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Un mal giro podría costar miles de millones: Así se entrenan los ingenieros para conducir en Marte

Un mal giro podría costar miles de millones: Así se entrenan los ingenieros para conducir en Marte
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ESA/ATG Medialab
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Tener que decirles a tus padres que has destrozado su coche es una pesadilla para los conductores noveles.

Pero pocas personas pueden tomar decisiones tan fatales como Diego Bussi y su equipo de ingenieros en el Centro de Control de Operaciones de Rover (ROCC, por sus siglas en inglés) de Turín.

Actualmente están aprendiendo a conducir un rover en Marte y la presión no puede ser mayor. Una mala decisión podría condenar a toda la misión ExoMars 2020.

El proyecto espacial es un esfuerzo conjunto de las agencias espaciales europeas y rusas con el objetivo de encontrar pruebas de la vida pasada y presente en Marte. En julio de 2020, lanzarán un cohete con el primer rover de fabricación europea que se enviará a Marte.

Este vídeo de 360 grados de Marte fue tomado por el Curiosity Rover de la NASA en 2018 - NASA

Un mal aterrizaje podría terminar la misión

Después de nueve meses en el espacio, el cohete descenderá y los ingenieros responsables de conducir el rover se enfrentarán a su primera prueba de popa:

"En el peor de los casos, la plataforma de aterrizaje está muy inclinada", dice Diego Bussi, Gerente de Exploración Robótica de la compañía espacial ALTEC y parte del equipo que maniobrará el rover. Teme que el vehículo pueda volcar antes de que sus ruedas toquen el suelo.

Descender desde la plataforma de aterrizaje es un desafío particular porque sólo ofrece dos maneras posibles de moverse: hacia adelante o hacia atrás. Por lo tanto, la comunidad científica ha tenido mucho cuidado en elegir el mejor lugar de aterrizaje.

"Esperamos ser muy precisos en el aterrizaje", se ríe Diego Bussi, "con suerte, no estaremos en una posición en la que tengamos que declarar el fin de la misión justo después del aterrizaje".

¿Cómo se conduce un coche a más de 50 millones de kilómetros de distancia?

Marte y la Tierra giran alrededor del Sol en sus respectivas órbitas. Por lo tanto, la distancia entre los planetas varía mucho. Cuando Marte está más cerca de la Tierra, está a más de 54 millones de kilómetros. Esto hace imposible establecer una conexión en vivo entre el conductor y el rover. Los ingenieros de la Tierra no podrán seguir al rover mientras se mueve.

Para comandar el rover, los ingenieros transmitirán pequeñas secuencias de computadora a una nave espacial que orbita constantemente Marte. Este orbitador envía entonces la secuencia al rover. Es un proceso que dura entre cuatro y nueve horas, dependiendo de la distancia actual entre la Tierra y Marte.

Las secuencias contienen comandos binarios que ordenan al rover conducir hacia adelante y hacia atrás, girar, tomar fotografías, ejecutar experimentos, etc.

Las imágenes son clave para los conductores, ya que permiten a los ingenieros reconstruir los alrededores del rover. Esto les permite trazar una nueva ruta para el próximo día marciano.

Para Diego Bussi, este es el aspecto más complicado de la misión:

"Sin duda, la parte más difícil es respetar las limitaciones de tiempo que tenemos aquí en ROCC. Cuando recibamos los datos, comenzará una cuenta atrás, porque tenemos que proporcionar una nueva secuencia de comandos en muy poco tiempo y tenemos que llegar a un consenso entre la comunidad de ingenieros y científicos, que pueden tener diferentes prioridades".

El equipo de ingeniería tiene una especie de póliza de seguro para evitar que el corto tiempo de rotación o la falta de claridad de las imágenes provoquen errores de conducción fatales. El rover estará equipado con una inteligencia artificial que le permitirá detectar y evitar obstáculos difíciles como rocas o tipos de terreno en los que pueda atascarse.

Si todo va según lo previsto, circulará por el Planeta Rojo en abril de 2021.