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La ocupación israelí azota a los beduinos y pastores palestinos

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La ocupación israelí azota a los beduinos y pastores palestinos

Una mujer palestina frente a un soldao israelí en la aldea de Ras Karkar
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REUTERS/Mohamad Torokman
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Las demoliciones por Israel de aldeas beduinas palestinas en Cisjordania han puesto el foco en la vulnerabilidad de estas comunidades, presionadas por las prácticas de una ocupación militar que aflige su modo de vida agrícola y ganadero.

"Al principio (1967), la ocupación (israelí) solo destruía nuestras casas y nosotros las reconstruíamos de nuevo. Ahora han encontrado otras forma como notificarnos que tenemos que abandonarlas entre las cinco de la mañana y las cinco de la tarde por maniobras militares, lo que supone dejar a nuestro ganado todo el día", describe a Efe Naima Hasan, una de las residentes de Kirbet ar Ras al Ahmar, en Tubas.

Naima recuerda las polémicas demoliciones que las autoridades israelíes realizan por falta de permisos de edificación, como en Jan al Ahmar, que tiene una orden inminente de derribo y se ha convertido en el emblema del riesgo que corren otras 46 aldeas en Cisjordania central.

Pero Naiman hace hincapié en su poblado de pastores, en el norte del Valle del Jordán, donde no llegan los diplomáticos que estos días visitan Jan al Ahmar, y denuncia que las prácticas de coerción que afrontan, como las limitaciones de acceso al agua y la destrucción de sus pastos por las tropas militares, buscan también su desplazamiento forzoso.

En la población de Ras al Ahmar, Naima cuenta que deben abandonar las casas durante el tiempo de las maniobras militares que se realizan en los alrededor y que pueden durar días, mientras que en Kirbet Ibziq, Aziz Nawaya asegura que la última orden fue permanecer en el área residencial, desde donde se escuchaban los disparos y los helicópteros.

"Los ocupantes impiden a la gente vivir y moverse libremente, por eso hace que la vida sea más difícil", lamenta Nawaya junto a la foto de su hijo Udai, quien murió el año pasado con 16 años cuando le explotó una munición que recogió en un terreno cercano a su poblado.

"Mi hijo murió en este área por los restos de un explosivo de la ocupación", afirma, como denunció la ONG israelí Betselem, y reconoce que ahora tiene un miedo que nunca había sentido cuando alguno de sus siete hijos se aventura por los cerros que rodean Ibziq.

La familia Nawaya se estableció en este paraje en 1983, tras abandonar la región de Hebrón, narran, por la presión de la ocupación israelí, y alquiló las tierras donde hoy cultivan el pasto que necesitan como alimento sus ovejas, de las que extraen la leche y el queso que, además de consumir, venden para conseguir ingresos.

A diferencia de las aldeas de Cisjordania central, como Jan al Ahmar, que están rodeadas de colonias israelíes, las del Valle del Jordán suelen tener cerca campos de entrenamiento militar, que desde que empezaran a designarse en los años 70 alcanzan hoy el 30 % del Área C, bajo control de seguridad y civil israelíes, según datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

Además, mientras en la región central sufren una "ola de demoliciones" de residencias, como describió en el mes de julio el coordinador humanitario regional de la ONU, Jamie McGoldrick; las del Valle del Jordán afrontan principalmente derribos de equipamiento agrícola, como tractores o tanques móviles de agua, lo que impacta en su economía de subsistencia.

El activista palestino Abu Fawas, que visita frecuentemente estas villas con una "preocupación creciente", comparte esas declaraciones porque, segura a Efe, han aumentado la presión y las demoliciones en los últimos años, e Israel impide el desarrollo de estas comunidades.

La precaria carretera que da acceso a Ibziq no ha podido ser reparada, ni las viviendas o espacios para el ganado pueden someterse a rehabilitaciones, ya que cualquier intervención no puede mejorar lo existente.

La división de Cisjordania por los Acuerdos de Oslo de 1993 determina que el Área C esté gestionado por el COGAT, organismo militar perteneciente al Ministerio de Defensa israelí que se encarga de los asuntos civiles, pero los beduinos y pastores sienten a esta autoridad ajena y hostil hacia su permanencia en estas áreas, en la que aseguran que no reciben autorizaciones para edificar.

"Tenemos que mantener nuestra existencia aquí, contra la naturaleza y contra Israel", reivindica Diaa, que asegura que el accidente en el que murió su hermano Udai le ha hecho arraigarse aún más a las tierras que habita. EFE Laura Fernández Palomo