Xi Jinping se reunió con el líder norcoreano Kim Jong Un y expresó su disposición a elevar las relaciones bilaterales a "nuevas alturas". La visita incluyó una fastuosa recepción de Estado, honores militares y grandes multitudes que agitaban banderas chinas y norcoreanas por toda la capital. La cumbre tiene lugar en un momento de intensa actividad diplomática para Pekín, que recientemente ha recibido a dirigentes como el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladimir Putin.
Las conversaciones reflejaron la creciente incertidumbre regional y la evolución del papel de Corea del Norte en el equilibrio de poder en el noreste de Asia. China sigue siendo el mayor socio comercial de Pyongyang y una fuente esencial de apoyo económico y diplomático pese a las sanciones internacionales. Durante la reunión, Xi pidió una cooperación más estrecha en materia diplomática, policial y de intercambios militares.
Aunque Pekín sigue respaldando el objetivo a largo plazo de la desnuclearización, Corea del Norte ha calificado en repetidas ocasiones su arsenal nuclear de "irreversible". Los analistas ven la visita como un intento de China de preservar la estabilidad en su frontera, mantener su influencia sobre Pyongyang y reforzar su papel en una región cada vez más marcada por la rivalidad entre China, Estados Unidos, Rusia, Japón y Corea del Sur.