La Gobernación de Túnez ha anunciado la suspensión de las clases de la tarde en todos los centros educativos, de formación y universidades, tanto públicos como privados, alegando los avisos del Instituto Nacional de Meteorología y las recomendaciones del comité regional de prevención de desastres. Se preveían entre 30 y 50 milímetros de lluvia sobre Gran Túnez en un corto espacio de tiempo, suficientes para saturar los sistemas de drenaje en varios barrios.
El agua cubrió rápidamente carreteras y aceras, obligando a los residentes a caminar entre las calles inundadas. Los coches y autobuses tuvieron dificultades para circular, con varios vehículos inmovilizados y uno atrapado bajo un túnel. En la histórica medina, los vecinos se refugiaron en las tiendas y bajo los toldos mientras torrentes de agua atravesaban las estrechas calles.
La tormenta también provocó cortes de electricidad e internet y llevó el agua al interior de algunas viviendas. Imágenes compartidas en las redes sociales parecían mostrar cables eléctricos incendiándose en plena tromba de agua.
Las lluvias llegaron tras un verano de olas de calor prolongadas y se suman a un año marcado por inundaciones recurrentes. En enero, al menos cinco personas murieron cuando Túnez registró las precipitaciones más intensas en más de siete décadas.
Las últimas tormentas han vuelto a poner de manifiesto la presión que las lluvias extremas pueden ejercer sobre las infraestructuras de Túnez, especialmente tras largos periodos de calor intenso.