Alemania anuncia un plan de 2.000 millones de euros para acelerar la fusión nuclear ante el bloqueo del estrecho de Ormuz. El Gobierno del canciller Friedrich Merz apuesta por la 'startup' Proxima Fusion para alcanzar la soberanía energética en la próxima década.
Desde que la guerra en Irán comenzó el 28 de febrero, la cuestión energética ha vuelto a ocupar los titulares internacionales. El conflicto y la posterior decisión de Irán de restringir drásticamente los envíos a través del estrecho de Ormuz, una ruta vital para el transporte mundial de petróleo, han desencadenado lo que la Agencia Internacional de la Energía ha descrito como la mayor perturbación de la oferta en la historia del mercado petrolero.
La crisis ha llevado a los responsables políticos europeos a revisar su dependencia de los combustibles fósiles importados y a buscar alternativas propias. Entre ellas figuran las energías renovables y la energía nuclear. Y esta última no se limita a la conocida y controvertida fisión nuclear.
Existe otra forma de energía nuclear, la energía de fusión, que según algunos podría ayudar a resolver a largo plazo la crisis energética de Europa. De hecho, según Francesco Sciortino, director ejecutivo y cofundador de la 'startup' alemana Proxima Fusion, la energía de fusión desempeña "todos los papeles" en el refuerzo de la seguridad energética en Europa. Pero ¿qué es exactamente la fusión nuclear y qué tecnología utiliza Proxima Fusion para hacerla posible?
La energía de fusión: ¿una fuente energética prometedora?
La energía de fusión es una de las dos formas, junto con la fisión nuclear, de producir energía mediante reacciones nucleares. La fisión nuclear es el proceso más conocido, el que se asocia habitualmente a las centrales y a los residuos radiactivos, y libera energía cuando se divide el núcleo de un átomo pesado.
La fusión nuclear, también llamada energía de fusión, genera energía al fusionar núcleos atómicos ligeros. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la energía de fusión tiene el potencial de generar cuatro veces más energía por kilogramo de combustible que la fisión nuclear y casi cuatro millones de veces más energía que la combustión de petróleo o carbón.
Además, la energía de fusión no produce emisiones de CO2, no genera residuos radiactivos de larga duración, se considera más segura que la fisión nuclear y es más predecible que las energías renovables. Todo ello resulta prometedor, pero la fusión aún no es una realidad comercial.
Crear y mantener una reacción de fusión es muy complejo y exige una gran aportación de energía, por lo que los expertos siguen tratando de demostrar que puede generar más energía y más ingresos de los que consume.
Proxima Fusion y la tecnología stellarator
Entre los proyectos que trabajan con este objetivo se encuentra Proxima Fusion, una startup con sede en Múnich surgida en 2023 del Instituto Max Planck de Física de Plasmas. A diferencia de la mayoría de proyectos de fusión europeos e internacionales, como JET e ITER, Proxima Fusion no utiliza tokamak, sino stellarator para producir la reacción de fusión.
Ambas tecnologías emplean dispositivos en forma de rosquilla que utilizan campos magnéticos para confinar el plasma, un estado de la materia y un ingrediente clave para la fusión. Lo que cambia es la manera en que mantienen ese plasma estable y a las temperaturas extremadamente altas que requiere la fusión.
Ambas tienen sus ventajas e inconvenientes. "Los stellarator son más difíciles de diseñar, más difíciles de fabricar, pero son más fáciles de operar, pueden funcionar de forma continua y pueden ser intrínsecamente estables". Los stellarator siguen siendo menos habituales que los tokamak, pero, según el OIEA, podrían convertirse en la opción preferente para las futuras centrales de fusión. Y Proxima Fusion trabaja precisamente en esa dirección.
"Alpha es el último dispositivo que tendremos que construir antes de pasar a una primera central de fusión con condiciones de operación comerciales", señala Sciortino. Alpha es un demostrador que permitirá probar cómo funciona el stellarator y si puede lograr un balance energético neto positivo, es decir, si el plasma puede generar tanta energía como la que se necesita para calentarlo.
Alpha se encuentra ahora en fase de fabricación y, según Sciortino, el plan es que entre en funcionamiento a comienzos de la década de 2030. Además de Alpha, Proxima Fusion trabaja en Stellaris, que aspira a ser la primera central de fusión comercial del mundo. "El objetivo es crear algo que pueda escalar y, para que escale, necesitamos ganar dinero, es decir, que sea económicamente viable; en otras palabras, construir un proyecto con sentido comercial", apunta Sciortino.
Sciortino prevé que Stellaris esté operativa en la segunda mitad de la década de 2030, un poco más tarde que Alpha. "Estamos en una fase en la que estamos creando una nueva industria", dice. "No se trata solo de una empresa. Se trata de lograr que toda la cadena de suministro invierta en sus propias capacidades para que podamos hacer avanzar este campo más rápido que nunca. Apenas hemos empezado a escribir la historia de la fusión".
El futuro de la energía de fusión en Alemania y Europa
La central de Stellaris está prevista en los terrenos de una antigua planta de fisión nuclear en Gudremmingen, Alemania. El país completó su apagón nuclear de fisión en abril de 2023 y ahora destina fondos al desarrollo de la energía de fusión.
En octubre de 2025, el gabinete del canciller Friedrich Merz presentó un plan de acción para apoyar y acelerar el desarrollo de la tecnología de fusión nuclear. Con este plan, el Gobierno alemán invertirá más de 2.000 millones de euros hasta 2029 para construir una central de fusión.
Aunque Proxima Fusion no se creó en Alemania por estos motivos, Sciortino considera que el Gobierno alemán ha entendido las oportunidades ligadas a la energía de fusión. "En Alemania esa conciencia se ha ido aclarando cada vez más y mucho más rápido de lo que pensábamos", afirma.
A su juicio, "la fusión ofrece una oportunidad económica espectacular para Europa, más que para cualquier otro continente, por nuestra necesidad de soberanía, porque no tenemos recursos naturales, porque no fabricamos nuestros propios paneles fotovoltaicos y porque la energía eólica no está funcionando tan bien desde el punto de vista económico".
Algunas voces más escépticas
Pese al entusiasmo generalizado en torno a la energía de fusión, algunos expertos se muestran más escépticos sobre su verdadero potencial. En un estudio publicado recientemente en 'Nature Energy', los investigadores sostienen que el coste futuro de las centrales de fusión es muy incierto y que sus tasas de aprendizaje están sobrestimadas.
Una tasa de aprendizaje es un porcentaje que indica cuánto se reduce el coste de una tecnología cada vez que se duplica su utilización total. "Una tecnología con una tasa de aprendizaje alta vería así una caída de costes más pronunciada a medida que aumenta la producción, mientras que una tecnología con una tasa de aprendizaje baja mantendría sus costes relativamente estables incluso tras un despliegue masivo", explica a 'Euronews Next' Lingxi Tang, uno de los autores del artículo e investigador doctoral en la ETH de Zúrich.
Según estudios anteriores, la tecnología de las centrales de fusión podría alcanzar tasas de aprendizaje de entre el 8% y el 20%. Sin embargo, el trabajo publicado recientemente por Tang y sus colegas sugiere que esas tasas probablemente serán más bajas, en torno a valores de entre el 2% y el 8%.
Según Tang, esta marcada diferencia en los porcentajes se debe a la falta de fundamentos sólidos en algunos análisis previos de tasas de aprendizaje y a un posible fenómeno que denomina 'sesgo de optimismo': "Sobre todo en la comunidad de inversores privados, existe un sesgo en su forma de pensar, tienden a inclinarse hacia un resultado optimista", concluye.