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El 'no' de Islandia a la UE muestra que la economía pesa más que la seguridad

Un caza JAS 39 Gripen de la Fuerza Aérea sueca despega de la base aérea de Keflavik, en Islandia, como parte de la actividad Arctic Sentry de la OTAN.
Un caza JAS 39 Gripen de la Fuerza Aérea sueca despega de la base aérea de Keflavik en Islandia, desplegado en la actividad Arctic Sentry de la OTAN. Derechos de autor  NATO
Derechos de autor NATO
Por Luca Bertuzzi
Publicado última actualización
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Islandia rechaza reabrir las negociaciones de adhesión a la UE, un revés para Bruselas, que confiaba en que las crecientes preocupaciones de seguridad acercaran al bloque a sus vecinos europeos más ricos.

El rechazo de Islandia a reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea ha supuesto un revés para Bruselas, que confiaba en utilizar su creciente papel en Defensa y seguridad como argumento para atraer a los países europeos más ricos que permanecen fuera del bloque.

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Tras el anuncio del Gobierno islandés de convocar un referéndum sobre la reanudación de las negociaciones de adhesión al bloque, los responsables comunitarios celebraron el movimiento como una señal de que la Unión está pasando de ser percibida únicamente como un mercado a ser vista como un actor político de pleno derecho. Se esperaba así que las consideraciones de seguridad prevalecieran sobre la histórica reticencia de los países nórdicos más ricos a incorporarse a la Unión.

"En un mundo en el que afrontamos presiones desde el Este y el Oeste, en el que viejas alianzas se desdibujan y surgen otras nuevas, en el que las dependencias se convierten en armas y en el que sufrimos ataques directos contra nuestra democracia y nuestro modo de vida, hacernos más fuertes juntos es nuestro mayor activo", afirmó la comisaria de Ampliación, Marta Kos, en una conferencia la semana pasada.

Con el 52,8% de los votantes islandeses rechazando la reanudación de las negociaciones de adhesión a la UE, Bruselas tendrá ahora que preguntarse si realmente puede ofrecer a los países candidatos un argumento de seguridad convincente.

Cambio en el orden mundial

Los últimos acontecimientos geopolíticos reforzaban este razonamiento: el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con apoderarse de Groenlandia por la fuerza, la guerra de agresión de Rusia en Ucrania entró en su quinto año y el Ártico se está convirtiendo en un escenario cada vez más disputado para acceder a tierras raras y a nuevas rutas comerciales.

En abril, la primera ministra de Islandia, Kristrún Frostadóttir, declaró a 'Euronews' que esperaba que el cambio en el orden geopolítico influiría en el debate público sobre el referéndum, aunque insistió en que no quería que la discusión se guiara por el miedo.

Bruselas también empezó a cuestionarse cómo podía reforzar la garantía de seguridad prevista en el artículo 42.7 del tratado de la UE, tras un ataque con drones, probablemente llevado a cabo por Hezbolá con un dron de fabricación iraní, contra la base aérea británica en Chipre, uno de los pocos Estados miembros que no forma parte de la OTAN.

Una encuesta del Eurobarómetro realizada en primavera constató que el 75% de los europeos considera que la UE es un lugar de estabilidad en un mundo convulso, y que la proporción de personas que perciben las ventajas de pertenecer a la Unión Europea alcanzó un máximo histórico.

Sin embargo, el histórico referéndum del sábado supuso un contundente baño de realidad para Bruselas, ya que los votantes islandeses rechazaron la posibilidad de negociar la adhesión a la UE tras una campaña centrada sobre todo en cuestiones económicas.

"El referéndum de Islandia ha sido un jarro de agua fría sobre el papel que desempeña la UE como proveedor de seguridad", señaló a 'Euronews' Chris Kremidas-Courtney, asesor sénior del European Policy Centre. "La adhesión a la UE no ofrecía ninguna garantía territorial de seguridad exclusiva. El referéndum se decidió por tanto sobre el pacto económico, especialmente en materia de pesca, moneda y soberanía", añadió Kremidas-Courtney.

Islandia y la Unión Europea: la economía pesa más que la seguridad

En ambos bandos, la economía ocupó el centro del debate durante la campaña del referéndum, al menos en apariencia. Para el bando del 'sí', el objetivo era adoptar el euro como vía para abaratar los tipos de interés de la deuda del Estado y ofrecer un alivio inmediato en las hipotecas y la inflación. Para el bando del 'no', la prioridad era mantener el control islandés sobre la pesca y la agricultura.

Para Hulda Thorisdottir, profesora de la Universidad de Islandia, el referéndum tocó una fibra más profunda sobre la soberanía y la independencia nacionales y, en un plano más amplio, sobre el lugar de Islandia en el mundo, y la campaña del 'no' supo conectar con cuestiones mucho más ligadas a la identidad islandesa.

"El componente de seguridad puede haber reforzado las posiciones de quienes ya se inclinaban hacia el 'sí' o hacia el 'no', a la luz de sus convicciones previas. Pero no fue un tema decisivo durante la campaña, estuvo mucho menos presente de lo que muchos anticipaban", explicó Thorisdottir a 'Euronews'.

Thorisdottir sostiene que la Defensa y la seguridad probablemente son la principal preocupación de las élites políticas, inquietas por la evolución internacional, mientras que la gente común se preocupa más por las cuestiones económicas del día a día.

El argumento de la seguridad pudo jugar en ambas direcciones, el debate sobre el rearme de Europa y la creación de un Ejército europeo generó inquietud entre los islandeses ante la posibilidad de que se les exigiera servir en las fuerzas armadas para Bruselas.

La cuestión de la Defensa remite a una antigua ambigüedad de la sociedad islandesa, que se percibe a sí misma a la vez como miembro fundador de la OTAN dentro de una alianza internacional bien definida y como un país amante de la paz que no tiene ejército permanente.

Islandia confía más en la OTAN que en la seguridad de la UE

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Suecia y Finlandia solicitaron de inmediato su ingreso en la OTAN. No se registró ningún impulso similar hacia la adhesión a la UE entre sus vecinos más próximos, como Noruega e Islandia.

Noruega e Islandia ya son miembros de la OTAN y están profundamente integradas en la arquitectura de seguridad europea. Pese al retraimiento de Estados Unidos de la alianza bajo el impulso de Trump, ambos países parecen considerar que la pertenencia a la OTAN es suficiente y que Bruselas tiene poco más que ofrecer en este terreno.

"Si el Gobierno noruego dejara de creer que la garantía de seguridad de la OTAN es creíble, ya habría iniciado conversaciones sobre la adhesión a la UE", afirma Espen Emil Thygesen, asesor del laboratorio de ideas noruego Agenda.

"Noruega ya está profundamente integrada en la cooperación en materia de Defensa de la UE. El cálculo con el votante medio probablemente es que el coste de la plena adhesión superaría los beneficios en seguridad. Con o sin adhesión, la UE también tiene interés en mantener cerca a Noruega e Islandia", añade Thygesen.

En una recomendación sobre seguridad en el Ártico adoptada el año pasado, el Parlamento Europeo llegó a sugerir que la garantía de seguridad de la UE prevista en el artículo 42.7 se extendiera a Noruega, como parte de una cooperación más estrecha con Oslo para cubrir lagunas críticas en la defensa colectiva de Europa.

Noruega, por su parte, considera que dispone de una influencia significativa en Washington, dado su papel en la vigilancia de la flota de submarinos nucleares de Rusia en la península de Kola.

Islandia, a su vez, no se sintió amenazada por las reivindicaciones de Trump sobre Groenlandia, se ve a sí misma como un país mucho más independiente y no tan rico en los recursos naturales que interesan a los estadounidenses. "En última instancia, los islandeses siguen viendo la UE principalmente como un mercado al que se puede entrar, o no", concluyó Kremidas-Courtney, del EPC.

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