Tras su estreno la semana pasada en Estados Unidos y Reino Unido, el fenómeno de terror del año llega por fin a los cines europeos; la espera ha merecido la pena.
¿Alguna vez te has quedado en un pasillo vacío que parece alargarse hasta el infinito, o te has encontrado en una habitación desierta que se siente 'rara'?
Probablemente te hayas cruzado con estos espacios de transición, como el pasillo de un hotel, una puerta de embarque en un aeropuerto o un corredor de oficina al estilo de 'Severance', que resultan a la vez familiares e inquietantes. Es como si el tiempo quedara en suspenso en un lugar que no llega a ser lo bastante hostil como para resultar terrorífico, pero tampoco lo bastante corriente como para tranquilizar.
Pero ¿alguna vez has "noclipped" fuera de la realidad y te has visto atrapado en un interior anodino e interminable donde el mal puede acechar tras cada esquina? Esperemos que no.
Ese es el calvario al que se enfrenta Clark (Chiwetel Ejiofor), arquitecto venido a menos y deprimido dueño de una tienda de muebles, protagonista de Backrooms, el debut en el largometraje del youtuber Kane Parsons, de 20 años. Clark descubre un portal invisible dentro de Cap'n Clark's Ottoman Empire que lo conduce a un espacio extradimensional de paredes amarillentas, luces zumbantes y niveles interminables.
Cuando Clark desaparece en este laberinto de espacios liminales, tan banal como extraño, su terapeuta Mary (Renate Reinsve) sale en su busca y acaba atravesando el espejo. Ella también descubrirá que esto, desde luego, no es el País de las Maravillas.
Aunque la recaudación en taquilla no sea un indicador infalible de la calidad de una película, hay motivos de sobra para fijarse en el fenómeno de Backrooms y celebrarlo. El debut de Parsons se estrenó en Estados Unidos con 81 millones de dólares, a partir de un presupuesto de diez millones, convirtiéndose en el mejor estreno de la historia del estudio A24. También ha hecho de Parsons el director más joven que ha encabezado nunca la taquilla estadounidense.
Puede que parte del éxito se deba a un público ya consolidado, ya que Backrooms nació como una popular leyenda de internet originada en un 'creepypasta' de 4chan, que llevó a Parsons a dirigir una serie web sobre esta leyenda urbana y que acumula 200 millones de visualizaciones desde su estreno en 2022. Sin embargo, la explicación del gran éxito de 2026 probablemente tenga más que ver con un boca a boca extraordinariamente positivo.
La cuestión es que Backrooms lo tiene todo. Una inquietud palpable. Una lógica de pesadilla surrealista. Interpretaciones sólidas de Ejiofor y de la que muchos consideran ya el gran tesoro noruego del momento. Un diseño de producción desasosegante, reforzado por una banda sonora igual de inquietante. Una pizca de angustia lovecraftiana y de horror corporal que revuelve el estómago. Sobresaltos que se intuyen por el rabillo del ojo. Ecos de The Blair Witch Project y Cube, reforzados por secuencias de falso metraje encontrado en VHS y por su ambientación en los años noventa. Y una comprensión muy afinada de la inquietante correlación metafórica entre arquitectura y conexiones neuronales, algo que The Shining explotó de forma magistral. Todo eso y más.
Es una continuación de ritmo pausado de la serie web del director que no solo hace justicia al canon ya establecido, sino que también permite a quienes no conocen el mito viral adentrarse en su mundo inquietante sin necesidad de hacer los deberes antes. El espectador se ve arrojado a un universo expansivo pero claustrofóbico que se alimenta del escalofrío que provoca un objeto colocado donde no debería estar y de lo tremendamente perturbador que resulta encontrar un elemento familiar fuera de lugar.
Más allá del impacto inmediato del miedo, Parsons ha tenido la inteligencia de convertir Backrooms en la historia de dos almas solitarias: un divorciado frustrado con problemas de ira no resueltos y una psicóloga que lucha con sus traumas de infancia mientras intenta ayudar a los demás lo mejor que puede. El mundo extraño de las Backrooms refleja sus conflictos internos y se convierte en la manifestación física de cómo todos estamos atrapados por los bucles psicológicos que nosotros mismos creamos. Esos bucles nos atrapan y nos empujan a repetir una y otra vez las mismas soluciones defectuosas.
Con esto en mente, Parsons convierte su debut menos en una historia de pura supervivencia en un mundo con resonancias de Annihilation y más en una búsqueda para romper ciclos de comportamiento. ¿Cómo? Asumiendo que la amenaza más poderosa siempre procede de nuestro interior.
Por muy estremecedora y absorbente que sea Backrooms, y por muy alentador que resulte el entusiasmo que la rodea, no es perfecta. Algunos veteranos del terror quizá no se sientan tan impresionados como la generación más joven de espectadores que busca su propia 'Blair Witch', y el acto final dividirá al público. Esa parte deja claro que el guion tiene sus baches, con algunos diálogos endebles como principal pecado. También pesa el añadido de la trama sobre MKUltra, fruto del misterioso Async Research Institute, que amenaza la sencillez, muy en la línea de 'The Twilight Zone', de un concepto mínimo pero fértil.
Dicho esto, el plano final dará pie a muchas teorías sobre la naturaleza de este infierno titular. ¿Monstruos que crean universos conscientes o proyección del subconsciente? Hay mérito en la decisión de Parsons de sugerir y jugar con el misterio en lugar de explicarlo todo.
Y todo esto firmado por un niño prodigio de 20 años que vio una imagen colgada en internet, creó un mundo a partir de ella, amplió su visión con seguridad en una transición exitosa de YouTube a Hollywood y, además, ha entregado la película de terror a batir cuando 2026 llegue a su fin...
¿Qué hacías tú a su edad?
Mejor no pensarlo demasiado, puede que también haya horrores acechando ahí.
Backrooms ya se ha estrenado en Estados Unidos y el Reino Unido y continúa su lanzamiento en Europa este mes.