La destitución del ministro de Defensa Mykhailo Fedorov tras su enfrentamiento con el jefe del Ejército ha desencadenado protestas y abierto una nueva crisis política para Volodímir Zelenski.
Lo que empezó como un clamor espontáneo por la destitución de Mykhailo Fedorov se ha convertido en una ola de indignación pública por la manera en que Volodímir Zelenski gestiona el Ejército, con manifestantes que exigen cambios radicales en la alta comandancia militar.
Zelenski intenta ahora contener un duro pulso entre el ahora exministro de Defensa, de perfil reformista y respaldado ampliamente por el estamento militar y la sociedad civil, y el jefe del Ejército, pieza clave del esfuerzo bélico de Ucrania.
El domingo 12 de julio, Zelenski anunció una amplia remodelación de su gabinete, con las elecciones en todo el país suspendidas bajo la ley marcial por la guerra. Los rumores sobre una posible dimisión de la primera ministra circulaban desde hacía semanas, pero las fuentes consultadas por 'Euronews' esperaban inicialmente que la reestructuración se produjera a finales de agosto o ya en otoño.
Sin embargo, cinco días antes del primer aniversario del Gobierno de Yulia Svyrydenko, la primera ministra fue destituida del cargo. La destitución de Svyrydenko y el rápido nombramiento de Sergii Koretskyi como nuevo primer ministro apenas tuvieron eco en el debate público, pero la cartera de Defensa desató una auténtica tormenta.
El jueves, los diputados aprobaron un gabinete de guerra renovado prácticamente al completo y la candidatura de Koretskyi, anteriormente director ejecutivo del gigante energético estatal Naftogaz. Dentro del Parlamento, Koretskyi prometió centrarse en la defensa, la estabilidad económica y la integración en la UE. Fuera, miles de manifestantes dejaron claro que la verdadera batalla, sobre quién controla las Fuerzas Armadas y cómo, no ha hecho más que empezar.
Escándalo en el Ministerio de Defensa
Si los cambios en la cúpula del Gobierno encajan en un patrón ya conocido de Zelenski, que busca gestores tecnócratas para apuntalar la economía en tiempo de guerra, la agitación en el Ministerio de Defensa ha abierto un frente mucho más volátil. Las protestas en Kiev y otras ciudades han entrado en su segundo día sin señales de agotarse, mientras las multitudes reclaman una reforma más profunda de la cúpula militar y denuncian la destitución del joven ministro de Defensa.
Mykhailo Fedorov, ensalzado como el rostro de una nueva generación de reformistas, ofreció una rueda de prensa explosiva el jueves tras su destitución, en la que acusó al comandante en jefe Oleksandr Syrskyi de bloquear la reforma militar, alimentar las divisiones y "partir el país". El exministro explicó a los periodistas que Zelenski había decidido mantener a Syrskyi y prescindir de él.
El viernes, el asesor presidencial Dmytro Lytvyn elogió la intervención de Fedorov: "Ha sido una rueda de prensa realmente excelente y, si los representantes del Gobierno se comunicaran con esta apertura y claridad más a menudo, las cosas serían mucho más fáciles para todos nosotros aquí", dijo en un canal de WhatsApp. Pero Lytvyn siguió sin explicar por qué Fedorov fue destituido. "Cuando se hayan aplicado todos los cambios, lo explicaremos con más detalle", aseguró a los periodistas.
Silencio en la oficina del presidente
Desde que empezaron a circular los rumores sobre la remodelación, un grupo de WhatsApp con la oficina del presidente se llenó de mensajes, pero decenas de preguntas de medios ucranianos e internacionales quedaron sin respuesta mientras se consumaban los cambios.
Ni siquiera la noticia de la destitución de Fedorov salió de boca de Zelenski, responsable de la decisión, sino del propio ministro. La tarde del jueves, el presidente de Ucrania anunció el nombramiento del jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), Yevhenii Khmara, como ministro de Defensa en funciones.
Al hablar con los periodistas en el chat presidencial de WhatsApp el viernes, Lytvyn trató de justificar el nombramiento de Khmara y la caótica puesta en marcha de los cambios, pese a elogiar la rueda de prensa del exministro de Defensa. "Lo que marca ahora la dinámica son los ataques de largo y medio alcance (...) Khmara es realmente brillante en eso".
¿Y ahora qué?
La elección a última hora de un ministro de Defensa en funciones procedente de los servicios de seguridad ha reforzado aún más la percepción de que Zelenski estaría blindándose a sí mismo y a su equipo en lugar de afrontar las frustraciones sobre la estrategia, la movilización y las condiciones en el frente.
Al intentar afirmar su control sobre el aparato de Defensa, Zelenski se ha metido de lleno en una crisis política sin haber previsto la magnitud de la reacción por la destitución de Fedorov y ahora ve reducidas sus opciones.
Restituir a Fedorov se interpretaría como una marcha atrás personal y podría agravar la brecha con Syrskyi, el máximo responsable del Ejército, mientras que seguir adelante con un nuevo ministro en funciones en plena escalada de las protestas podría consolidar la imagen de un presidente sordo y ciego ante la opinión pública en tiempo de guerra. Las demandas de los manifestantes han ido ya más allá del destino de un ministro popular y se han convertido en llamamientos a una "revisión total" de la cúpula militar.
Las lecciones de las protestas del verano pasado
Las escenas de esta semana frente a la oficina presidencial evocan las protestas del verano pasado. En julio de 2025, el intento de Zelenski de someter a un mayor control la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) y la Fiscalía Especializada Anticorrupción (SAPO) desencadenó las mayores protestas en las calles desde la invasión a gran escala, cuando activistas, organizaciones de vigilancia contra la corrupción y ciudadanos de a pie se movilizaron contra una ley que, según advertían, dañaría la independencia de esos organismos.
Entonces, la UE lanzó una reprimenda inusualmente dura, advirtiendo de "un grave retroceso" para las perspectivas de adhesión de Ucrania, mientras la propia NABU y la SAPO daban públicamente la voz de alarma.
Presionado cada vez más por la sociedad civil y por sus socios europeos, Zelenski se vio obligado a dar marcha atrás y presentó una nueva legislación que se describió como restauradora de "garantías plenas de independencia de los organismos anticorrupción", que el Parlamento acabó aprobando para devolverles su autonomía.
Apoyándose en la experiencia duramente ganada desde el Maidán y en décadas de movilización política, la veterana sociedad civil ucraniana sabe que una presión sostenida y organizada, sobre todo cuando cuenta con el respaldo de aliados internacionales, puede obligar al presidente a replantearse incluso las decisiones más controvertidas. En la situación actual, tienen muy pocos incentivos para disolverse antes de que se atiendan sus demandas sobre la dirección militar y política de Ucrania.