En Al Zawayda_,_ a unos tres kilómetros al noreste de Deir al Balah,en el centro de la Franja de Gaza, decenas de personas siguieron el partido inaugural entre México y Sudáfrica desde una tienda de café improvisada a pesar de los frecuentes cortes de electricidad.
En Khan Younis, las familias desplazadas siguieron el torneo en televisores instalados en refugios temporales y permanecieron reunidas hasta bien entrada la noche.
Para muchos palestinos, el fútbol sigue siendo una de las pocas formas de entretenimiento ampliamente accesibles y una vía de evasión colectiva. Los aficionados señalan que el Mundial les ha traído recuerdos de ediciones anteriores, cuando familias y amigos se reunían en casa para ver juntos los partidos antes de que la guerra trastocara la vida cotidiana.
En la ciudad de Gaza, el entrenador de fútbol base Mohammed Salama aprovechó el torneo como una oportunidad educativa y comentó con los jóvenes jugadores las 48 selecciones participantes antes de los entrenamientos. Aunque muchos aficionados lamentan que Palestina se quedara a las puertas de la clasificación, aseguran que la competición sigue siendo un bienvenido paréntesis frente a las dificultades que les rodean.
Pese a la ilusión que despierta el Mundial, muchas comunidades de toda la Franja de Gaza siguen afrontando desplazamientos, escasez de suministros básicos e inseguridad constante mientras el conflicto se prolonga.