Mientras el lanzamiento de satélites se dispara y los desechos orbitales se multiplican, las autoridades aéreas intentan evitar que la basura espacial provoque la próxima gran interrupción de vuelos
Aunque un retraso o desvío de un vuelo por mal tiempo resulte de lo más rutinario, ¿qué pasa con un retraso provocado por la caída de basura espacial? Aunque suene a película de catástrofes de serie B, los expertos advierten de que los restos de satélites son un riesgo creciente para el que los operadores aéreos deben prepararse.
Hasta la fecha no se ha confirmado ningún caso de avión comercial alcanzado por basura espacial, pero las probabilidades están cambiando a medida que aumenta tanto el número de satélites en órbita como la frecuencia de los vuelos de pasajeros.
Un estudio publicado recientemente en la revista 'Scientific Reports' señalaba que cada año existe un 26 por ciento de probabilidades de que la reentrada incontrolada de un cohete se produzca sobre regiones muy congestionadas como el norte de Europa, el nordeste de Estados Unidos o los principales nodos del área Asia-Pacífico.
Pero eso no significa que haya un 26 por ciento de posibilidades de que un avión resulte alcanzado. EUROCONTROL, el organismo que gestiona el tráfico aéreo en 42 países, explicó a Euronews Next que ese porcentaje refleja la probabilidad de que la trayectoria de un cohete en caída atraviese un espacio aéreo muy transitado, lo que obligaría a las autoridades a cerrarlo por precaución. En realidad, la probabilidad global de una colisión real con una aeronave sigue siendo extremadamente baja y se calcula en torno a una entre un millón de años con los niveles de tráfico actuales.
Sin embargo, incluso un cierre "preventivo" puede tener un impacto enorme en los viajeros. En 2022, por ejemplo, parte del espacio aéreo sobre España y de los espacios aéreos vecinos franceses se cerraron al tráfico en una de las trayectorias previstas de los restos de un cohete chino. Solo ese episodio retrasó cientos de vuelos y costó millones de euros, pese a que ningún avión resultó afectado y los fragmentos acabaron cayendo al océano a miles de kilómetros de distancia.
En la actualidad, EUROCONTROL ya supervisa activamente los lanzamientos y reentradas de cohetes que afectan al espacio aéreo europeo y, con el apoyo de instituciones como EU-SST, comparte información cuando es necesario e integra los posibles escenarios de reentrada de restos espaciales en sus protocolos de gestión de crisis.
Por qué la basura espacial resiste el calor
Una de las principales razones de preocupación es que el material espacial está construido para ser extraordinariamente resistente. Stijn Lemmens, analista principal de desechos espaciales en la Agencia Espacial Europea, explica que "el problema es que cuando se diseña un objeto para ir al espacio tiene que sobrevivir al lanzamiento, así que es sólido y rígido".
Los depósitos de combustible fabricados con titanio de alta calidad son, por ejemplo, uno de los elementos que más suelen llegar a convertirse en basura espacial.
La mayoría de los restos espaciales no se identifican tan fácilmente. Lemmens explicó a Euronews Next que se parecen "a un equipo que se ha metido en un horno", del que solo queda un bloque de metal erosionado por el calor.
Para comprender mejor el proceso de regreso a la Tierra envuelto en llamas, la ESA prepara una misión pionera llamada Destructive Reentry Assessment Container Object (DRACO), cuyo lanzamiento está previsto para 2027. Este satélite del tamaño de una lavadora es básicamente una "misión suicida" diseñada para registrar desde dentro su propia destrucción.
Cuando el satélite empiece a desintegrarse, una cápsula indestructible de 40 centímetros especialmente diseñada actuará como "caja negra" en su interior. Estará conectada a 200 sensores y a cuatro cámaras repartidos por todo el satélite, que medirán las temperaturas y las tensiones que sufre el metal a medida que se fragmenta.
Una vez que el satélite principal se haya reducido a polvo, la cápsula caerá hacia el océano, desplegará un paracaídas para frenar y enviará durante unos instantes sus valiosos datos a un satélite geoestacionario, para que los expertos en la Tierra puedan analizarlos.
Esa información es crucial porque, como señala Lemmens, "hoy por hoy es imposible reproducir exactamente esas condiciones en tierra".
Diseñar una reentrada "amable"
Los datos de DRACO ayudarán a los ingenieros a diseñar satélites llamados "desechables" o "demisables", es decir, construidos para desintegrarse y vaporizarse por completo antes de alcanzar las altitudes a las que vuelan los aviones llenos de turistas.
Tras diez años de investigación, la ESA está probando tecnologías como arandelas y soportes "demisables"; la idea es que actúen como puntos de ruptura para ayudar a que una nave se fragmente durante la reentrada. Los ingenieros también estudian sustituir los depósitos de titanio por aleaciones de aluminio que se funden con mayor facilidad, aunque Lemmens advierte de que "una solución que funciona para un satélite puede no servir para otro".
El objetivo a largo plazo es que las reentradas controladas, en las que el objeto se dirige hacia una zona remota del océano, se conviertan en el procedimiento estándar para todas las grandes etapas de cohetes.
Un cielo cada vez más complejo
Nuestros cielos están cada vez más saturados. Se prevé que el tráfico aéreo en Europa crezca hasta un 2,4 por ciento anual de aquí a 2050 y se observa una clara tendencia hacia un mayor número de vuelos de largo recorrido, así como ajustes en las rutas para mitigar riesgos geopolíticos y optimizar los tiempos de vuelo con el fin de reducir las emisiones.
A todo ello se suma una nueva categoría de viajeros, desde turistas espaciales suborbitales al estilo Katy Perry hasta globos estratosféricos de comunicaciones que se desplazan lentamente y, quizá en un futuro no muy lejano, vehículos hipersónicos punto a punto que den la vuelta al planeta. Las zonas urbanas densamente pobladas empezarán además a ver drones de pasajeros de despegue y aterrizaje vertical (VTOL).
Gestionar estos riesgos exigirá una coordinación mucho mejor entre los controladores aéreos y la comunidad espacial. EUROCONTROL trabaja para abandonar las respuestas "caso por caso" y avanzar hacia un servicio permanente que supervise en tiempo real los eventos espaciales. El objetivo es disponer de una visión integrada y por capas del cielo y del espacio, desde el entorno urbano hasta la órbita baja terrestre.
De cara al futuro, EUROCONTROL asegura que le gustaría ver una coordinación más estrecha en la que participen también los nuevos y los ya consolidados actores privados del sector espacial, desde simulacros conjuntos entre aerolíneas y ejércitos hasta los propios operadores de naves espaciales.
Y, por último, si algún fragmento llega a atravesar las capas altas de la atmósfera, la agencia pide a todos que sean transparentes y precisos sobre cómo y por qué una pieza de metal o de material compuesto ha alcanzado altitudes más bajas y, por tanto, más arriesgadas. En resumen, si es tu trozo de nave humeante el que llega a tierra firme, reconoce la responsabilidad y comparte los datos para contribuir a la seguridad de todos los viajeros.