben funcionar en la práctica, no solo en principio. Si los socios clave no están alineados, existe un riesgo real de que la actividad simplemente se traslade dentro del mismo espacio más amplio de la coalición, lo que socavaría el objetivo".
La Comisión está trabajando en un nuevo paquete de sanciones económicas que se presentará en los próximos días.A medida que se desvanecen las esperanzas de lograr una prohibición total, la atención se centra en otra iniciativa del G7, el tope al precio del petróleo ruso. Según las normas de la UE, ese tope debe ajustarse periódicamente para situarse un 15% por debajo del precio medio de mercado del crudo ruso.
Dado que el precio del crudo se ha disparado como respuesta a las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, ahora se espera que la próxima revisión, prevista para el 15 de julio, sea al alza y no a la baja. Entre los diplomáticos se espera que la UE encuentre una nueva fórmula para mantener ese tope y evitar dar a Moscú un alivio económico.