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De Hungría a Chipre: los países europeos donde aún se puede obtener una visa de oro

Un pasaporte portugués y billetes de euro sobre un mapa del mundo
Un pasaporte portugués y billetes de euro sobre un mapa del mundo Derechos de autor  Marta Branco / Pexels
Derechos de autor Marta Branco / Pexels
Por Indrabati Lahiri
Publicado Ultima actualización
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Mientras algunos países como España han endurecido los requisitos para los más ricos, otros como Hungría y Chipre los siguen ofreciendo por menos que el precio medio de una vivienda en Reino Unido.

Las preocupaciones geopolíticas, el aumento de los costes y los cambios legislativos en varios países del mundo han llevado a muchas personas a plantearse mudarse a otros destinos, especialmente europeos. El encarecimiento de la vivienda es otra de las preocupaciones que alimentan esta tendencia. Con un precio medio de la vivienda en el Reino Unido en torno a 301.000 libras (347.776€), muchos residentes buscan alternativas que ofrezcan más por ese dinero.

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Sin embargo, conseguir visados de larga duración y permisos de residencia en la mayoría de países de la UE sigue siendo un proceso caro, lento y complejo. Desde hace varios años, las llamadas visas de oro se han convertido en una vía de acceso a la residencia en la UE, especialmente para las personas con mayor patrimonio. En la práctica permiten comprar el derecho a residir, a menudo mediante fuertes inversiones en el mercado inmobiliario de un país. En algunos casos, ni siquiera es necesario vivir en ese país para lograr la residencia.

Sin embargo, cambios recientes, como el cierre en 2025 de esta vía en España han dificultado el acceso a estos codiciados visados. "En 2026 estamos viendo un cambio en los motivos por los que las familias buscan una visa de oro", afirma Nikolas Avgousti, asociado del despacho Philippou Law en Chipre. "Ya no se trata solo del sueño de tener una segunda residencia vacacional, sino de disponer de opciones y libertad. Tras años de volatilidad mundial, una segunda residencia se ha convertido en la póliza de seguro definitiva".

¿Dónde se puede obtener todavía un visado dorado europeo relativamente asequible? Repasamos los países que ofrecen estos programas por menos que el precio medio de una vivienda en el Reino Unido:

El experimento de Viktor Orbán

Hungría ha experimentado un auge en la demanda de su visado dorado en los últimos años. Su Programa de Inversor Invitado (GIP) exige una inversión mínima de 250.000€ para ciudadanos de fuera de la UE y del EEE, que da derecho a una residencia de diez años renovable por otros diez.

Este visado cubre también al cónyuge del inversor y a sus hijos. Además, no se exige una estancia mínima para mantener el visado dorado húngaro, lo que lo convierte en una opción de respaldo flexible para quienes planean residir principalmente en otro lugar.

No obstante, los inversores que quieran solicitar la residencia permanente pueden hacerlo tras mantener el visado dorado durante tres años, siempre que hayan vivido en Hungría al menos 183 días al año y conserven su inversión, un domicilio registrado, un seguro médico y unos ingresos legales. Tras ocho años de residencia continuada, pueden solicitar la ciudadanía.

Los 250.000€ deben invertirse en participaciones de un fondo inmobiliario registrado en el Banco Nacional de Hungría. Ese fondo debe destinar al menos el 40% de su valor a vivienda residencial en el país. Otra opción es hacer una donación mínima de un millón de euros a un fideicomiso público que apoye la educación superior. Esa donación no es reembolsable. Con un coste de la vida aproximadamente un 40% inferior al del Reino Unido, según un ranking de Philippou Law, Hungría sigue siendo una opción atractiva para establecerse a largo plazo.

La vía griega

Otra ubicación europea destacada para obtener un visado dorado es Grecia, que ofrece un coste de la vida alrededor de un 30% más bajo que en el Reino Unido y un clima soleado durante buena parte del año. Aunque la mayoría de las visas de oro griegas se han encarecido de forma notable, con importes que van de 400.000€ a 800.000€, especialmente en zonas muy demandadas como Atenas o Santorini, aún quedan un par de vías que solo requieren una inversión mínima de 250.000€. En ambos casos se obtiene una residencia de cinco años antes de la renovación.

La primera está dirigida a inversores que quieran rehabilitar edificios históricos, catalogados o protegidos. En esta modalidad es necesario reconstruir o restaurar por completo el inmueble y las obras deben estar terminadas antes de poder renovar el visado al cabo de cinco años.

La otra vía consiste en transformar inmuebles comerciales como naves industriales u oficinas en viviendas. Para ello, los 250.000€ deben destinarse a la conversión de una única propiedad, y los trabajos han de estar completamente finalizados antes de presentar la primera solicitud del visado dorado.

La propiedad también debe estar registrada legalmente como residencial antes de presentar la solicitud. En ninguno de los dos casos se exige un tamaño mínimo ni hay restricciones de ubicación, aunque los inmuebles rehabilitados o convertidos no pueden destinarse a Airbnb ni a otros alquileres de corta duración.

Tampoco se establece una estancia mínima y el visado cubre tanto al inversor principal como a su cónyuge y a sus hijos de hasta 21 años. Los inversores pueden solicitar la ciudadanía griega tras siete años de residencia legal continuada, siempre que también sean residentes fiscales y mantengan su inversión durante todo ese tiempo.

Vacaciones largas para ricos en la última frontera de Europa

Chipre se ha consolidado en los últimos años como otro destino destacado para obtener una visa de oro europea, en especial por su legislación y un registro de la propiedad transparente. Además, el coste de la vida es alrededor de un 25% más bajo que en el Reino Unido.

"Aunque algunos países vecinos ofrecen sobre el papel importes de entrada más bajos, el coste oculto de la burocracia, como la falta de registros de la propiedad claros o los continuos cambios fiscales, puede convertir una mudanza soñada en un quebradero de cabeza legal", subraya Avgousti.

El visado de Chipre, o Programa de Residencia Permanente, permite a ciudadanos de fuera de la UE invertir al menos 300.000€ a cambio de la residencia permanente. Esa inversión puede realizarse en bienes inmuebles, fondos de inversión o participaciones en empresas.

El permiso de residencia incluye al cónyuge y a los hijos económicamente dependientes de hasta 25 años. No obstante, los inversores deben viajar a Chipre al menos una vez cada dos años. Tras siete años de residencia pueden solicitar la ciudadanía. Entre los requisitos principales figuran mantener los antecedentes penales limpios y contar con unos ingresos procedentes del extranjero superiores a 50.000€ anuales. En el caso de inversores con cónyuge e hijos, este umbral de ingresos exteriores aumenta en 15.000€ para el cónyuge y en 10.000€ por cada hijo.

"En Chipre, la influencia británica sigue siendo una gran ventaja: trabajamos bajo el 'common law', lo que ofrece un nivel de seguridad y transparencia en materia de propiedad poco habitual en el Mediterráneo", señala Avgousti. "Cuando se combina esa seguridad jurídica con 3.400 horas de sol y un régimen fiscal para no domiciliados que prácticamente financia su estilo de vida gracias al ahorro, la elección resulta evidente".

Péguese la 'dolce vita' en Italia, si es que puede pagárselo

Italia se ha convertido en otro de los destinos más populares para las visas de oro, con cuatro vías distintas. Además de un coste de la vida aproximadamente un 15% más bajo que en el Reino Unido, el país ofrece una historia, una cultura, unos paisajes y una gastronomía excepcionales.

El visado dorado italiano, o 'Investor Visa', exige a ciudadanos de fuera de la UE una inversión mínima de 250.000€ en una startup innovadora italiana. Este programa concede una residencia de dos años renovable sin requisitos de estancia mínima, y permite solicitar la residencia permanente tras cinco años de residencia legal continuada y la ciudadanía después de diez años en las mismas condiciones.

El visado también cubre al cónyuge, a los hijos dependientes y a los padres a cargo. Eso sí, es obligatorio pasar por un proceso de preaprobación antes de comprometer cualquier capital. Otras vías del visado pasan por invertir 500.000€ en una sociedad limitada italiana, un millón de euros en proyectos de interés público en ámbitos como la cultura, la inmigración, la educación o la investigación, o dos millones de euros en deuda pública italiana.

El oeste de la Península Ibérica mantiene el pasaporte de oro

Aunque Portugal eliminó en 2023 la inversión directa en bienes inmuebles como vía para obtener el visado dorado con el fin de frenar la especulación inmobiliaria, aún mantiene abiertas varias alternativas. Con ciudades cómodas para recorrer a pie, una costa impresionante y más de 300 días de sol al año de media, Portugal lleva años siendo uno de los destinos más atractivos para estos visados.

La vía más asequible permite a ciudadanos de fuera de la UE realizar una inversión o donación mínima de 250.000€ a proyectos artísticos y culturales dedicados a la recuperación, producción o mantenimiento del patrimonio cultural nacional. En zonas de baja densidad la aportación puede reducirse a 200.000€.

Este visado tiene una validez de cinco años y solo exige una estancia media de una semana al año en el país. Incluye al cónyuge, a los hijos dependientes y a la pareja a cargo. Eso sí, los inversores deben contar con un representante legal en Portugal para tramitar la solicitud.

Los inversores pueden solicitar la residencia permanente o la ciudadanía tras cinco años de residencia legal continuada, siempre que mantengan la inversión y cumplan los requisitos lingüísticos. Otras opciones del visado incluyen invertir 500.000€ en fondos cualificados, sociedades de inversión o proyectos de investigación y desarrollo.

¿Qué tener en cuenta antes de solicitar un visado dorado en 2026?

Aunque las visas de oro pueden resultar muy atractivos, conviene tener presentes algunos aspectos clave antes de solicitar uno. Uno de los aspectos más importantes es asegurarse de que la inversión quede protegida por derechos adquiridos y que los derechos de residencia estén garantizados, incluso si en el futuro cambian los requisitos de entrada para nuevos solicitantes del visado en ese país.

Esto cobra especial importancia porque tanto la normativa de la UE como los programas de visados dorados en todo el mundo han experimentado cambios significativos en los últimos años. Otro factor clave es que la inversión mínima nunca es el coste final, ya que hay que prever también impuestos de transmisión, gastos de asesoría jurídica y el precio del seguro médico privado obligatorio.

Del mismo modo, es fundamental conocer la diferencia entre ser residente legal, es decir, disponer de una visa de oro o un permiso de residencia, y ser residente fiscal. Aunque algunos visados solo exigen pasar unos pocos días al año en el país para conservarlos, las estancias más prolongadas pueden implicar obligaciones fiscales sobre la renta mundial.

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