El Mediterráneo occidental es una de las rutas de crucero más demandadas del planeta. Cada año atrae a miles de viajeros que recorren tres de los destinos más atractivos de Europa en una sola experiencia sin hacer ni deshacer la maleta.
La vista de uno de los buques insignia de Costa Cruceros, Costa Smeralda, es imponente en el puerto de Barcelona, punto de embarque de esta aventura. Es una mole de hasta 20 cubiertas o plantas, más de 2.600 habitaciones, con casi 340 metros de longitud y una capacidad para más de 6.500 personas.
"¡Es como una ciudad flotante!", exclama asombrada Yolanda, de 51 años, para quien es su primera experiencia en un barco como éste de 200.000 toneladas de peso. Por si acaso, se ha traído pastillas contra el mareo, algo que no necesitará en ningún momento a lo largo de la ruta porque apenas se percibirá el balanceo.
Esencia italiana
El embarque es rápido. Nada más entrar se nota la esencia italiana en el diseño y en los nombres de los espacios que dan vida al barco. Todo el mobiliario, la iluminación, los tejidos y los accesorios son 'made in Italy'. Cada cubierta tiene un nombre de una ciudad o destino italiano: Roma, Venecia, Capri, Palermo, Génova, Milán, Nápoles o Triestre, entre otras. Y cada una rinde homenaje a ese lugar con sus colores y elementos decorativos propios que refuerzan la sensación de estar recorriendo Italia.
El corazón del buque es el Coliseo, un área en medio del barco donde se celebran los mejores espectáculos. En la popa, la Piazza di Spagna es una gran escalinata que conecta tres niveles. En este lugar, en el que caben hasta 1.800 personas, se reúnen los huéspedes para disfrutar al aire libre de las fiestas y demás eventos que se van produciendo en la travesía.
En el balcón de la cubierta superior el suelo de cristal hace que parezca que uno vuela sobre el mar. Desde aquí se capta toda una panorámica de Barcelona, que se va haciendo más pequeña y distante a medida que el barco comienza a navegar. Serán siete días de crucero que pasará por Ibiza, Palermo, Roma, Savona, Marsella, con vuelta a la Ciudad Condal. En nuestro caso solo estaremos cinco días hasta el puerto de Civitavecchia en la Ciudad Eterna.
"Estamos encantadas porque aquí tenemos de todo y venimos con muchas ganas de pasarlo muy bien", apunta un grupo de españolas jubiladas felices de encontrarse con más nacionales, que no abundan en estos lares: de los más de 5.000 personas que viajan en esta travesía en Costa Smeralda, solo 390 son españoles; los que más hay son italianos y después franceses.
"También tenemos grupos que vienen de China, Japón e incluso Rusia. Estos son cada vez más numerosos", apunta Zarella, de Relaciones con los Huéspedes. Todavía en la popa, está la pasarela Passeggiata Volare, a 65 metros de altitud, que permite contemplar el mar abierto y la estela que deja tras de sí el barco.
En la parte delantera, en la proa, la plaza Trastevere se muestra como espacio donde relajarse y disfrutar de la música y un cocktail el bar de estilo veneciano, Il Bacaro. Este ambiente italiano también se traslada a las habitaciones, decoradas con los colores y patrones geométricos de la ciudad que da nombre a cada cubierta.
Disfrute a todas horas
Todo en este buque está pensado para el disfrute y la diversión de sus huéspedes, desde el amanecer hasta el ocaso. Cuenta con espectáculos y actividades destinadas a distintos tipos de público, tales como actuaciones de bailarines de pop y hip-hop, acróbatas, videojuegos, fiestas temáticas, bandas virtuales o el concurso de talentos, The Voice of the Sea. Su teatro Sanremo se convierte en discoteca por la noche donde familias enteras bailan al ritmo de la música; para los que buscan otro ambiente el club de jazz Quelli della Notte es otra opción, con música en vivo y en directo.
La gastronomía es también una experiencia central del crucero. Cada día hay propuestas inspiradas en las escalas del itinerario y una fuerte presencia de la cocina Italiana. El barco cuenta con una amplia variedad de restaurantes con chefs de prestigio internacional y espacios gastronómicos temáticos. En uno de ellos, en el Teppanyaki, los comensales no solo disfrutan de la cocina japonesa preparada en vivo y en directo frente a ellos sino del espectáculo del cocinero con malabarismos de espátula y canciones que todos entonamos al unísono.
Deporte y relax
Para los quieren mantenerse en forma hay opciones. El gimnasio, que cuenta con entrenador personal si se quiere; y una pista de fútbol, en la cubierta superior donde los más jóvenes demuestran su calidad con el balón.
Durante el día, grandes y pequeños pueden disfrutar de sus cuatro piscinas y del AcquaPark, un parque acuático suspendido sobre el Mediterráneo con toboganes que serpentean con vistas al mar abierto. Si no se quiere tanto alboroto, hay una zona de spa, con salón de belleza, piscina de talasoterapia, salas de nieve, sal y relajación, un hammam y tratamientos varios con masajes.
En el barco se disfruta tanto durante la navegación como en las escalas. En la travesía hay Sea Destinations, que son experiencias en el mar como la contemplación de estrellas o la puesta de sol frente a la bahía de Ibiza, con música, espectáculos ya animación. En tierra, se pueden hacer excursiones, con sus Land Experiences, que le llevan al norte de Ibiza a visitar las cuevas de Can Marçà, en el puerto de San Miguel, a la propia capital de la isla; o en Palermo, a visitar la ciudad y sus catacumbas.
Y es, precisamente, esa combinación de navegación, ocio y descubrimiento la que explica que, pese a las crisis de imagen que, de vez en cuando, afectan al sector, los cruceros siguen más de moda que nunca. El Costa Smeralda reúne a niños, jóvenes, adultos y jubilados en una experiencia pensada para todos los públicos. Yolanda, que embarcó con cierta inquietud por si el mar le jugaba una mala pasada, termina la travesía con una sonrisa. No se mareó ni una sola vez, disfruto de cada escala, de los espectáculos y de la cocina italiana e internacional. Regresa a casa con un gran sabor de boca, un montón de fotografías y vídeos en el móvil y, admite entre risas, algún kilo de más.