Antes del eclipse solar del 12 de agosto, expertos en salud ocular piden usar gafas de protección adecuadas para evitar daños graves en la vista.
Europa se prepara para presenciar un fenómeno celeste poco frecuente el 12 de agosto, cuando la Luna se interpondrá entre la Tierra y el Sol y proyectará su sombra sobre parte del continente.
El eclipse total será visible en Groenlandia, Islandia, España y una pequeña zona del noreste de Portugal. En el resto de Europa se verá un eclipse solar parcial.
En España, el eclipse atravesará el país de oeste a este antes de continuar sobre las islas Baleares. Será el primer eclipse solar total visible desde la España peninsular desde 1905 y el primero de tres eclipses solares totales que podrán verse desde el país entre 2026 y 2028.
"Este tipo de eclipse se produce con bastante frecuencia en la Tierra, pero en lugares distintos. Sin embargo, en un punto concreto solo ocurre cada 400 años", explicó a Euronews Philippe Escoubet, científico especializado en plasma espacial de la Agencia Espacial Europea. "Así que si un eclipse pasa por tu pueblo o tu ciudad, no volverá en 400 años, es casi un acontecimiento único en la vida que quieres ver."
Pero para observar el eclipse con seguridad es necesario proteger bien los ojos.
¿Qué gafas conviene usar?
Para quienes vayan a verlo, los especialistas en salud ocular recuerdan que es imprescindible llevar gafas adecuadas que cumplan la norma internacional de seguridad ISO 12312-2.
Gabriëlle Janssen, presidenta del Consejo Europeo de Optometría y Óptica (ECOO), explicó a Euronews que los consumidores no deben fiarse solo del número ISO impreso en el producto.
"El número ISO que figura en las gafas no garantiza por sí solo que se hayan sometido a las pruebas adecuadas", señaló.
Janssen recomendó adquirir gafas para eclipses a proveedores de confianza y revisarlas antes de usar para comprobar que no tienen arañazos, agujeros u otros daños.
Las gafas deben ponerse antes de mirar al Sol y retirarse únicamente cuando se haya apartado la mirada.
"Los niños deben ser vigilados con especial atención", añadió.
Quienes no dispongan de gafas adecuadas para eclipses no deben mirar directamente al Sol. En su lugar, pueden seguir el eclipse en una retransmisión en directo, como la que ofrece el Observatorio Europeo Austral (ESO).
Las gafas de sol convencionales no son una alternativa segura, aunque parezcan muy oscuras, ya que "no ofrecen protección suficiente frente a la intensa radiación visible, ultravioleta e infrarroja del Sol", advirtió Janssen.
¿Y las cámaras, los prismáticos y los telescopios?
Mirar al Sol a través de una cámara, unos prismáticos o un telescopio también puede ser peligroso si el equipo no está equipado con un filtro solar específicamente diseñado.
"Usar gafas para eclipses mientras se mira a través de estos dispositivos no es suficiente, porque la luz solar concentrada puede dañar tanto el filtro como los ojos", explicó Janssen.
También deben evitarse los métodos antiguos que a veces se han recomendado para observar eclipses, como los CD o los negativos fotográficos.
"No bloquean suficiente luz y parte de la luz se cuela, lo que puede ser muy peligroso para los ojos", advirtió Escoubet.
¿Por qué es importante proteger los ojos?
Aunque la fase de totalidad de un eclipse dura solo unos minutos, mirar directamente al Sol puede provocar daños permanentes en la retina, una fina capa de tejido fotosensible que recubre la parte interna posterior del ojo.
Mirar directamente al Sol puede causar retinopatía solar, una lesión fotoquímica del tejido retiniano. La mácula, la parte de la retina responsable de la visión central nítida y detallada, es especialmente vulnerable.
"La retina no tiene receptores del dolor. Esto significa que el daño puede producirse sin dolor y sin que la persona se dé cuenta de inmediato de que algo va mal", explicó Janssen, que añadió que los síntomas a menudo solo se manifiestan varias horas después.
Entre los síntomas de la retinopatía solar se pueden encontrar visión central borrosa o reducida, una mancha oscura, borrosa o ciega en el centro del campo visual, visión distorsionada, con líneas rectas que parecen curvas, cambios en la percepción del color y mayor sensibilidad a la luz.
"Quien note visión borrosa, reducida o distorsionada después de mirar al Sol debe evitar nuevas exposiciones y acudir cuanto antes a un optometrista, un oftalmólogo u otro profesional adecuado de la salud visual", recomendó Janssen.
Aunque las personas con daños leves suelen "experimentar una mejoría gradual en las semanas o meses siguientes", la recuperación completa "no está garantizada", advirtió.
Una mancha ciega central, una disminución de la agudeza visual o una visión distorsionada pueden persistir si las células de la retina han sufrido un daño permanente, señaló, y añadió que "actualmente no existe ningún tratamiento probado capaz de revertir el daño retiniano producido por el Sol".
"Por eso la prevención mediante una correcta protección ocular es esencial", concluyó.