La investigación del ECFR revela que la mayoría de los europeos desea una Europa más fuerte y unida, pero duda que sea posible. Hasta un 68% de los encuestados percibe una situación de declive.
En su discurso sobre el estado de la Unión, Ursula von der Leyen advirtió de una "batalla de relatos" que busca debilitar la confianza en Europa. Un nuevo estudio, 'Future Nostalgia: Europe's Unfinished Song', publicado por el European Council on Foreign Relations (ECFR) y la European Cultural Foundation (ECF), sostiene que este problema de confianza es real.
Sus autores lo definen como una "brecha de imaginación": la mayoría de los europeos sigue deseando un continente más fuerte y más unido, pero muchos dudan de que llegue a serlo alguna vez. Las conclusiones, basadas en casi 6.000 entrevistas en seis países, dibujan la imagen de una opinión pública que no ha abandonado el proyecto europeo, pero que en gran medida ha perdido la confianza en su capacidad para ofrecer resultados.
Un continente que se prepara para el declive
De media, el 68% de los encuestados describe la situación actual de Europa en términos de "deterioro general o pérdida de normalidad". Solo el 12% la ve como un momento de "despertar o renovación". El pesimismo varía según el país: es más acusado en Francia, donde supera el 80%, y menos extendido en el Reino Unido, donde aun así afecta a la mayoría, aunque con menor margen.
Preguntados por los mayores retos de Europa, la guerra y la seguridad se sitúan en primer lugar con un 43%, porcentaje que sube al 47% en Polonia y el Reino Unido, donde la guerra en las fronteras europeas y sus consecuencias pesan especialmente en la opinión pública. Las presiones económicas aparecen en segundo lugar con un 33%, aunque su peso difiere de manera notable entre países: el 41% de los italianos la señala como el principal desafío de Europa, frente a solo el 23% en Polonia y los Países Bajos.
El veredicto sobre la respuesta europea, sea cual sea la preocupación, es contundente: el 74% afirma que la Unión gestiona mal sus desafíos y el 56% cree que su futuro está realmente "en peligro", frente a solo el 21% que discrepa.
El sueño sigue vivo
Pese al pesimismo, el estudio detecta poco deseo de retirarse. En torno al 73% de los encuestados mantiene lo que los investigadores consideran una "visión positiva" del futuro de Europa, frente al 14% con una visión negativa y el 13% que no expresa una visión clara.
Al describir sus expectativas sobre Europa dentro de dos décadas, los encuestados mencionan sobre todo una mayor unidad e integración política, seguida de la paz y la seguridad, y de la prosperidad y el bienestar compartido. Ese es el gran paradoxo que recorre el informe: los europeos no han renunciado a la idea de una Europa más fuerte y más unida.
Incluso quienes se sienten más inquietos por el rumbo del continente tienden a seguir vinculados al proyecto europeo en lugar de volverse contra él. Lo que han perdido no es la fe en la visión, sino en la posibilidad real de que se haga realidad.
Por qué se erosiona la confianza
El estudio identifica motivos concretos y recurrentes detrás de esa desconfianza. Casi una tercera parte de los encuestados, el 32%, describe a Europa como demasiado lenta a la hora de actuar, una crítica que supera el 40% en Alemania y Países Bajos, donde la cuestión se ha convertido en un tema fijo del debate político interno.
Es una crítica que la propia Von der Leyen pareció anticipar en su discurso, cuando dijo a los eurodiputados que "en la economía actual, la rapidez es esencial" al defender su agenda de simplificación para reducir la carga administrativa. Casi tantos, el 30%, consideran que Europa es incoherente y que no está a la altura de los valores que dice representar.
Quizá el dato más revelador es que el 44% de los encuestados, casi la mitad, no pudo citar ni un solo ejemplo reciente de una actuación europea que haya salido bien. Los investigadores señalan que esta ausencia de "victorias" visibles es clave para entender por qué a la ciudadanía le cuesta imaginar un camino creíble desde la Europa de hoy hasta la que desea.
Un déficit de imaginación, no una crisis de legitimidad
Según Pawel Zerka, investigador sénior del ECFR y autor principal del estudio, las conclusiones no deben confundirse con un aumento del euroescepticismo. Incluso entre los sectores más inquietos de la opinión pública, el apego al proyecto europeo sigue siendo fuerte. El problema es de credibilidad, no de compromiso.
"Para muchas de las personas con las que hablamos, el problema no es que hayan dejado de querer una Europa más fuerte, sino que ya no creen que sea alcanzable", afirma Zerka. "La gente puede imaginar el tipo de Europa que quiere ver, pero le cuesta visualizar un camino creíble desde la situación actual hasta donde le gustaría llegar".
El informe sostiene que para cerrar esta brecha hace falta menos énfasis en las grandes promesas y más pruebas visibles de que la cooperación europea puede ofrecer resultados que la gente perciba en su vida cotidiana. En su discurso, von der Leyen pidió a los europeos que "contraataquen" frente a las fuerzas que buscan dividir a la Unión y minar la confianza en el proyecto europeo. El estudio sugiere que esta batalla se ganará menos con retórica que con hechos.