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Dos municipios, dos países y una frontera que divide hasta los salones

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Dos municipios, dos países y una frontera que divide hasta los salones

Dos municipios, dos países y una frontera que divide hasta los salones
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Una de las fronteras más extrañas y complejas del mundo es la que divide la localidad belga de Baarle Hertog y la neerlandesa de Baarle Nassau, literalmente encajadas como dos hermanas siamesas.

La ciudad belga es más dispersa, compuesta de 22 enclaves, todos ellos rodeados de territorio holandés. La neerlandesa, por su parte, consta de ocho, siete de los cuales están imbricados con los belgas.

Este nivel de complejidad llevo a las ciudades a marcar la frontera en las aceras. Esta discreta marca de cuces blancas atraviesa las ciudades por calles, jardines, e incluso por el medio del salón de algunas casas.

La señora Van Gool, que ha vivido en territorio neerlandés gran parte de su vida, explica que el contrabando es habitual en la región. La gente llevaba ropa al efecto para engañar a los aduaneros. Las mujeres hacían contrabando de mantequilla bajo las ropas porque no podían ser registradas por policías varones… hasta que los policías las hacían ponerse frente a un radiador para que se derritiera por el calor.

Hoy quedan efectos secundarios, según Van Gool: el pan belga sabe mucho mejor y la gasolina es más barata al otro lado de la frontera. Aunque para el supermercado todo el mundo va a los Países Bajos. En el lado belga no hay.

Los residentes viven en armonía y sin problemas, pero las tareas de Gobierno son en ocasiones confusas.
Una especie de matrimonio forzoso con una dosis de política municipal. Ambos alcaldes piden la unificación por el bien de los residentes.

“Sería estupendo si dos ciudades de diferentes países se pudieran convertir en una entidad única europea. Pero en realidad es todavía una utopía”, explica Marjon De Hoon-Veelenturf, alcaldesa del municipio neerlandés.

“Probablemente nunca lo veremos. Es legalmente imposible por el momento. Y si va sucediera, algo sobre lo que estoy totalmente a favor, las diferencias culturales pueden resurgir”, dice por su parte Leo van Tilburg, alcalde del municipio belga.

Por ahora el foco están puesto en mejorar la colaboración. Las negociaciones constantes sobre alcantarillado, alumbrado público y mantenimiento de vías es inevitable. Si no, como en el pasado, un ayuntamiento puede decidir hacer una acera de ladrillo y el otro de asfalto.