El colectivo, agrupado bajo el lema Olympics No Thanks, cuestionó el uso de fondos públicos y el valor a largo plazo de las nuevas instalaciones. Los activistas sostienen que miles de millones de euros podrían haberse destinado a la sanidad o la educación.
Los organizadores aseguran que el evento funciona con electricidad renovable certificada, suministrada por Enel mediante garantías de origen. Los críticos responden que estas herramientas no cambian el mix energético global de Italia. La protesta se mantuvo pacífica y fue perdiendo fuerza al caer la tarde.