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¿Cuánto pesa la inmigración en el voto de los italianos?

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¿Cuánto pesa la inmigración en el voto de los italianos?

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La región de Véneto, cuya capital es Venecia, conoce un doble fenómeno: por un lado está creciendo la xenofobia, y por otro se han puesto en marcha programas piloto para favorecer la integración y la inserción social.

La integración implica mover el centro de gravedad no sólo el de las personas que llegan, sino también de quienes las acogen. Esto comporta cambios en la persona y eso asusta. Hoy, debido a la situación económica del país, ser inmigrante ha pasado a ser un problema.

Yannick Noah Cimbalanga Formador

Una viandante se exclama: “!Hay tantos extranjeros! pero tenemos que ayudarles! No podemos dejarles así”. Un hombre nos dice: “Están totalmente abandonados. No hay reglas, ni control y todo esto alimenta el miedo”.

Véneto es la cuarta región italiana en cuanto a número de extranjeros, con presencia activa de los mismos y, a largo plazo, en el mercado laboral.

Sin embargo en Treviso, la percepción es distinta, y la hostilidad, palpable. El exalcalde, Giancarlo Gentilini, decidió quitar los bancos de las calles para que los inmigrantes no pudieran usarlos. Hoy en día ya no ejerce de alcalde pero se reafirma en sus convicciones: “Nos han llenado de inmigrantes las calles, las casas. Eche un vistazo: la criminalidad está en todos lados: robos, violaciones, agresiones sexuales”, dice.

El énfasis narrativo de Gentillini seduce aún a muchos veneciados. Aunque como muchos otros clichés estos tampoco se ajustan a los hechos, esto es al menos lo que defiende Marzio Barbagli, sociólogo por la universidad de Bolonia. Según Barbagli, “las estadísticas sobre la criminalidad no han aumentado. Lo que me sorprende, sobre todo es que el asunto de la inmigración aparezca de forma intermitente. Ahora ha vuelto a la palestra porque ha habido eventos relevantes y porque estamos en periodo electoral, pero durante meses nadie hablaba de ello. Por ejemplo durante durante los casi tres años del gobierno de Renzi, el Gobierno no se ha ocupado del tema hasta que Minniti llegó al ministerio del Interior.”

Los partidos y los medios de comunicación hacen referencia a ello de forma alarmista. ¿Qué peso va a tener presentado de este modo, en las urnas? “Espero que menos de lo que creen los partidos político. Quiero decir que los pocos que han decido votar, en su mayoría ya han decidido por quién. Este dramatismo es para dar consignas a los militantes, para suscitar un entusiasmo, una pasión por la política, que de otro modo, en Italia y en estos momentos, no existiría” aduce Barbagli.

Pese a la patente hostilidad contra los inmigrantes, Treviso los necesita: en la construcción, en el sector servicios, etc. Según datos de la asociación de artesanos CGIA, sin las cuotas de inmigrantes, sin esta mano de obra, el tejido económico se resentiría. Nicola Filippini es propietario de un restaurante. Según él, “sin lugar a dudas, sin ellos, sufriríamos porque además de ocupar puestos que los italianos no ejercen ya. Pero sobre todo el “saber hacer” que nos aportan los extranjeros puede ser un valor añadido para la región. Nosotros tenemos una cocinera chef, de Togo, que gracias a su experiencia nos ha permitido mejorar no sólo nuestro menú sino nuestro concepto de “cocina”.

En Treviso, el número de demandas de asilo ha aumentado. También, el número de redes de voluntarios, cuyos miembros son a veces el único enlace social de los inmigrantes. Las asociaciones organizan cursos de idiomas y talleres artisticos con el fin de facilitar su formación y las posibilidades de inserción. Yannick Noah Cimbalanga, imparte algunas de estas formaciones. Para él, “la integración implica mover el centro de gravedad no sólo el de las personas que llegan, sino también de quienes las acogen. Y todo esto comporta cambios en la persona y esto es lo que asusta. Durante mi adolescencia vi una Italia, ahora, de adulto veo otra Italia. Hoy por hoy, debido a la situación económica del país, que se ha convertido en una especie de lucha entre los pobres, ser inmigrante ha pasado a ser un problema.”

Yannick se diplomó en Desarrollo y Cooperación en Padua. Es congolés de nacimiento y ciudadano italiano desde 2012 y está orgulloso de poder votar el 4 de marzo. Concluye diciendo: “Para mis hijos, sueño con una Italia en la que no se sientan diferentes… eso sí.”