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Grecia recela de la posible cesión de F-35 de EE.UU. a Turquía

Kiriakos Mitsotakis asiste a la cumbre de la OTAN en Ankara
Kiriakos Mitsotakis asiste a la cumbre de la OTAN en Ankara Derechos de autor  AP
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Por Foteini Doulgkeri
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La línea roja de Atenas es que cualquier acuerdo para la entrega de sistemas de armamento avanzados debe incluir condiciones claras y garantías, de modo que no puedan utilizarse contra aliados de la OTAN ante la tensión con sus vecinos turcos por cuestiones como la soberanía chipriota.

Atenas sigue con especial atención la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Turquía tras la cumbre de la OTAN, con la cuestión de los cazas F-35 en el centro de las negociaciones, según señalan altas fuentes diplomáticas.

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Las mismas fuentes apuntan que este debate, que tuvo lugar al margen de la cumbre, no se vinculó a un cambio global en la imagen de las relaciones grecoturcas, sino sobre todo a la aparente sintonía entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Atenas, con una relación tensa con sus vecinos al otro lado del Egeo de acuerdo con estas fuentes, reconoce que las decisiones sobre programas de armamento constituyen una elección soberana de cada país y que ningún Estado puede imponer a otro cuál debe ser su política de adquisiciones.

No obstante, subrayan, Grecia traslada con claridad a sus aliados sus preocupaciones y expone cuál considera que es el marco de seguridad adecuado en la región, sobre todo cuando se trata de sistemas de armas avanzados que influyen en los equilibrios en el Mediterráneo oriental.

"No podemos imponer decisiones a nuestros aliados, pero tenemos la obligación de señalar las condiciones reales de seguridad y los parámetros que deben tenerse en cuenta", señalan estas mismas fuentes, que destacan que tampoco otros socios regionales, como Israel, deben determinar las decisiones estadounidenses.

Los F-35 y el factor S-400

En cuanto a la posibilidad de que Turquía regrese al programa de los F-35, estas fuentes señalan que todavía no existe una decisión definitiva por parte de Estados Unidos. El asunto, explican, sigue siendo complejo, ya que está directamente vinculado a las disposiciones de la legislación estadounidense y al procedimiento necesario para introducir cualquier cambio en la situación actual.

Turquía participó como país coproductor en el programa de los F-35 desde 2007 hasta 2019, cuando fue apartada debido a la adquisición del sistema ruso S-400. Para reexaminar el caso se requieren garantías concretas y pruebas de que ya no existe un problema de seguridad que afecte al programa.

La "línea roja" de Atenas: ninguna arma contra aliados

La posición griega, según las mismas fuentes, no tiene que ver con un intento de obstaculizar la política estadounidense, sino con la necesidad de garantizar que el uso de sistemas de armas avanzados no genere nuevos focos de tensión entre aliados. Atenas considera evidente que cualquier acuerdo para el suministro de sistemas de armas modernos debe incluir condiciones claras y cláusulas de seguridad que impidan su utilización contra aliados.

Como explican las mismas fuentes, cuando existe una amenaza de guerra (casus belli) formulada o una disputa sobre derechos de soberanía entre países que pertenecen a la misma alianza, se plantea una cuestión de fondo sobre la compatibilidad de reforzar a un país con el principio de defensa colectiva. Atenas sostiene que el refuerzo de la capacidad disuasoria de los aliados debe servir a la estabilidad y no crear situaciones de inseguridad dentro de la propia Alianza.

En este mismo contexto, las altas fuentes diplomáticas dejan claro que el enfoque griego no se refiere a imponer decisiones a los aliados ni a ejercer un veto sobre los programas de armamento de terceros países, algo que en cualquier caso no está previsto. Atenas reconoce que cada país define su propia política de adquisiciones, pero considera que tiene el derecho y la obligación de trasladar a sus aliados sus preocupaciones y de plantear las cuestiones de seguridad que juzga cruciales para la estabilidad de la región.

En este marco, las altas fuentes diplomáticas señalan que Grecia sigue buscando mantener canales de comunicación abiertos con Turquía, sin renunciar, sin embargo, a sus posiciones fundamentales.

Atenas considera que el diálogo puede contribuir a reducir la tensión, pero al mismo tiempo subraya que las relaciones de alianza requieren respeto al derecho internacional, renuncia a las amenazas de uso de la fuerza y garantía de que las capacidades de defensa de cada país no se dirigen contra otros miembros de la misma alianza.

La cuestión de los F-35, según las mismas fuentes, no se aborda desde Atenas como un simple asunto de armamento, sino como parte de un debate más amplio sobre la arquitectura de seguridad en el Mediterráneo oriental y la cohesión de la OTAN.

La 'Patria Azul' y la condición de levantar la amenaza de guerra

Altas fuentes diplomáticas señalan que Atenas sigue considerando la doctrina de la 'Patria Azul' o 'Mavi Vatan' (según la cual la República de Turquía tiene derecho a reivindicar aguas del Mar Negro en el norte, el Egeo en el oeste, y el Mediterráneo en el sur) una visión problemática que crea tensiones en las relaciones grecoturcas y no se ajusta al marco de cooperación que se exige entre dos aliados en la OTAN.

Las mismas fuentes indican que la parte griega no busca una confrontación en el plano de la retórica, pero insiste en que las relaciones entre los dos países solo pueden avanzar sobre la base de principios concretos y del derecho internacional. En relación con la delimitación de las zonas marítimas, se señala que Atenas considera que se trata de la única diferencia que puede ser objeto de un diálogo sustantivo, siempre que exista la preparación técnica necesaria y que Turquía acuda con un enfoque similar.

Al mismo tiempo, estas fuentes subrayan que la existencia de una amenaza de guerra por parte de Turquía constituye un asunto fundamental para Grecia y no puede tratarse como una simple discrepancia política.

Atenas considera que mientras siga en vigor la amenaza de uso de la fuerza, se crea un problema de fondo respecto a la participación de Turquía en cualquier forma más profunda de defensa colectiva y de cooperación de defensa europea. La posición griega, según las mismas fuentes, es que el levantamiento de esta amenaza constituiría un paso decisivo para crear un clima diferente en las relaciones entre los dos países.

La relación estratégica entre Grecia e Israel

En cuanto a las relaciones entre Grecia e Israel, altas fuentes diplomáticas subrayan que la cooperación estratégica entre los dos países no se basa únicamente en las preocupaciones compartidas por la evolución regional, sino en una convergencia más amplia de intereses en materia de seguridad, energía, tecnología y estabilidad geopolítica.

Las mismas fuentes destacan que Atenas considera que la relación con Israel tiene un valor estratégico propio y no es el resultado de un acercamiento coyuntural ni de una visión común respecto a terceros países. Al mismo tiempo, señalan que Grecia mantiene la capacidad de expresar de forma autónoma sus posiciones en los foros internacionales y no se identifica necesariamente con todas las opciones de ninguno de sus socios.

Según estas mismas evaluaciones, el desarrollo de la cooperación grecoisraelí no ha actuado como freno en las relaciones de Grecia con países árabes como Egipto, Jordania y los países del Golfo. Al contrario, Atenas considera que su política regional multidimensional refuerza su papel como factor de estabilidad en el Mediterráneo oriental.

La unión aduanera UE-Turquía y la cuestión chipriota: las condiciones europeas para Ankara

Altas fuentes diplomáticas señalan que la actualización de la unión aduanera entre la Unión Europea y Turquía y la normalización de las relaciones entre la UE y Turquía siguen siendo cuestiones complejas y no registran hasta ahora avances sustanciales.

Explican que la profundización de la unión aduanera está directamente relacionada con la obligación de Turquía de aplicar plenamente las obligaciones derivadas del acervo comunitario respecto a todos los Estados miembros de la Unión. En este contexto, la cuestión chipriota es un factor determinante, ya que el cumplimiento por parte de Turquía de sus obligaciones europeas hacia la República de Chipre sigue siendo uno de los principales obstáculos.

Las mismas fuentes subrayan que Grecia, en coordinación con la República de Chipre, no se opone en principio a un posible avance en las relaciones entre la UE y Turquía, siempre que este se base en el pleno respeto del derecho europeo y de las obligaciones que tiene todo país candidato o asociado con respecto a la Unión Europea.

En lo que respecta a la cuestión chipriota, se subraya que en este momento no existe fecha acordada para la convocatoria de una nueva conferencia a cinco partes. Los contactos continúan bajo la coordinación de Naciones Unidas, con el secretario general, su enviado personal, las dos comunidades en Chipre y la Unión Europea en comunicación permanente.

Atenas, según las mismas informaciones, mantiene un contacto estrecho tanto con el Gobierno chipriota como con Naciones Unidas y considera que se necesita una preparación cuidadosa para crear las condiciones adecuadas para reanudar un proceso sustantivo, y que con toda probabilidad la conferencia ampliada a cinco partes prevista para la cuestión chipriota no se convocará en el futuro inmediato.

La preparación para la presidencia griega de la UE

Altas fuentes diplomáticas indican que la preparación para la asunción por Grecia de la presidencia del Consejo de la Unión Europea se encuentra en una fase muy avanzada, con Atenas habiendo completado ya pasos organizativos importantes.

Señalan que ha avanzado la dotación de personal de las estructuras competentes, tanto en la Oficina de la Presidencia como en la Representación Permanente de Grecia en Bruselas, mientras que en gran medida ya se han definido las prioridades básicas de la agenda de la presidencia griega.

Las mismas fuentes subrayan que la opción del Gobierno ha sido seguir un procedimiento con mayores niveles de transparencia para la selección de personal de la Presidencia, mediante procesos abiertos y evaluación de los candidatos, en lugar de nombramientos directos.

Según estas mismas evaluaciones, la parte griega aspira a que la Presidencia sea una oportunidad para poner de relieve el papel europeo del país, con énfasis en la coordinación con las instituciones europeas y en las prioridades que se marquen en la agenda europea.

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