Los turistas son más propensos a romper sus hábitos diarios, desde quedarse fuera más tiempo del previsto hasta comprar cosas que normalmente considerarían innecesarias.
Viajar tiene una curiosa manera de cambiar nuestra forma de vivir. Lejos de las rutinas y las responsabilidades de casa, los viajeros pueden sentirse más libres para trasnochar, gastar algo más de dinero o decir que sí a algo que normalmente habrían rechazado, incluso mientras aumenta la presión por aprovechar al máximo cada minuto.
Una nueva investigación sugiere que no se trata solo de esa sensación de libertad propia de las vacaciones. Muchos viajeros se conceden de manera consciente permiso para comportarse de forma distinta cuando están fuera, y algunos incluso regresan a casa sorprendidos por las decisiones que han tomado.
Hint App, que ofrece consejos basados en cartas astrales, realizó una encuesta entre viajeros para analizar cómo se comportan cuando están lejos de casa. Esta página entrevistó a unos 14.673 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Unión Europea, Australia y América Latina y descubrió que un sorprendente 61% reconoce que se comporta deliberadamente de manera diferente cuando viaja que como lo haría en casa.
Y eso, a pesar de que los encuestados se describen a sí mismos como personas en general previsibles y muy marcadas por la rutina en su día a día, cuando no están de vacaciones. Estas son otras conclusiones del estudio.
Cómo cambia el viaje nuestra forma de comportarnos
Aunque algunos nunca se plantearían hacer algo fuera de lo común en el extranjero, un 47% de los participantes afirmó que había hecho conscientemente algo durante un viaje porque le parecía apropiado en ese contexto.
Estos añadieron que lo hicieron aun sabiendo que probablemente habrían rechazado esa misma opción en casa, lo que apunta a un cambio temporal en los criterios con los que evalúan sus propias decisiones cuando no están en su entorno habitual.
Ese cambio de actitud puede aplicarse a infinidad de actividades que hacemos en vacaciones. Por ejemplo, muchos reconocen que las compras resultan más fáciles de justificar cuando están vinculadas a un lugar al que probablemente no volverán. Los datos muestran que un 38% admite haber decidido comprar algo que normalmente consideraría prescindible porque estaba ligado de forma inseparable al recuerdo del viaje.
De manera similar, una salida nocturna puede percibirse como más valiosa porque el número de noches disponibles durante un viaje es limitado. De hecho, un 42% aseguró que se había quedado fuera más tiempo del que realmente deseaba porque no quería "desperdiciar" una noche de vacaciones.
La encuesta también reveló que, aunque los viajeros adoptan conductas poco habituales, en realidad suelen sustituir un conjunto de expectativas por otro, procurando poder justificar ante sí mismos el tiempo, el dinero y el esfuerzo invertidos en el viaje.
Ese cambio de comportamiento no siempre es fácil de detectar mientras está ocurriendo, y un 35% de los encuestados afirmó haber llegado a casa sorprendido por algo que había hecho o aceptado durante el viaje.
En última instancia, el estudio no puede determinar si nuestra conducta en vacaciones refleja de forma más auténtica quiénes somos. Lo que sí sugiere es que las rutinas que seguimos en casa pueden ser más flexibles de lo que pensamos.
Para ese 61% que modifica conscientemente su comportamiento cuando viaja, las vacaciones ofrecen una excusa temporal para reescribir las reglas, ya sea darse un capricho innecesario, alargar la noche con una copa más o decir que sí a una experiencia que normalmente habrían rechazado.