La policía antidisturbios utilizó gases lacrimógenos y realizó amplios despliegues para dispersar a la multitud, mientras algunos manifestantes lanzaban objetos y prendían pequeños fuegos en las calles. Los vecinos temen que el centro pueda exponer a las comunidades locales al ébola, aunque Kenia no ha registrado ningún caso confirmado. Las protestas se han convertido en una importante polémica política y de salud pública en esta nación de África Oriental.
La disputa ha continuado pese a una orden del Tribunal Superior de Kenia que suspendió la construcción y prohibió la llegada de pacientes extranjeros mientras se resuelve un recurso presentado por la Law Society of Kenya y un grupo de vigilancia constitucional. Los manifestantes sostienen que el acuerdo careció de transparencia y de consulta pública, mientras que las autoridades lo defienden como parte del apoyo de larga data de Estados Unidos al sector sanitario keniano.
La vecina Uganda ha notificado 19 casos confirmados de ébola, lo que añade urgencia a los esfuerzos regionales de contención. Según informes locales, al menos tres manifestantes han muerto durante las protestas de las últimas dos semanas y más de 10 personas han sido detenidas a medida que siguen aumentando las tensiones.