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Un derrumbe repentino del Etna podría desencadenar un tsunami de efectos extremos

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Un derrumbe repentino del Etna podría desencadenar un tsunami de efectos extremos

Erupción del volcán Etna el 27 de agosto de 2018.
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Un estudio científico alerta de que un "colapso catastrófico" del volcán Etna, que avanza constantemente hacia el Mar Jónico, podría desencadenar un tsunami con consecuencias extremas.

Situado en la isla italiana de Sicilia, la ladera sureste del Etna se desliza en el mar unos centímetros por año. Según indica el estudio "Colapso gravitacional del flanco sureste del Etna", publicado el miércoles en Science Advances, existen varias hipótesis que explican este desplazamiento, entre ellos, la presión del magma, la actividad eruptiva y las fuerzas de la gravedad. Todo ello causa inestabilidad en esta vertiente de volcán activo más alto de Europa.

Los investigadores señalan que el comportamiento anómalo de esta ladera, especialmente bajo el agua, supone un peligro mucho mayor de lo que se pensaba, puesto que podría acelerarse y provocar un derrumbe inesperado en el agua.

Sus mediciones demostraron que el movimiento de los flancos aumenta desde la cima hacia la costa y hacia el Mar Jónico. A medida que se deforma, su desplazamiento del Etna desestabiliza aún más la dinámica del magma.

Un derramamiento repentino de grandes cantidades de material del volcán en el mar podría desplazar grandes masas de agua originando el tsunami, con consecuencias trágicas en las localidades cercanas.

Los científicos han elegido el Etna como estudio de caso para advertir del peligro de subestimar el derrumbe en otros volcanes costeros y oceánicos, en particular donde se desconoce la dinámica de las laderas sumergidas.

Los registros geológicos marinos de las islas Canarias documentaron que los derrumbes en las laderas bajo el agua a gran escala se produjeron en múltiples etapas, todas ellas precedidas de erupciones explosivas.

Los científicos observaron un patrón similar en los núcleos de sedimentos en la ladera sumergida del Etna, donde las capas de ceniza cubren los depósitos de deslizamiento.

Según este estudio, estas observaciones apoyan la existencia de una estrecha interacción entre el movimiento de la ladera y la actividad magmática. Sin embargo, las erupciones no desencadenan derrumbes catastróficos, señalan, lo que implica que el deslizamiento gravitacional es el proceso fundamental.

El Etna es un estratovolcán, que se caracteriza por su forma cónica y su altura, creadas por siglos y siglos de estratos procedentes diferentes erupciones. Se reactivó sin previo aviso en el año 2001 y desde entonces ha erupcionado varias veces, la última el pasado mes de agosto.