El estrés financiero persistente se asocia con una peor memoria y un envejecimiento más rápido del cerebro, según un nuevo estudio.
Las preocupaciones económicas crónicas pueden influir silenciosamente en la forma en que envejece el cerebro, según ha comprobado un nuevo estudio.
A los 53 años, las personas que habían sufrido dificultades económicas a lo largo de su vida mostraban una menor función cognitiva que quienes no habían tenido problemas de dinero, según el análisis de 2.759 personas en el Reino Unido.
"La acumulación de dificultades a lo largo de muchos años (...) se asocia con los peores resultados en salud cognitiva, más que los episodios puntuales de adversidad", señaló Jacques Wels, investigador de University College London.
Quienes experimentaron dificultades económicas persistentes o ingresos persistentemente bajos en la adultez temprana y media obtuvieron peores resultados en las pruebas cognitivas a los 53 años y presentaban una atrofia cerebral significativa a los 71 años.
Los investigadores también observaron que estos participantes tenían un ritmo más lento de deterioro de la memoria verbal entre los 53 y los 69 años, lo que sugiere que ya se habían producido pérdidas cognitivas importantes a mitad de la vida.
Según los autores, esta relación puede explicarse porque la adversidad económica incrementa la carga cognitiva, lo que reduce los recursos mentales disponibles para procesos como la atención y la toma de decisiones.
"La experiencia persistente de adversidad económica en la edad adulta, por tanto, puede ejercer una presión crónica sobre los sistemas implicados en el procesamiento cognitivo y provocar con el tiempo deterioros cognitivos", escribieron.
El estudio también constató que el impacto del estrés financiero en el cerebro que envejece es significativamente peor en los hombres, en quienes tuvieron una infancia desfavorecida y en las personas con un factor de riesgo genético de alzhéimer.
La necesidad de un envejecimiento más saludable
Evitar que la adversidad económica se vuelva crónica también podría ayudar a proteger frente a deterioros cognitivos asociados a la edad y trastornos como la demencia, según el estudio.
La demencia es una de las principales cargas para la salud mundial, afectó a 57 millones de personas en 2019 y se espera que los casos se tripliquen hasta superar los 150 millones en 2050.
Por ello, la investigación se centra cada vez más en identificar factores 'modificables', es decir, aspectos que podemos cambiar para ralentizar el envejecimiento cognitivo y prevenir la aparición de la enfermedad.
Ante el contexto actual de crisis del coste de la vida, en el que un número récord de hogares declara dificultades económicas, los autores señalaron que los resultados del estudio ilustran aún más la importancia de apoyar a quienes son económicamente vulnerables.
"Nuestros resultados sugieren que apoyar a las personas que afrontan dificultades económicas y reducir la pobreza crónica también podría ayudar a prevenir el deterioro cognitivo y los casos de demencia en el futuro", afirmó Praveetha Patalay, autora principal del estudio.