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La mano dura australiana contra la inmigración

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La mano dura australiana contra la inmigración

La mano dura australiana contra la inmigración
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Scott Morrison es un peso pesado de la política australiana. Antes de llegar a primer ministro ha tenido bajo su responsabilidad varias carteras como la Asuntos Sociales o la de Finanzas.

Sin embargo, empezó a ser bien conocido fuera de las fronteras de su país durante su etapa al frente del Ministerio de Inmigración. Mano dura y tolerancia cero fueron sus premisas cuando en 2013 puso en marcha la operación "Fronteras Soberanas", dejando en manos de los militares el control de la inmigración en aguas australianas.

Los interceptados por vía marítima eran deportados inmediatamente y quienes solicitaban asilo recluidos en centros de detención situados en el Pacífico, en la isla de Manus en Papúa Nueva Guinea, o en Nauru, en condiciones infrahumanas. Unas condiciones que han sido denunciadas en diversas ocasiones por varias oenegés.

Amnistía Internacional habla de "verdaderas prisiones a cielo abierto", una tortura para los hombres y mujeres que viven en estos centros de detención. Además a menudo sufren la violencia de los residentes locales.

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Estas medidas siguen provocando una auténtica tormenta política y social, entre partidarios y detractores en Australia, al tiempo que la reputación internacional del país ha caído en picado. El caso es que desde que los conservadores llegaron al poder en 1996, los sucesivos gobiernos no han hecho más que endurecer la política migratoria australiana, a la que han contibuido también los últimos ejecutivos laboristas.

Una política que el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, ha elogiado como un ejemplo a seguir.