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Las flores comestibles: una cultura emergente dentro de la Unión Europea

Las flores comestibles: una cultura emergente dentro de la Unión Europea
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¿Qué flores se pueden comer, como conservarlas y utilizarlas? Una tradición immemorial que se está transformando en un sector emergente, aquí en Europa. En nuestra última entrega de Smart Regions, nos adentramos en el mundo de la floricultura y su beneficio en la comida.

En estos invernaderos, en los alrededores de Niza, los investigadores de CREAM están explorando los sabores que cada especie puede otorgar en los alimentos.

Por ejemplo, la flor "agastache aurantiaca" tiene un sabor a menta, regaliz y anís.

Esta investigación es parte del proyecto realizado entre Francia e Italia, que lleva por nombre ANTEA y que es apoyado por la Política de Cohesión de la Unión Europea (UE). Su objetivo es fortalecer el emergente sector de las flores comestibles: un producto extremadamente frágil.

Rosanna Dimita, investigadora del instituto, busca alternativas para alargar la vida de las flores, para convertirlas en un producto mucho más accesibles.

"Bajo el estudio de conservación, investigamos los beneficios de las cámaras frías y la técnica del secado, con secadores solares o eléctricos", explicó Dimita.

El presupuesto del proyecto es de 1.759.682 de euros de los cuales el 85% está financiado por la política de cohesión de la UE para estudiar 40 flores comestibles. Además de la importante inversión, ANTEA cuenta con el apoyo de universidades, centros de investigación y cámaras de comercio en Francia e Italia.

En Albenga, Italia, encontramos a Barbara Ruffoni fue la encargada de lanzar esta investigación hace tres años.

"Las flores siempre han sido un alimento tradicional en las recetas de nuestros abuelos, tanto en Liguria como en el lado francés, y especialmente en los valles. Pero incluso en la época romana, se utilizaban flores comestibles. Al principio teníamos pocos productores asociados al proyecto. Sin embargo, ahora estamos en Italia y Francia con alrededor de 60 y 70 productores", detalla Ruffoni, directora de ANTEA.

En el Centro de Investigación de Albenga (CERSSA) se estudian las begonias y violetas, y la incidencia de las luces LED en su crecimiento, además de los aspectos fitosanitarios.

Asimismo, otro pilar para los investigadores de ANTEA es la retroalimentación de los chefs sobre el uso de las flores y sus derivados en la cocina, lo que ha llevado a chef de alto renombre, crear recetas y sabores únicos con flores comestibles.

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