La ceremonia fue el acto central de la visita de una semana del pontífice a España y atrajo a decenas de miles de fieles a las calles que rodean la basílica. El rey Felipe VI, la reina Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, asistieron al acto, lo que subraya su relevancia nacional. Antes de la misa, el papa rindió homenaje al arquitecto Antoni Gaudí en su tumba, situada en la cripta de la basílica.
La celebración conmemoró también el centenario de la muerte de Gaudí, en 1926. Diseñada hace más de un siglo, la Sagrada Familia sigue siendo uno de los hitos religiosos y arquitectónicos más emblemáticos de Europa.
Tras la ceremonia, se congregaron multitudes en el exterior mientras se iluminaba la basílica y los fuegos artificiales iluminaban el cielo de Barcelona. Un espectáculo de drones dibujó un retrato de Gaudí sobre el monumento, vinculando el legado del arquitecto con la fase más reciente del desarrollo del proyecto. El acto reforzó la posición de Barcelona como destino de referencia para el turismo religioso y los eventos culturales internacionales.