El ataque comenzó poco después de medianoche del 20 de agosto y se prolongó durante casi nueve horas. En Solomianskyi, las plantas superiores de un bloque de apartamentos de nueve plantas quedaron destruidas, murieron al menos ocho personas y otras quedaron atrapadas bajo los escombros. Los equipos de emergencia rescataron a 12 vecinos mientras examinaban los restos del edificio en busca de supervivientes.
Los equipos de rescate trabajaron entre los escombros mientras los vecinos inspeccionaban ventanas destrozadas, viviendas dañadas y vehículos calcinados. Según las autoridades ucranianas, el ataque también dañó infraestructuras civiles cercanas, entre ellas una escuela y un hospital infantil.
El alcalde Vitali Klitschko afirmó que el ataque provocó daños importantes en tres distritos de Kiev, con Solomianskyi entre las zonas más golpeadas. Los bombardeos dañaron edificios residenciales e infraestructuras críticas, mientras los servicios de emergencia permanecían en el lugar para retirar los escombros y asegurar las estructuras inestables.
El ataque puso de relieve la vulnerabilidad de las zonas civiles de Kiev frente a los misiles balísticos rusos, difíciles de interceptar. El presidente Volodímir Zelenski señaló que Ucrania necesita con urgencia más interceptores de defensa antiaérea, incluidos sistemas Patriot capaces de neutralizar algunos de los misiles balísticos rusos.
Las autoridades de Kiev declararon el viernes 21 de agosto día de luto por las víctimas del ataque. Las banderas ondearon a media asta y se cancelaron los actos públicos de ocio en toda la capital.