¿Qué tienen en común una antigua acería, un molino del siglo XVII y una fábrica de coches? Los tres son sedes industriales y turísticas. Seis regiones europeas promueven el turismo en zonas industriales con el proyecto IndusTour.
¿Qué hacer para evitar el que la masificación turística sature las ciudades medias? ¿Cómo fomentar un turismo más maduro, ligado a los habitantes, a su historia? Seis regiones de seis países europeos han puesto en marcha IndusTour, un proyecto que promueve el turismo en zonas industriales.
A finales de abril, una treintena de representantes ligados a este proyecto de Interreg, se dieron cita en la República Checa. Lucie Ševčíková del departamento de turismo de la región checa de Moravia-Silesia destaca que la práctica de visitar empresas y sedes industriales podría ser una alternativa a la masificación turística que viven ciudades como Praga, Venecia o Barcelona, por citar tan solo tres.
La región checa de Moravia Silesia, un pilar industrial del siglo XIX es pionera en turismo industrial.En Nošovice tiene su sede de producción en Europa Hyundai. Esta es una de las catorce fábricas de producción que el constructor de automóviles surcoreano tiene en el mundo. La planta checa cuenta con más de medio millar de robots, emplea a dos mil novecientas personas y participa en diversas experiencias ligadas al turismo industrial como Technotrail e IndusTour. En esta empresa que ocupa más de doscientas hectáreas, se fabrican mil quinientos automóviles al día, ante la mirada atenta de los visitantes. Ofrecen visitas guiadas gratuitas de entre hora y hora y media de duración, tres días a la semana, en inglés, alemán, francés, polaco y castellano. Según Barbora Hermanová, responsable de Relaciones Públicas de Hyundai Motor Manufacturing en la República checa, suelen ser grupos de treinta y cinco personas que recorren las instalaciones en un pequeño tren eléctrico con un guía. Las visitas son gratuitas.
Dolní Víktovice es el lugar más simbólico de Ostrava, una ciudad de más de doscientos ochenta mil habitantes, situada al este del país. La antigua acería cerró sus puertas en 1998 y las abrió de nuevo al público para explotar su potencial educativo y turístico. Visitantes y familias descubren el antiguo recinto, metamorfoseado con toque futurista, con una oferta que incluye festivales de música, un museo, eventos deportivos, un centro tecnológico y la torre Bolt de ochenta metros de altura con miradores y un bar desde el que se divisa el complejo industrial, Ostrava y los montes Beskides, en los Cárpatos. Lucia Foltínková, responsable comercial de turismo explica que en Dolní Víktovice “el año pasado fue el mejor porque superamos la barrera de los 1,7 millones de visitantes anuales, además acogemos a cientos de niños cada mes”.
El presupuesto total de IndusTourt es de 1,4 millones de euros. El ochenta por ciento ha sido financiado por política de cohesión europea. Además de le región checa de Moravia-Silesia, en este proyecto participan asimismo: la región francesa Auvernia-Ródano-Alpes, el Voivodato de Łódźen Polonia,Tønderen Dinamarca, Voivodinaen Serbia yChipre
La industria es también un saber hacer, a media hora de Ostrava el molino de Bartosovice, construido en 1678, es el único de la región y uno de los pocos del país en funcionamiento con este tipo de engranaje antiguo. Hoy activa poleas y anécdotas para un grupo de oriundos y visitantes. “Nos han mostrado los diferentes tipos de cereales: la cebada, la avena, el centeno y el trigo. Es la primera vez que visito este molino. Mi marido y yo nos hemos mudado a este pueblo y queríamos explorar los alrededores y descubrir qué cosas interesantes hay por aquí”, concluye Katerina Kristofová.