En la confluencia con el Ticino, las embarcaciones reposan ahora en aguas poco profundas y fangosas, rodeadas de arena, algas y bancos de grava al descubierto. La Autoridad de la Cuenca del Po asegura que los caudales están muy por debajo de los valores medios de la estación, con niveles en varias estaciones de control que se acercan o superan los récords registrados durante la grave sequía de 2022.
El Po es esencial para el corazón agrícola del norte de Italia, incluida la llamada Food Valley en torno a Parma, donde la fruta, las hortalizas y el arroz dependen de sus aguas. Los niveles excepcionalmente bajos están repercutiendo también en el suministro, y la agencia Ansa informa de envíos en camiones cisterna a más de 100 municipios de Piamonte y Lombardía.
En los alrededores de Pavía, el río se ha reducido a un canal poco profundo, dejando extensas zonas de cauce al descubierto y dificultando cada vez más la navegación de las embarcaciones de recreo y los clubes de remo. En la zona arrocera de Lomellina, las autoridades advierten de que la situación podría agravarse si no se registran lluvias importantes, lo que obligaría a los agricultores a recurrir cada vez más a las aguas subterráneas y a medidas de emergencia.
Más abajo, cerca de Parma, los afluentes y canales de riego que abastecen a los cultivos intensivos de fruta y hortalizas también están mermando. Los agricultores señalan que el racionamiento del agua ya está alterando los calendarios de riego, mientras que la Autoridad de la Cuenca del Po ha identificado el tramo situado aguas abajo de Piacenza como especialmente vulnerable, a medida que el descenso del nivel deja al descubierto troncos y otros restos.
En Turín, el Po se ha convertido en un canal de aguas lentas cubierto de algas. Los servicios municipales están utilizando excavadoras instaladas sobre barcazas para retirar la densa proliferación de plantas acuáticas invasoras cerca del centro de la ciudad. Los datos regionales indican que el caudal del río a su paso por Turín ha disminuido más de la mitad desde junio, mientras que en la estación de control de la isla de Sant’Antonio, aguas abajo, el caudal se ha reducido en ocasiones a alrededor de una cuarta parte de su nivel habitual.
Las autoridades alertan de que el calor y el bajo nivel del agua están acelerando la proliferación de algas y especies invasoras, lo que dificulta la navegación y las actividades recreativas. El calor prolongado ha agravado además la sequía y los incendios forestales en toda Europa, añadiendo presión sobre los recursos hídricos.