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Voluntarios ucranianos apoyan al frente de batalla desde Polonia

Soldados ucranianos de la compañía de sistemas terrestres no tripulados Cerberus de la 60.ª brigada mecanizada independiente, parte del tercer cuerpo de Ejército.
Soldados ucranianos de la compañía de sistemas terrestres no tripulados Cerberus de la sexagésima Brigada Mecanizada Independiente, parte del tercer Cuerpo de Ejército. Derechos de autor  AP Photo/Andrii Marienko
Derechos de autor AP Photo/Andrii Marienko
Por Agata Todorow con AFP
Publicado última actualización
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Una encuesta de diciembre del centro independiente polaco CBOS revela que el 48% de los polacos apoya la acogida de refugiados ucranianos, la cifra más baja desde el inicio de la guerra.

A lo largo de la línea del frente en Ucrania, la demanda de drones y de redes de camuflaje antidrón no deja de aumentar. Pero en Varsovia, un grupo de voluntarios ucranianos que los fabrican asegura que el cansancio creciente con la guerra dificulta cada vez más convencer a la gente para que ayude.

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Más de cuatro años después de la invasión rusa, una asociación cuyo nombre en inglés significa 'El valor no conoce fronteras' se ve obligada a hacer más con menos. "La necesidad de redes es enorme, tenemos listas de espera aunque también se tejen en Ucrania", explicó a la agencia France Presse (AFP) Ruslana Poplawska, una de las coordinadoras de la asociación.

El grupo se reúne cada sábado para tejer redes y montar drones FPV en un local no muy lejos de la embajada rusa en Varsovia. En fila, van pasando tiras de tela verde oscura por una gran malla metálica. En la pared cuelga una bandera firmada por un batallón ucraniano al que han suministrado material.

Una red antidrón FPV cubre la calle en un barrio residencial de la ciudad de Kherson, en primera línea del frente, 3 de noviembre de 2025
Una red antidrón FPV cubre la calle en un barrio residencial de la ciudad de Kherson, en primera línea del frente, 3 de noviembre de 2025 AP Photo

En Ucrania, las redes se extienden sobre coches, carreteras y equipos con la esperanza de hacerlos invisibles a las oleadas diarias de drones rusos de reconocimiento y ataque. Desde que comenzaron en febrero de 2023, el grupo de Varsovia ha producido unos 35.000 metros cuadrados, el equivalente a cinco campos de fútbol. Pero en los últimos tiempos están teniendo problemas.

"El voluntariado se ha vuelto más complicado. Muchas personas lo han dejado. Es más difícil conseguir donaciones y hay cansancio. Al inicio de la invasión a gran escala, muchos polacos vinieron a ayudarnos. Por desgracia, ahora casi todos han desaparecido", afirmó Poplawska.

El interés se desvanece

Estas dificultades llegan en medio de un repunte del sentimiento antiucraniano en Polonia. Una encuesta realizada en diciembre por CBOS, un centro independiente de investigación polaco, reveló que el 48% de los polacos apoya la acogida de refugiados ucranianos, el nivel más bajo desde el inicio de la guerra.

La mitad consideró que el nivel de ayuda que se les presta es excesivo. Al comienzo del conflicto, Polonia abrió sus puertas a quienes huían de la invasión rusa y aún acoge a alrededor de 1 millón de refugiados, la segunda cifra más alta de Europa. Pero las elecciones presidenciales de 2025, ganadas por el nacionalista Karol Nawrocki, trajeron consigo un auge de los mensajes antiucranianos.

Refugiados ucranianos descansan en un centro de acogida en Nadarzyn, 14 de febrero de 2023
Refugiados ucranianos descansan en un centro de acogida en Nadarzyn, 14 de febrero de 2023 AP Photo

Y en junio estallaron tensiones entre Varsovia y Kiev a propósito de la memoria de la Segunda Guerra Mundial. Las nuevas normas de transporte polacas, introducidas en marzo, dificultan el envío de ayuda humanitaria a Ucrania.

Ahora cada camión está sometido a una burocracia pesada y a un sinfín de formularios, lo que lleva a cada vez más transportistas a cancelar sus viajes, incluido el que utilizaba el grupo de Varsovia. Aun así, la treintena de voluntarios principales está decidida a continuar.

"Una verdadera psicoterapia"

Olga, originaria de Kremenchuk, en el centro de Ucrania, trabaja como peluquera seis días a la semana y dedica su único día libre a esta labor. Teje las redes, pero además corta gratis el pelo a los ucranianos, pidiendo que el dinero se done a la asociación. "¿Cansancio? Nuestros chicos allí están aún más agotados, pero mantienen la línea del frente. Cuando piensas en eso, vienes aquí y trabajas", cuenta.

La asociación, cuyo logotipo muestra una mariposa sobre un escudo camuflado, "es una verdadera psicoterapia", afirma la coordinadora Natalia Kulbatska. "Aquí nadie se siente solo", añade Tetiana, una jubilada de Sloviansk, en el este del país, una ciudad que lleva más de una década sometida a combates intensos.

Los equipos de rescate sofocan un incendio en un edificio destruido tras un ataque ruso contra Zaporizhzhia, 26 de junio de 2026
Los equipos de rescate sofocan un incendio en un edificio destruido tras un ataque ruso contra Zaporizhzhia, 26 de junio de 2026 AP Photo

Viviendo sola en Varsovia, define el grupo como "una pequeña Ucrania en el corazón de Polonia". Reunidos alrededor de una mesa abarrotada de armazones metálicos, componentes electrónicos y tazas de té, unos diez hombres, mujeres y niños se afanaban en distintas tareas, ensamblar drones.

"Los drones se necesitan de forma constante", explica Wladyslaw Jentz, organizador de un proyecto que ha formado a casi 40 personas para construirlos. Con las manos firmes, encaja con delicadeza las pequeñas piezas.

En ucraniano escrito a mano, en una de las piezas se ha grabado un mensaje, "No se vende". Hasta ahora el grupo ha ensamblado alrededor de 100 aparatos, una gota en el océano frente a los miles que se utilizan cada día a lo largo de la extensa línea del frente.

"Esta es mi seguridad y la de mis hijos", afirma este padre de tres hijos que lleva 15 años viviendo en Polonia. "Si Ucrania no resiste, tendrá consecuencias aquí". Sin embargo, como humanista convencido, le cuesta aceptar la idea de fabricar dispositivos destinados a matar personas. "Es difícil de aceptar, pero vivimos en una época en la que detener al ocupante se ha convertido en una necesidad para proteger vidas".

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