Costa Cruceros y Norwegian Cruise Line lideran la transformación del sector con nuevas experiencias, mayor personalización y una fuerte apuesta por la tecnología para atraer a nuevos viajeros y redefinir el crucero como una opción vacacional flexible, innovadora y alejada de la masificación.
Los cruceros apenas representan el 2% del mercado vacacional mundial, con más de 35 millones de viajeros al año. Las grandes navieras saben que el margen de crecimiento es enorme y están apostando fuerte para conquistar a nuevos públicos.
Renovación de flotas, nuevos barcos, experiencias a bordo más sofisticadas y con más conexión personal, y una apuesta decidida por la tecnología y la inteligencia artificial marcan la hoja de ruta de las navieras para atraer a un viajero que hasta ahora quizás no se había planteado el mar como opción vacacional.
Dos de los grandes actores del sector, Costa Cruceros y Norwegian Cruise Line (NCL), coinciden en el diagnóstico, pero difieren en la estrategia. Mientras Costa apuesta por reforzar la experiencia integral del pasajero y redefinir el viaje en alta mar, Norwegian acelera la construcción de nuevos barcos y defiende un modelo basado en la libertad, la flexibilidad y la no masificación.
Experiencias icónicas
"Antes un crucero consistía en ir de un punto a otro. Ahora, el cliente ya no quiere solo que el barco le lleve a visitar un destino cada día. Quiere vivir experiencias únicas también en alta mar", explica Luigi Stefanelli, vicepresidente de ventas mundiales de Costa Cruceros.
Por eso, la compañía ha puesto en marcha los Sea Destinations, experiencias temáticas en alta mar en puntos geográficos específicos del itinerario: por ejemplo, fiestas al atardecer en la bahía de Ibiza, desayunos panorámicos frente a los Farallones de Capri, meditación en el mar de Noruega con música relajante, espectáculo derviche mientras se pasa por debajo de los puentes de Estambul o noches de luz en Santorini.
"Paramos el barco y todo el mundo sabe que algo va a pasar. Creamos, así, un momento mágico para disfrutar de lugares icónicos que transforma el tiempo de navegación en destinos en sí mismos y hace que se entienda el crucero como un producto integral, no como una suma de escalas", añade Stefanelli.
En este contexto, Costa ha optado por no centrar su estrategia en botar nuevos barcos, sino en reacondicionar y renovar su flota con una inversión de más de 200 millones de euros. Las inversiones, según Stefanelli, se dirigen a modernizar los espacios, adaptar los buques a nuevas formas de ocio y responder a las expectativas de un viajero más exigente, que busca experiencias personalizadas y memorables.
Norwegian Cruise Line adopta un enfoque distinto. La compañía estadounidense está inmersa en un ambicioso plan de crecimiento con nuevos barcos, que se incorporan progresivamente a la flota para responder a una demanda al alza, especialmente en mercados como el Caribe y Europa.
Sin embargo, el aumento de capacidad no implica, según NCL, una mayor masificación. Todo lo contrario. "Nuestros barcos pueden ser tan grandes como los de la competencia, pero navegamos con menos pasajeros", puntualiza Kevin Bubolz, vicepresidente de NCL. "Utilizamos ese espacio extra para ofrecer más actividades y entretenimiento y más restaurantes porque la amplitud y la alta calidad son nuestras señas de identidad", sentencia.
Libertad de elección
Este concepto se articula en torno al llamado 'freestyle cruising', un modelo que elimina horarios rígidos, turnos fijos para cenar o códigos de vestimenta estrictos. El pasajero decide cómo, cuándo y dónde disfrutar de su tiempo a bordo, con una amplia oferta de restaurantes, entretenimiento y actividades. "Nuestra gran diferencia -explica Bubolz- es la libertad y la flexibilidad a bordo. A diferencia del crucero clásico, con horario fijo para cenar, códigos de vestimenta estrictos y mucha rigidez, nosotros hemos apostado por ofrecer al huésped la máxima libertad de elección".
Norwegian considera que esta flexibilidad es clave para atraer a nuevos públicos, especialmente a viajeros que nunca antes se habían planteado un crucero y que buscan vacaciones cómodas, pero sin grandes ataduras. La compañía fue la primera en contar con una isla privada en el Caribe, concretamente Great Stirrup Cay, en Bahamas, que adquirió en 1977, a la que se sumó otra en Belice, Harvest Caye, donde los viajeros pueden disfrutar de playas privadas, excursiones de aventuras y todo tipo de servicios.
Innovación a bordo
Más allá de sus diferencias estratégicas, Costa y Norwegian coinciden en un punto esencial: la tecnología será determinante para el crecimiento del sector. Aplicaciones móviles, plataformas digitales y el uso creciente de la inteligencia artificial están llamados a transformar tanto la comercialización como la experiencia del cliente.
Las navieras trabajan en asistentes digitales capaces de informar en tiempo real de todo lo que ocurre a bordo, recomendar actividades según los gustos del pasajero o simplificar procesos para que el viajero no pierda tiempo en gestiones innecesarias. Además, a simple vista la tecnología se hace notar a bordo, por ejemplo, en los buques de NCL con circuitos de karts eléctricos o toboganes acuáticos tipo montaña rusa.
En un contexto en el que las vacaciones son cada vez más cortas y valiosas, la tecnología se convierte en una aliada para hacerlas más fluidas, personalizadas y satisfactorias.
Con solo un 2% de cuota del mercado vacacional global, los cruceros siguen siendo un producto minoritario en volumen, pero mayoritario en ambición. Tanto Costa Cruceros como Norwegian Cruise Line coinciden en que el reto no es solo crecer, sino convencer a millones de viajeros de que el crucero no es un producto de nicho, sino una forma accesible, cómoda y diversa de viajar.
El horizonte es claro: más innovación, más personalización y una industria decidida a navegar a toda máquina hacia su gran oportunidad de crecimiento.