Lagos alpinos, ríos de color esmeralda, montañas, cascadas, bosques y un extraordinario mundo subterráneo convierten a Eslovenia en uno de los destinos europeos con mayores posibilidades para el turismo activo.
Hay países que se visitan y otros que invitan a recorrerlos. A pie, en bicicleta, remando sobre un lago, descendiendo un río o adentrándose bajo tierra. Eslovenia pertenece claramente al segundo grupo.
Este pequeño país de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados y apenas dos millones de habitantes concentra una extraordinaria variedad de paisajes. Cerca del 60% de su superficie está cubierta por bosques y más de un tercio de su territorio se encuentra protegido o integrado en la red Natura 2000.
Es el pulmón verde de los Balcanes y también un enorme escenario natural para quienes prefieren unas vacaciones en movimiento.
Senderismo, ciclismo, escalada, kayak, rafting, barranquismo o espeleología son solo algunas de las posibilidades. Y las distancias son suficientemente cortas como para pasar en unas horas de una capital centroeuropea a un lago alpino o de un río de aguas turquesas a uno de los cañones subterráneos más impresionantes del planeta.
Durante cinco días recorremos Eslovenia en autocaravana. Una forma especialmente atractiva de conocer el país porque aquí la carretera también forma parte del viaje.
Liubliana, la ciudad del dragón
Nuestra primera parada es Liubliana, la capital y la ciudad más grande de Eslovenia. Con menos de 300.000 habitantes, tiene unas dimensiones que permiten recorrerla fácilmente caminando. Y quizá sea esa la mejor forma de conocerla.
El centro histórico se extiende alrededor del río Ljubljanica, que atraviesa la ciudad entre puentes, terrazas y edificios de colores. Hay bicicletas por todas partes y un ambiente joven que se deja sentir especialmente durante el verano. El río no es solo parte del paisaje urbano: sus orillas se convierten en punto de encuentro y escenario improvisado para actividades deportivas y juegos, incluido el voleibol.
Liubliana es una ciudad para caminar sin demasiadas prisas. El paseo lleva hasta el Mercado Central, donde los puestos de frutas, verduras y productos locales muestran la vida cotidiana de la capital, y continúa junto al río hasta algunos de sus puentes más conocidos.
Uno de ellos revela inmediatamente cuál es el gran símbolo de la ciudad. El Puente de los Dragones está custodiado por cuatro grandes figuras de este animal mitológico. El dragón forma parte del escudo de Liubliana y aparece por toda la ciudad. Una leyenda relaciona su origen incluso con Jasón y los Argonautas, que habrían derrotado a una criatura en los pantanos cercanos.
Por encima del casco histórico se levanta el Castillo de Liubliana, una fortaleza con más de 900 años de historia a la que se puede subir caminando o en funicular. Desde lo alto se obtiene una de las mejores panorámicas de la ciudad y, en los días despejados, de las montañas que anuncian la siguiente etapa del viaje.
Bled, la postal de Eslovenia
Abandonamos Liubliana para dirigirnos hacia los Alpes Julianos. La siguiente parada es probablemente la imagen más famosa del país: Bled. Su lago parece construido para una postal. Rodeado de montañas y bosques, en medio de sus aguas emerge una diminuta isla coronada por una iglesia, mientras que un castillo medieval domina el paisaje desde lo alto de un acantilado.
Pero Bled no es solo un lugar para fotografiar. Una ruta de aproximadamente seis kilómetros permite rodear completamente el lago. Hacerla en bicicleta es una de las mejores formas de descubrirlo porque el paisaje cambia constantemente y obliga a detenerse para contemplarlo desde diferentes perspectivas.
En verano, además, resulta difícil resistirse a sus aguas. Hay zonas habilitadas para el baño y, después de recorrer el perímetro en bicicleta, un chapuzón con los Alpes como telón de fondo se convierte en una de esas pequeñas experiencias que explican por qué Eslovenia funciona tan bien como destino de turismo activo.
Bled es espectacular, aunque también es uno de los lugares más visitados del país. Para encontrar una Eslovenia algo más tranquila hay que continuar hacia Bohinj.
Bohinj, el lago más salvaje
El cambio se percibe enseguida. El lago Bohinj, el mayor lago natural permanente de Eslovenia, tiene algo más de cuatro kilómetros de longitud y se encuentra en el corazón del Parque Nacional de Triglav.
Menos turístico que Bled, transmite una sensación mucho más salvaje. En determinados momentos del día sus aguas parecen un espejo gigantesco. Las montañas y los bosques se reflejan sobre una superficie prácticamente inmóvil, creando una combinación de verdes, azules y turquesas difícil de olvidar.
Aquí no hay una isla icónica que fotografiar. Tampoco hace falta. El protagonista es el paisaje. Una de las mejores maneras de disfrutarlo es en kayak. Remar por Bohinj permite alejarse de la orilla y contemplar las montañas desde otra perspectiva. También es posible nadar, practicar paddle surf o recorrer en bicicleta y caminando los alrededores del lago.
Y basta con adentrarse en las montañas cercanas para multiplicar las posibilidades. Cientos de kilómetros de senderos atraviesan esta zona de los Alpes Julianos. Hay rutas sencillas junto al lago y otras mucho más exigentes que ascienden hacia las montañas. Los amantes de la escalada encuentran también numerosas paredes de roca y vías de diferentes niveles de dificultad.
Todo ocurre bajo la presencia del Triglav, que con 2.864 metros es el pico más alto de Eslovenia y uno de los grandes símbolos nacionales.
Carreteras sinuosas
Entre Bohinj y nuestro siguiente destino comprendemos otra de las ventajas de viajar por Eslovenia. Las distancias son relativamente pequeñas y conducir forma parte de la experiencia.
Las carreteras serpentean entre bosques, montañas y pequeños pueblos. El verde parece no terminar nunca. Por momentos, el paisaje recuerda inevitablemente a Suiza, aunque aquí todo resulta más compacto y en muchas zonas todavía menos masificado.
La autocaravana permite además detenerse, cambiar el recorrido y disfrutar de un país en el que un desplazamiento de unas pocas horas puede transformar completamente el paisaje. Nuestro siguiente destino es Bovec, en el oeste de Eslovenia y en pleno corazón de los Alpes Julianos.
Bovec y el río de color esmeralda
Bovec es pequeño, pero constituye una de las grandes capitales eslovenas de los deportes de aventura. La razón se descubre a pocos kilómetros del pueblo.
El río Soča atraviesa este valle alpino con unas aguas de un color tan intenso que en determinados lugares parece irreal. Turquesa, azul y verde esmeralda se mezclan mientras el río avanza entre rocas blancas, gargantas y bosques.
Es uno de los grandes escenarios naturales de Eslovenia y también uno de los mejores lugares del país para buscar adrenalina.
Rafting, kayak y descenso de cañones figuran entre las actividades más populares. En verano es habitual observar desde los puentes grupos de kayaks de colores avanzando sobre las aguas transparentes del Soča.
Pero no es necesario lanzarse al río para disfrutar del valle. Bovec es una excelente base para hacer senderismo, ciclismo o excursiones por las montañas cercanas.
Entre sus atractivos naturales destacan las cascadas de Boka y Virje. Boka es una de las cascadas más espectaculares de Eslovenia, mientras que Virje sorprende por un entorno más recogido y por el intenso color de sus aguas.
Para los senderistas, otro destino es el Krnsko Jezero, un lago alpino situado a unos 1.400 metros de altitud y rodeado por algunas de las cumbres más espectaculares de la región.
Y para quienes recorren esta parte del país por carretera existe otro desafío: el paso de Vršič. Con 1.611 metros de altitud, es el paso de carretera más alto de Eslovenia. Sus numerosas curvas atraviesan los Alpes Julianos, comunicando el valle del Soča con Kranjska Gora y convirtiendo el propio trayecto en una experiencia.
Sobre Bovec se levanta también el macizo de Kanin, tradicionalmente vinculado al esquí de alta montaña y conectado históricamente con el área italiana de Sella Nevea. Más allá de la actividad invernal, el entorno ofrece un extraordinario territorio para el senderismo y el montañismo.
Bovec resume quizá mejor que ningún otro lugar el espíritu activo de Eslovenia: aquí el paisaje no está simplemente para contemplarlo. Está para recorrerlo.
Škocjan: una expedición bajo tierra
Nuestra última gran parada cambia completamente de escenario. Dejamos atrás las montañas, los lagos y los ríos para viajar al suroeste de Eslovenia y descender a las entrañas de la tierra.
Las cuevas de Škocjan fueron declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1986 y son uno de los sistemas kársticos más impresionantes del mundo.
El responsable es el río Reka. Durante miles de años, el agua ha ido erosionando la roca caliza hasta crear un gigantesco universo subterráneo de galerías, cámaras, cascadas y cañones.
La experiencia comienza caminando, pero pronto se transforma en algo muy diferente a una visita convencional a una cueva. A medida que se desciende y desaparece la luz natural, las dimensiones de las cavidades aumentan. El sonido del río comienza a escucharse desde las profundidades y el visitante tiene por momentos la sensación de haberse convertido en un expedicionario.
Škocjan alberga uno de los mayores cañones fluviales subterráneos conocidos del mundo. El sistema de cuevas supera los seis kilómetros de galerías y alcanza más de 200 metros de profundidad en algunos puntos. La ruta turística recorre aproximadamente tres kilómetros y desciende hasta unos 144 metros bajo la superficie.
Uno de los momentos más impresionantes llega al atravesar el puente Cerkvenik, suspendido unos 45 metros por encima del río Reka. La oscuridad, el sonido del agua y las enormes paredes de roca que rodean al visitante crean una de las imágenes más espectaculares de todo el viaje.
Las visitas se realizan acompañadas por guías y el recorrido dura alrededor de dos horas. Incluso en pleno verano hay que venir preparado: en el interior la temperatura ronda los 12 °C durante todo el año, por lo que conviene llevar ropa de abrigo y, sobre todo, calzado cómodo y con buena adherencia.
También es recomendable reservar las entradas con antelación. Durante los meses de mayor afluencia las visitas pueden completarse y llegar hasta aquí sin reserva puede significar quedarse sin poder entrar.
Škocjan o Postojna
El subsuelo esloveno todavía ofrece otra de las grandes atracciones turísticas del país. No demasiado lejos se encuentran las famosas cuevas de Postojna, aunque la experiencia es muy diferente.
Postojna es más turística y accesible. Parte de la visita se realiza a bordo de un pequeño tren que se adentra varios kilómetros en el sistema de cuevas antes de continuar caminando entre estalactitas y estalagmitas.
Škocjan, en cambio, transmite una sensación más aventurera. No hay trenecito que suavice la experiencia. Se camina, se desciende y se atraviesan enormes cavidades mientras el río Reka continúa excavando lentamente la roca bajo nuestros pies.
Postojna impresiona por sus formaciones. Škocjan impresiona por sus dimensiones y por la sensación de estar explorando un mundo subterráneo.
Cinco días después de comenzar el viaje, Eslovenia deja una sensación muy concreta: parece mucho más grande de lo que indica el mapa. No por sus distancias, sino por la diversidad de experiencias que concentra.
Para quienes entienden el turismo activo como la mejor forma de viajar y descubrir un destino, este pequeño país es un enorme parque natural en el corazón de Europa.