Rusia ha iniciado unas elecciones legislativas de tres días para renovar los 450 escaños de la Duma del Estado, con unas 111 millones de personas llamadas a votar. Los colegios electorales abrieron primero en Kamchatka, Chukotka, Magadán y otras regiones orientales, donde las autoridades locales instaron a los residentes a acudir a las urnas. El Kremlin sigue de cerca la participación, y Vladímir Putin presenta una alta afluencia como señal de unidad nacional y de apoyo a la guerra en Ucrania.
La votación se desarrolla en un entorno político fuertemente controlado. Se espera que Rusia Unida mantenga su posición dominante, mientras que el principal partido registrado contrario a la guerra, Yabloko, ha quedado excluido de la lista federal de partidos. Algunos de sus candidatos siguen presentándose en circunscripciones uninominales, aunque muchos también han sido apartados de esas contiendas.
Las elecciones incluyen además voto electrónico a distancia en varias regiones y se celebran en territorios ucranianos ocupados por Rusia, entre ellos Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, así como en Crimea. Ucrania y los gobiernos occidentales consideran ilegales esas votaciones.
Fuera de Rusia, 333 colegios electorales están operativos en 152 países, mientras que la votación anticipada ya se ha celebrado en zonas remotas y entre los soldados. Los comicios tienen lugar en un momento en que la guerra afecta cada vez más a la vida cotidiana en toda Rusia, con ataques con drones, escasez de combustible, presión económica y el resurgir del temor a una nueva movilización que aumentan las tensiones en torno a la votación.